martes, 12 de septiembre de 2017

Ya salió la segunda parte de la biografía de Fernando Samalea

Continuando “Que es un long play”, “Mientras otros duermen” es la versión novelada de un período “adrenalínico” de la vida de Fernando Samalea, entre 1997 y 2010.


Detalla el periodo de los discos de bandoneón que grabó y muchas historias junto a Gustavo Cerati, Charly García, Andrés Calamaro, Joaquín Sabina, Miguel Bosé, A-Tirador Láser, Belmondo, Caetano Veloso, Fabi Cantilo, Daniel Melingo, Calle 13 y Fernando Kabusacki, detallados en sus 570 páginas. Contiene además 32 páginas de papel especial con fotografías y epígrafes.

Hace unos días Fernando tuvo unas palabras sobre su sentir para con “el emperador del universo” como alguna vez lo llamó: "Su altivez me fascina, y a él le queda muy bien: sabe mostrar sus creaciones como quien da vuelta un naipe y es una carta valiosa. ¡Siempre parece estar revelando una verdad universal! Como buen demonio de alta alcurnia, tiene algo de Conde Drácula, no exento de ternura. Al hablar, intercala onomatopeyas, movimientos de manos, levantamientos de cejas y expresiones dignas de un tablado teatral. En su órbita irresistible, sucede algo importantísimo de forma constante."

Charly por su parte escribió un párrafo para la contratapa del libro: "Siempre me sorprendió la musicalidad de Fernando. No piensa como un baterista, no tiene vicios musicales, ni de los demás. Su primer libro me divirtió mucho. ¡Tiene más memoria que yo! Le deseo mucho éxito como escritor. Es el primer escritor baterista que conozco."

Aquí el episodio del nuevo libro “Teléfono. Es Charly García: ‘¿Te gustaría tocar conmigo en la playa hoy?’”

...Un domingo caluroso del verano de 2008, desayunaba en el bar Mania's de Constitución, mirando hacia la avenida Caseros por el ventanal ante medialunas de grasa y cafés con leche, cuando sonó mi celular.

—Fernandito, ¿cómo estás? Soy Charly —dijo con la voz más aguda de lo habitual, la que usaba cuando estaba por pedir un favor.
De inmediato, agregó:
—¿Te gustaría tocar conmigo en San Bernardo?
—Pero, por favor, claro que sí. ¿Cuándo sería?
—¡Guau, man, hoy mismo! Vamos en dúo, vos y yo, ¿entendés? O sea, la rompemos, ¿you know?, ¡somos lo más!
—¡Y somos los más modestos! —agregué.
—Ahora te pasa a buscar mi manager para llevarte en su auto a la Costa. Yo ya salí en una combi, paso por lo de Carlitos Blue's a buscar unas cuerdas y te espero a mitad de camino en la ruta, así seguimos juntos, ¿OK?

Escuché el clic del corte telefónico y no pude emitir respuesta. Pagué la cuenta y caminé las cuatro cuadras hasta el altillo a buscar algo de ropa. Un automóvil marrón esperaba estacionado frente al portal de la calle San José. Su aspecto evidenciaba no cumplir con ninguna de las reglas establecidas, en especial las relacionadas con la seguridad. Quien oficiaba de asistente iba al volante y el manager, como acompañante. Su altivez de "productor" hacía sospechar a simple vista que al compositor de turno solo le diría el diez por ciento de la verdad sobre sus negociaciones. Atrás estaba sentada una rubia, con varios bolsos. La secretaria de la "agencia", según dijeron. Me apreté como pude y el chofer aceleró a toda velocidad en dirección a la Plaza España, para doblar hacia la izquierda hasta la calle Salta, luego por Brasil a la derecha y tomar la autopista en la 9 de Julio. No tardé en corroborar que la imprudencia era su fuerte. Para colmo, los "organizadores" iban tomando cocaína de un frasco, con una cucharita plástica blanca o directamente desde la parte superior de la mano, haciendo un hueco con el pulgar y el índice, a la manera de la sal y limón de un tequila. Constaté que el promedio de ingesta de "chofla" —ese era el apelativo gracioso que usaba Charly— sucedía cada seiscientos o setecientos metros.
Nuestro productor, voluminoso y transpirado, hablaba por celular de manera ininterrumpida. Teléfono en la oreja, exponía hacia el asiento de atrás, sin darse cuenta, su mano blanquecina por la sustancia. Advertir por el espejo retrovisor la forma en que el conductor miraba la carretera, parpadeando nerviosamente y nublando su vista por largos segundos, tampoco generaba demasiada confianza. ¡No podíamos creerlo!

—Charly nos espera en algún lugar de la ruta, ¿no? —dije, como si lo que estaba ocurriendo fuese de lo más rutinario.
—Sí, sí, quedate tranquilo, ya está todo arreglado —contestó el manager secamente.

Mientras tanto, para aportar surrealismo, la rubia hablaba del grupo La Mancha de Rolando. Fuimos surcando el asfalto de la carretera y sus verdes, bajo el sol, leyendo publicidades al paso.
De improviso, una patrulla policial hizo señas para que nos detuviésemos. 
El hecho se asemejó a recibir un baldazo de cemento portland. "Buenas tardes, por favor, bajen todos del automóvil con papeles y documentos", esbozó monocorde uno de los agentes. "Tranquila, no pasa nada", le dije a la secretaria, seguramente no muy convencido. Al lado de la palanca de cambios habían quedado, bien visibles, dos frascos llenos del conocido clorhidrato blanco, que nadie se ocupó de esconder. Calculé que unos treinta gramos estarían a disposición de algún juez de turno, para bajar el martillo y dictar una frondosa condena para todos. Aunque la peor evidencia eran los rostros desencajados de nuestros choferes. Nuestro Bill Graham vernáculo gesticulaba ante los uniformados con aire de superioridad, dándole palmadas al techo del patrullero para agregar énfasis a algunos de sus reproches. Su asistente observaba en silencio, con el mentón hacia abajo, apoyado sobre el capot y de brazos cruzados, con aspecto de asesino serial. No entendí cómo aún no habíamos sido esposados y conducidos a una cárcel de extrema seguridad. Pero, los ángeles protectores fueron fieles una vez más y, a los pocos minutos, nos dejaron seguir. ¡Incluso pidiéndonos disculpas! Bill estrechó su mano con restos de cocaína con el oficial y continuamos por la Ruta 2, hasta alcanzar la parrilla del kilómetro 140 donde transbordaríamos a la combi de García.

—¡Alzaga! ¡La vanguardia es así! —gritó al vernos, ajeno a los acontecimientos.
—No sabés, casi nos meten en cana —le comenté subiendo a la camioneta blanca, dudando si él me había prestado atención.

Multimedia, Charly cargaba blocs de dibujos, cuadernos y libros intervenidos, desparramados entre los asientos vacíos y el piso del vehículo. El desorden era total y un disco de Todd Rundgren sonaba a alto volumen. Se tomó unos cuantos kilómetros para describir cómo iba a ser el concierto y prometer brindar una maravilla artística sin precedentes a sus seguidores. Luego, acompañándose con un teclado portátil pintarrajeado al que le faltaban algunas piezas, cantamos sus canciones a modo de "ensayo", mirando árboles, vacas y caballos a velocidad crucero. 
Luego de entonar la frase "Y cuando estés masturbando a la nena en un hotel de Pinamar", tuvo un exabrupto de autovaloración: "O sea, OK, loco, o sea, soy el mejor, lo demás no existe". Recordó también lo que supuestamente había dicho el terapeuta inglés Ken Lawton sobre él: "Virtudes: memoria excelente y buena persona. Defectos: a veces se olvida el cepillo de dientes".
Al fin llegamos al complejo Zum, sobre la avenida San Bernardo. "Seis cosas hay en la vida: salud, dinero, amor, sexo, droga y rocanrol", gritó el Artista al bajar a la vereda. El boliche se llamaba Club Sol. Una batería Tama negra, con el logo del grupo Aturdidos pintado en el parche delantero del bombo —tal vez como advertencia a lo que vendría—, estaba montada sobre el escenario.
 Chequeamos los instrumentos con el telón cerrado, y poco después comenzó el "show". Una secta de Aliados no paró de alentar: "Borón bombón, Borón bombón, esta es la banda de Say No More".
García salió al ruedo empuñando su guitarra Gibson SG bordó, cubierto con una burka islámica. Para no quedar atrás, me hice un turbante rojo con un largo pañuelo que traía en mi mochila. Arrancamos con "This Time", un tema nunca editado que habíamos grabado en los ochenta con Los Enfermeros, interrumpido por él mismo para dar un breve discurso inconexo en inglés y advertir por el micrófono que "en Irak te decapitarían por pedir una canción"
Proseguimos con "Money" y "Vampiro", incluidos en el “Black Album” de 1992, un CD de circulación privada que habíamos compaginado con Mario Breuer, con demos e inéditos. La joven audiencia, habituada a los espectáculos impredecibles del bicolor, profirió una ovación.


—Bueno, les explico un poco por qué estamos acá... ¡no me acuerdo! —dijo el líder detrás de sus velos negros.
—¡Te queremos ver la cara, Charly! —vociferó una chica.

De forma aleatoria y caótica, sonaron músicas de Kill Gil como "Pastillas", y clásicos como "De mí", pero en tiempo de rock, "Hablando a tu corazón", "No toquen" y "Adela en el carroussel". Desperfectos, roturas de equipos, teclados cayendo al suelo desde mesitas de televisores y epítetos subidos de tono fueron lo corriente a partir de un momento. Su asistente trabajaba al límite de la esclavitud, mientras nuestro Héroe quedó con un slip como único atuendo. Tomando la guitarra o arrojándola a un costado, caminando de una punta a otra del escenario, sentándose ante teclados o lo que quedaba de ellos, amenazó esporádicamente a quienes intentaban fotografiarlo. "¿Por qué no complacer al público?", dijo luego ante un pedido, quizá solo para confundir.
García continuaba mostrando el encanto de lo incorrecto, transgrediendo leyes sociales como ningún otro ciudadano libre. ¡Si hasta los policías o jueces, antes que detenerlo, preferían su autógrafo o una foto con él! "Muchas gracias, las vacaciones siguen", dijo por el micrófono al despedirse.
Luego, le advirtió a su manager, que estaba parado al costado del palco: "Escuchame, yo soy el que da las órdenes acá, y no puede haber contraórdenes. Yo no tengo la culpa de que no hayan estudiado. ¡Ustedes son mis súbditos!".
Cuando volví al camarín, ya no había rastros de él. O mejor dicho, había demasiados: la habitación aparentaba haber sido bombardeada, o al menos invadida por una cuadrilla de vikingos expertos en guerras cuerpo a cuerpo. Decenas de sandwiches de miga, galletitas, botellas y vidrios rotos, incluyendo mis auriculares Sony, cubrían el piso. En una de las paredes se veía claramente, pintado con aerosol, el símbolo Say No More de la S, N y M entrelazadas.
Más tarde, fuentes fidedignas comentaron que el Líder Carismático había salido como una tromba del lugar, vociferando "¡Aunque no tenga razón, tengo razón!", para hacerle autostop al primer automóvil que cruzó por azar y desaparecer con rumbo desconocido.
Regresé a Buenos Aires en un bus de línea, mezclado entre familias y jóvenes de vacaciones, sin noticias del Artista...

Hernán para Cinema Veritè

viernes, 18 de agosto de 2017

Últimas novedades de Charly García. Documental con Fito Páez y participación en el disco de Palito Ortega.


Fito Páez trabaja en un archivo audiovisual que indaga en la obra de Charly García.

Esta semana, Fito Páez comenzó a concretar oficialmente la filmación del documental “La música según García”, basado en charlas en las que Charly García habla de su obra. El proyecto de Páez tiene ya, al menos, cinco años y se venían haciendo registros de ambos hablando sobre la obra del genio. Sin embargo, el encuentro concretado esta semana fue considerado por Fito el verdadero comienzo del film. 
La manifestación de la admiración que Páez siente por Charly García es pública y de prácticamente toda su vida. El rosarino llego a decir: “Si Charly no hubiera estado en el mundo, no habría estado yo”. Recordemos además que en los últimos años Fito viene homenajeando a Charly de varias maneras; editó un disco con una foto de él en la tapa al que llamó “Rock and Roll Revolution”;  organizó un mega homenaje con varias bandas y él mismo tributando su obra en el marco del Movistar Free Music; le dedicó un capítulo de su libro “Diario de viaje” y, además, no hay un recital en que el rosarino no versione algún tema de García.
Por ahora lo concreto es una foto en las redes sociales del autor de “el amor después del amor” junto al genial artista del bigote bicolor, con un mensaje que decía: "Acabamos de empezar la música según García".


Palito Ortega grabó a dúo con Charly García una nueva versión de Popotitos.

Palito Ortega quiere demostrar que su corazón tiene sangre rockera  y hace un par de meses empezó a grabar un disco de rock a manera de homenaje a los que empezaron a cantar Rock and Roll en español, los mexicanos “Teen Tops” con Enrique Guzmán quienes  popularizaron  la versión en castellano de “Bony Maronie” bajo el nombre de Popotitos.
 “Consideró que Guzmán y Los Teen Tops a finales de los 50 y principios de los 60, tuvo una gran influencia en este movimiento, a partir de entonces muchos cantamos rock”, dijo Ortega.  Entre los temas que se incluirá en el material se encuentra “La plaga”, “Popotitos”, cantada a dueto con Charly García; “Buen rock esta noche”, “El rock de la cárcel”, “María”, que escribió Palito Ortega y que también, en su momento, cantó Enrique Guzmán.
Otra canción que se grabó es “Donde suena el rock and roll”, que es un homenaje a Elvis Presley “el gran espejo donde empezamos a mirarnos todos” según sus propias palabras. El disco ya está terminado, su lanzamiento está previsto para finales de septiembre y es editado por Sony, compañía que también tiene contrato con García. La mezcla estuvo a cargo de Nelson Pombal, el mismo que con Charly mezcló “Random” el último disco de García y dijo que el álbum “fue grabado y mezclado siguiendo muchos conceptos de aquellos años dorados.”. Además saldrá en vinilo una edición limitada.


Hernán para Cinema Verité

lunes, 14 de agosto de 2017

Función especial de "Existir sin vos, una noche con Charly García" en la sala de Fitz Roy

El documental que nos muestra como en una noche de verano de 1994 Charly García crea una canción en la sala de Fitz Roy que le perteneció por más de una década, será proyectado en el mismo lugar que se filmó.


La sala de Ensayo de Charly en Fitz Roy 1245

En 1993, con el dinero ganado en la reunión de Seru Giran, Charly compró la casona de Palermo viejo, ubicada en la calle Fitz Roy al 1245. El lugar que había pertenecido a un conocido suyo llamado Basbus se convirtió por mucho tiempo en su bunker creativo y ofició al mismo tiempo de casa, sala de ensayo, estudio de grabación y oficina.
Durante ese tiempo se accedía por una puerta de hierro y vidrio a una sala de estar con un retrato de Miles Davis. Los dos ambientes del frente eran oficinas: la más chica estaba ocupada por Laura y Cecilia, secretarias de García, y la que daba a la calle, bastante amplia, era el despacho de Charly, allí hacía los reportajes, reuniones con sus músicos y demáses.
Una vez que se transitaban dichas oficinas, se llegaba  a un pasillo cuadrado con tres salidas: una daba a la cocina que se usaba como bar; otra al baño y la que pasa a la sala. La sala era un lugar muy espacioso con paredes de ladrillos a la vista del tamaño de una pista de patinaje estándar.
En el fondo había, y aún hay, una pileta de natación. Frente a ella había una casa adicional de dos plantas con cocina, living, baño y dos habitaciones, una en la planta baja y otra en la alta. En ella durante unos tres años vivió “La Bruja” Suárez, el armoniquista  per ese entonces amigo de Charly que poco después de irse, le inicio una demanda civil por “trabajo de casero” de alrededor de quince mil dólares a García. Según cuenta Fernando Samalea en su libro "Que es un Long Play", “la energía del lugar era encantadora y allí Charly mantenía un excelente humor y lográbamos muy buenos ensayos, a veces a pura charla y recuerdos".
Anecdóticamente en el verano del 99, mientras Charly seguía con su música y sus polémicas por la costa bonaerense, la sala fue usurpada. Según contaron algunos vecinos durante poco más de un mes estuvo ocupada por tres familias y podía verse la puerta con los vidrios rotos y cerrada con una cadena con candado. El desalojo fue rápido e incluyó a un Charly vestido de bombero, y así pudo preparar el recordado recital más convocante de su historia en Puerto Madero y gestar el regreso de Sui Generis en su sala. Finalmente, ya en la segunda parte de la década del 2000, y con el lugar prácticamente en estado de abandono total, García decide deshacerse de la histórica locación apremiado por algunos problemas económicos.
Así fue que en el 2006, el artista plástico Omar Lotito le compró la casa y la usó algunos años como atelier. En el 2010 el artista falleció tempranamente y, tras unos años -en el 2016- sus familiares decidieron remodelar y transformar la casa en “El Taller de Omar”, un espacio artístico para rememorar su obra y realizar diversas exposiciones y actividades culturales. Ademas, durante el traspaso a su último dueño algunos objetos pertenecientes al  “universo say no more” quedaron en la casa y sobrevivieron hasta hoy y son allí exhibidos.

El Film
Una noche de verano de 1994, mientras preparaba su disco La hija de la lágrima, Charly García invitó al director Alejandro Chomski a filmar una larga sesión en su estudio de Fitz Roy. Entre anécdotas, improvisaciones musicales y chapuzones en la pileta, el realizador atrapó la intimidad del mítico artista y de sus colaboradores de entonces: Fernando Samalea, Fabián Von Quintiero, María Gabriela Epumer y el ex Manal Alejandro Medina. La película no sólo expone el particular e intenso proceso creativo de Charly (capaz de escribir una letra en el momento y pasar horas creando sobre una base rítmica hasta completar y grabar un tema en cinta) sino que también transmite una fuerte sensación melancólica, sobre todo cuando el protagonista le recita a Epumer (quien fallecería en 2003) los versos de Existir sin vos una canción que quedo inédita.
La cita será este miércoles 16 de agosto a las 19 hs en Fitz Roy 1245 y la entrada es libre y gratuita. Después de la proyección, Chomski y el productor de la película dialogarán con el público y se podrán recorrer los espacios de la casa.


Hernán para Cinema Verité

domingo, 13 de agosto de 2017

Charly García visito la muestra “Los Ángeles de Charly”. “Refleja parte de mi locura”.


El viernes a la noche, la muestra fotográfica Los Ángeles de Charly (Palais de Glace), cuando hacia quince minutos se había cerrado al público, recibió al señor Charly García. Hacia las 20:15, acompañado en auto por su amigo incondicional Fabián "Zorrito" Quintiero, y con su novia Mecha Iñigo llegó allí donde lo esperaban las fotógrafas-anfitrionas Andy Cherniavsky, Nora Lezano e Hilda Lizarazu. Su primera declaración fue "Esto es un bálsamo para el ego". Durante una hora observó, recordó y charló con sus fotógrafas favoritas y el curador de la muestra, Elio Kapszuk. Una vez en la sala roja, Charly se sentó sobre un parlante y organizó una improvisada sesión de fotos. Antes declaró “Es como una bola de espejos con una luz que pega, rebota  y se mueve. Y cada rayo que rebota, si yo fuera la bola de espejos reflejaría una parte de mi locura”. Después de allí hubo cena en “Bruni”, restaurante del Zorro que culmino con un helado en la heladería “La Gruta” ante la sorpresa de sus dueños.
“Los Ángeles de Charly” se convertirá en una muestra itinerante que recorrerá distintos puntos del país. Su primer destino sería Mendoza a partir del 25 de agosto en centro cultural Le Parc a confirmar.



Hernán para Cinema Verité.

lunes, 7 de agosto de 2017

El Otro festival del amor. Música del Alma en Rosario.

La historia oficial de rock vernáculo nos cuenta que el 11 de noviembre de 1977 en el Luna Park se realizó el mítico Festival del Amor.  En él, Charly despidió a La Máquina de Hacer Pájaros y reunió al mismo tiempo a Sui Generis y a PorSuiGieco además de tocar con varios amigos y germinar lo que terminaría siendo Seru Giran.  Lo que nunca se cuenta es que,  a los pocos días, el evento se replicó en la ciudad cuna del rock argentino, la que siempre estuvo cerca, Rosario.


Era el domingo  20 de noviembre de 1977 y el Sportivo América reventaba, no tenemos certeza de cuál fue la concurrencia pero la capacidad del lugar era de unas 2500 almas. El comienzo a eso de las nueve de la noche, igual que en el disco que salió tres años después,  fue con “Música del alma”, Charly con David Lebón,  José Luis Fernández y Gonzalo Farruggia que siguieron con “Dos edificios dorados” y “Hombre de mala sangre”. Después se sucedieron múltiples músicos con distintas formaciones, destacándose “Crusis” (con todos sus integrantes) y con García siempre presente en escena.  Algunos  momentos memorables fueron  “Rock del ascensor”  con los Hermanos Makaroff; "Mañana campestre" con Gustavo Santaolalla, y "Volver a los 17" de Violeta Parra cantado por Charly, María Rosa Yorio, Santaolalla y Mónica Campins (mujer de Santaolalla y cantante de Soluna por ese entonces) que fue mucho mejor recibido por el público santafecino que por el porteño, que totalmente ajeno a lo folclórico no paro de abuchearlo en el Luna Park.
Después llegó el momento de las bandas “García” y se  fueron sucediendo Porsuigieco, La máquina de hacer pájaros (siendo la última vez que tocaron juntos)  y por último Sui Generis.
Pero, a pesar del ambiente de fiesta, el clima en el estadio conforme pasaba el tiempo se iba poniendo pesado; no por la gente que estaba a full, sino por la coyuntura de la época,  mucha policía y militares por la zona. Eran tiempos violentos. 
Cuando empezó el set de La Máquina de hacer pájaros, en “Obertura 777” la policía se llevó a un chico que se puso a bailar aparentemente borracho al lado de una columna de sonido.
Así fue que Charly cerró diciendo “nos tenemos que ir porque así pide la policía” y largaron al palo "Suéltate rock and roll" que no había sonado en el Luna Park y ese fue el fin del segundo y ¿último? Festival del amor.  En si el recital duró alrededor de cinco horas terminando cerca de las dos de la madrugada.

Hernán para Cinema Verité
Agradezco al testimonio de Enzo Dimónaco.

martes, 1 de agosto de 2017

Charly García recordó sentidamente a Mapu en el día en que cumpliría años.


María Gabriela Epumer acompañó a Charly García sobre el escenario durante una década, arrancando en plena transición del artista hacia su etapa “Say No More” durante la grabación de “La hija de la Lágrima”. En medio de ese caos creativo y generalizado ella se convirtió en un sostén del músico, desde lo emocional y desde lo artístico.

Pero el 30 de junio de 2003, la también guitarrista de Viuda e Hijas de Roque Enrroll perdió la vida repentinamente, tras sufrir un paro cardiorrespiratorio derivado de una miocarditis mal diagnosticada. Tenía apenas 39 años y una carrera solista en ascenso. En el día en que cumpliría 54 años, García recurrió a su cuenta de Facebook “Charly Garcia Parte De La Religión” para recordarla con un sentido mensaje, en el que deja en claro que su más reciente trabajo discográfico está dedicado a ella (también en el disco nos dice que esta dedicado a el Negro García López). 

"Pienso mucho en vos, María Gabriela. Todavía en los shows me doy vuelta para buscar tu mirada cómplice. Ojalá tengan tocadiscos en el cielo. Random es mi humilde homenaje a la mejor guitarrista que existió", escribió  y acompaño con un par de fotos en las que estaban juntos.

Hernán para Cinema Veritè

martes, 11 de julio de 2017

Entrevista a Charly García: Mi motivo de vida es la música.


Durante la entrevista que Charly García le dio al Bebe Contepomi el músico hablo un poco de todo y aquí lo dejamos en palabra escrita.

-¿De dónde salieron las canciones de Random?
-Mirá, en este mismo recinto, acá en el Faena, estaba en uno de los mejores cuartos y de repente me tropecé y me caí y se me rompió la cadera, así que estuve más o menos un año y tres meses así.

-Con la cadera rota pero operada…
-Tenía que operarme mi cadera y puse voluntad.

-Y dijiste, “se recupera sola”.
-Y en realidad fue así, no creo mucho en los médicos y eso. Uno me dijo se recupera en un mes, se recupera en dos, en tres.

-¿Y aprovechaste para componer?
-Y empecé a hacer como historietas, yo soy fanático de Stanley Kubrick. Gran cineasta. Me empezaron a venir cuentos, películas, “2001 odisea del espacio”, “Lolita” y estaba en la cama así que no me podía levantar.

-Podías solo boludear, es decir solo estar ahí…
- El boludeo se lo dejo al público.

- Es un disco muy luminoso, con canciones como hace tiempo no hacías, buenas letras, estribillos, ordenados, ¿Eso de dónde salió?
-Me salió de acá, (tocándose el pecho).

-Del corazón. Es luminoso, optimista, ¡Sos la máquina de ser feliz!
-Bueno la máquina de ser feliz podríamos decir que es el centro. No hay una máquina de ser feliz. Según lo que puedo percibir de la gente la máquina de ser feliz es Dios y por supuesto que Dios no existe. Me parece que es un cuento, como “Caperucita Roja” o una persona linda, es una fábula. Son fabulas y últimamente me di cuenta de que hay muchas divisiones de esas fábulas, unos son cristianos, otros judíos, Musulmanes, dueños de canales de televisión (Risas). Digamos, este mito de que Dios es bueno y que ayuda a la gente. Hay una canción en el disco que se llama “Los amigos de Dios”, imaginate, ¿Los vez a esos?

-No sé ¿quiénes son?
-Los amigos de Dios son los que salen después de las doce.

-¿Y vuelven cuándo?
- Vuelven, si sos boludo, vuelven.

-Sos un tipo con mucha información, entendés al ser humano, entendés el sentir, lo que pasa y seguís tirando información. A Random lo puede escuchar un chico de 17 años y le estás hablando a él y a uno de 40 le estás hablando a él.
-Generalmente un chico de 17 años, entiende más que uno de 40. Realmente pasa así, le gusto a los chicos y a la gente grande también. Y por eso Random tiene un gran truco, lo pones y no elegís vos las canciones, “están” en el disco.

-¿Vos elegiste la manera en que se escucha el disco, o el disco se eligió a sí mismo?
-A sí mismo, Random quiere decir aleatorio, entonces vos querés escuchar una canción y sale otra.

-Siempre estas tirando ideas, tenés que presentar las cosas de manera distinta.
-Eso decía Dylan, el premio Nobel.

-Charly, no sé si coincidís peo el video de Lluvia es uno de tus mejores videos.
-No tengo muchos videos, tengo “Estoy verde”, “Fanky”, que me robaron, ¡Hola Bruno Mars! ¡Mal te va a ir!

-¿Te afano Fanky? Muchos dicen que no.
-¿Muchos dicen que no? Son sordos. ¡No vengas Bruno Mars!

-Ahora viene a la Argentina, a cantar, llenó un estadio en pocas horas.
-¡Cantar!, ese no puede cantar. Mira, la ropa es mía, las chicas que aparecen son mías, la parte del bajo es mía, va; de Lupano, el Zorrito puso algo y bailó. Pero no es algo, como te diría, que me siento orgulloso. Me podría pagar…

-¿Vas a salir a tocar en teatros, por la Argentina, por Buenos Aires?
-Sí, voy a salir a tocarlo, por supuesto ¿Viste lo que pasó con el Indio Solari? fue un desastre y pensé porque pasan esas cosas, y pensé ¿por qué los supuestos artistas o rockeros hacen todo por la plata? se suponía el rock no era así.

-¿Y hoy es así, te parece que se hace todo por la plata?
-No hay una mierda. Si, se hace. Menos yo, ese día por lo menos (NdR: en referencia a su presentación en el Caras y Caretas) dije “¿y por qué tengo que tocar por la plata?” ¿por qué no tocar por la música? Mi motivo de vida es la música.

-¿Cómo estas de salud?
-Ahí está el presidente de mi compañía grabadora, ¡estoy súper! (Señalando y mirando a Damian Amato que lo había acompañado), estoy muy bien gracias a Dios, estoy bien de salud.

-La cadera es lo único molesto.
-Si, estoy bien ¿que se puede decir?

-¿Sos un ser humano feliz?
-Mmm, mas que muchos, mas que muchos… Chau loco.

Por: Carlos Contepomi
Transcripción: Hernán para Cinema Veritè