miércoles, 11 de julio de 2012

OTRO AÑO SIN OSCAR MORO


Una de las ultimas entrevistas a Oscar junto a David Lebón en Mendoza (2004). Hablaron de música, proyectos, historia y de sus ganas de volver a tocar juntos.
Oscar Moro (24 de enero de 1948 – 11 de julio de 2006)

Casi con seguridad que ningún vecino de Dorrego se habrá imaginado que en una casa de esa zona había dos próceres del rock argentino reunidos, conversando, recorriendo una y mil anécdotas y volviendo a tocar temas que son parte de nuestra cultura.
Pero sí, seguramente, algún vecino escuchó esas canciones y no podía dar crédito a eso. “Lo debo de estar imaginando” tiene que haber dicho para sus adentros.
Pero todo fue realidad. El miércoles pasado, Oscar Moro y David Lebón se volvieron a encontrar después de muchos años. Y la historia musical argentina pasó ante sus miradas y sus palabras.
Oscar Moro fue el baterista del primer grupo de rock que pudo imponer un éxito masivo en este país: Los Gatos. Desde ahí recorrió muchos kilómetros con León Gieco, La Máquina de Hacer Pájaros, Riff y otros tantos.
David Lebón también tiene su historia: Polifemo, Pescado Rabioso, Pappo’s Blues y otros tantos.
Pero ambos coincidieron en un grupo que fue algo así como el buque insignia del rock argentino: Serú Girán. Junto a Charly García y Pedro Aznar le dieron el toque que el rock vernáculo necesitaba. Y pasaron a la historia.
Hoy, la realidad de los cuatro integrantes de los “Fab Four de las pampas” es otra. Cada uno embarcado en sus proyectos solistas, con sus historias y sus idas y vueltas.
Pero quiso la vida que Oscar Moro viniera a Mendoza para dar una clínica de batería y un show y se volvió a reunir con su amigo. Fue emocionante y Los Andes fue testigo presencial de este hecho. Además, la charla surgió espontánea y las anécdotas fueron apareciendo por sí solas, buscando abrirse paso y salir al aire para que fueran parte de todos.
Dos hombres con palabra autorizada hablan de todo.

-De a poco, Serú Girán pasó por Mendoza, pero dividido…
Lebón: Por suerte… (risas)
Moro: Tengo muy buenos recuerdos de la última vez que vinimos con Serú a tocar a Mendoza.

-Oscar, te volviste a encontrar con un amigo de siempre.
M: Volver a ver a David fue algo hermoso. Serú fue un grupo impresionante, bárbaro, pero de ahí rescato mucho los valores personales. Con David siempre me llevé de primera y eso no quiere decir que estuviera mal con los otros dos (Charly García y Pedro Aznar). Pero por David tengo mucho aprecio. Apenas llegué a Mendoza hablé con él por teléfono y lo desperté porque ahora duerme la siesta… (risas). Es un mendocino más… Y cuando nos vimos fue algo muy emocionante.

-Son amigos de casi toda la vida.
M: Así es. Cuando lo vi, se me cayeron las lágrimas, porque no soy de plástico. Lo vi parado en la puerta de la casa y no podía creer que nos volviéramos a encontrar después de tanto tiempo.

-Y vos, David, ¿qué recuerdos se te cruzaron por la cabeza cuando viste a Moro bajando del auto?
L: Muchísimos… Te cuento uno, del ’92, del regreso: como a ninguno de los dos nos gusta el avión, para esa gira nos alquilaron una casa rodante. Ibamos los dos ahí y la pasábamos superbien…
M: ¿Te acordás de la tortilla esa que hicimos a las siete de la mañana?
L: Era un momento que disfrutamos mucho. Creo que los dos tipos que mejor se llevaban en Serú Girán éramos nosotros dos porque tenemos el mismo carácter, somos muy bonachones. Los otros dos eran más como la cabeza, pensando en los arreglos, en otras cosas. Nosotros éramos los más simples.

-¿Antes de Serú Girán nunca tocaron juntos?
-L: No, pero sí nos conocíamos porque Moro vivía en la casa de mi hermana. Recién en Serú nos dimos el gusto.

-Pero Moro es parte de la historia de nuestro rock: tocó en Los Gatos y de ahí con todos…
M: Tuve mucha suerte. Los Gatos fueron la plataforma para todo lo que vendría después. Creo que Los Gatos, Almendra, Manal y Vox Dei le dieron forma al rock argentino.

-Hablame de Los Gatos.
M: Fue uno de los primeros grupos que cantó canciones en español y eso ya era toda una arriesgada. Al principio nos fue muy mal… Eramos para todos unos “hippies asquerosos”… Pero después vendimos 250 mil simples de La Balsa. Como siempre pasa, nos cagaron con la guita pero nosotros lo único que buscábamos era despegar. Antes de La Balsa veníamos de dos años de mucha hambre; éramos seis tipos en una habitación que ya no sabíamos qué hacer… Hasta que empezamos a despegar y los que vinieron de atrás aprovecharon ese envión nuestro.

-Cuando parás y ves para atrás en el tiempo, ¿qué sentís?
M: Que hice demasiadas cosas. Tengo 43 álbumes grabados. A los 16 años estaba tocando con Los Gatos y ya en Rosario tenía dos grupos que eran Los Halcones y Los Malditos…
L: Ahí ya te mostraban cómo venían desde Rosario (risas)
M: Desde los 16 años, nunca paré; son 35 años tocando la batería. Recién en estos años vine a aflojar un poco, pero necesito seguir tocando.

-De esos 35 años, ¿que momentos rescatás?
M: La época de Los Gatos, porque cuando nos fue bien fue impresionante. En la épocas de los carnavales llegamos a hacer seis presentaciones por noche. También disfruté mucho de Riff, a pesar de estar sólo ocho meses. Era un grupo demasiado fuerte para mí. Imaginate que venía de tocar con Lerner… Pero estuvo bueno tocar con Pappo. Muchos de los seguidores de la banda me subestimaban pero cuando subía a tocar, les partía la cabeza. Y, lógicamente, Serú Girán marcó mi vida.
L: Lo que pasa es que Moro es un baterista único, no hay otro así. Ha tenido una vida llena de altas y bajas y eso le pasa por ser músico. Pero siempre tocó bien, es una máquina.

-Tal vez eso queda demostrado en los discos de Serú Girán.
M: Parecíamos diez músicos y no cuatro. Era un grupo que tenía muchas similitudes con Los Beatles.
L: Todo el mundo lo decía.
M: Y fue un grupo que tuvo un impasse de 10 años y que ni se notó.
L: Pero Serú era mucho más parecido a Procol Harum, un grupo legendario. Eran un violero rockero, un pianista clásico, un baterista infernal y un bajista virtuoso. El secreto de Serú Girán era que nadie se metía en lo del otro y eso era muy respetuoso.
M: En mi caso, en algunas cosas tenía que tener más cuidado como por ejemplo los temas que hacía Pedro (Aznar). Por ahí te traía unos micrófonos raros y otras cosas porque era muy meticuloso. Y con Charly nunca tuve problemas. Te cuento una historia: una noche estaba durmiendo y Charly me despertó a las cuatro de la mañana. Fue cuando estábamos grabando el disco del año ’92. Me despertó y me llevó al estudio para que grabara la batería de “Muévete al hablar”. Un hinchapelotas el tipo… Menos mal que era lento el tema y no la pifié, pero siempre tenía esas cosas.
L: Vos escuchás ese disco y nunca te podés imaginar que había muchos roces entre nosotros. Por ejemplo, un día llegó Pedro al estudio y Charly le había roto todas las partituras…
M: Otra vez llegó Pedro con una ikebana y la puso en el estudio. Charly miró la planta y le dijo: ”¡Hubieras traído otra cosa!” y se la rompió. Así era la cosa en ese momento.
M: Una relación muy loca pero musicalmente brillante.

-Pero nada de eso sucedió cuando crearon el grupo y los mató la crítica y la gente no los entendió.
L: Después de armar el grupo en Brasil, llegamos a la Argentina y nos comimos una pared. Sonábamos bien pero nadie nos entendía. Creo que estábamos un poco soberbios en ese entonces.
M: Pero también es cierto que la gente estaba acostumbrada a Sui Generis y a eso -para mí- le faltaba mucho para ser rock. Yo le dije a Charly una vez: “Si querés contar historias así, escribí un libro y dejate de joder”.
L: Las letras de Sui eran buenas pero no la música.
M: Pero después llega La Máquina de hacer pájaros y todo cambia.
L: Charly avanzó mucho compositiva y musicalmente. Siempre fue creciendo y explotó con Serú.
M: En la época de la represión yo tocaba con León Gieco y eran épocas muy jodidas. Él me presentó a Charly. Yo lo quiero mucho al Flaco, es muy creativo pero cuando se fuga, no queda nada. ¡Ojo! yo también soy medio desastroso, pero los dos aprendimos a querernos mucho.

-Ustedes tienen toda la autoridad para hablar del rock argentino. ¿cómo lo ven?
M: Es malo, salvo algunos casos, como La Renga, Divididos y muy pocas cosas más. Algunas cositas de Calamaro también son destacables, pero creo que estamos en decadencia. Pero esto es mundial porque ni en Estados Unidos aparecen cosas grossas. La composición está sufriendo una mala temporada.
L: Creo que el rock argentino necesita hoy grupos como fueron Manal, Almendra, Serú Girán y Soda Stereo, grupos que marcaban el rumbo. Creo que el único grupo que puede pintar así es Divididos. Pero todo lo demás está en proceso de elaboración. Puede haber grupos que sean muy buenos, pero aún falta mucho para mostrarse de esa manera. Pero hay algo más: en el rock se metió mucha gente que no sabe nada y están detrás de la plata y no del arte. Al no haber arte, la gente no siente. Cuando van a comprar un disco, prefieren comprar uno viejo, de un grupo conocido que uno por conocer. Cuando salió el disco doble en vivo de los conciertos de 1981 se vendió muchísimo. Obviamente, a la gente le sigue gustando lo bueno. En algún momento, algún grupo tendrá que ocupar ese lugar.

-Pregunta final: ¿no les tienta que Serú Girán vuelva?
M: Vos te tentás… (risas). Ahora en serio, yo sí me tiento. Me encantaría que nos juntemos, pero depende mucho de Charly.
L: Si me llaman voy. Con Pedro estamos hablando mucho este tema y está la idea de grabar un disco en estudio. Charly también lo sabe. De acuerdo a lo que pase con ese disco se verá si hay que estar juntos o no.

Fuente: Rock.com.ar

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