domingo, 19 de octubre de 2014

CHARLY GARCÍA, PARTE DEL MAR, REY DE UN OCEANO.



Mientras lo miran las nuevas olas


El 23 de octubre Charly García cumple 63 años. Seis décadas de una parábola artística tan genial como furiosa: autor de una obra fundamental y cultor de una figura pública que pareció acompañar el derrotero particular de la Argentina de fin de siglo (de las utopías al fin de las utopías, y del deshielo democrático a la pendiente intoxicada de un país integrado al mercado mundial de símbolos y consumos culturales), Charly hizo de todo, se consagró como mesías del rock nacional, y como tal, alcanzó la pasión, la muerte y la resurrección. Convertido en leyenda viva, le preguntamos a varios músicos jóvenes por su legado. ¿Qué ven las nuevas generaciones cuando miran a Charly García?

“Charly es la primera estrella que quiso ser cometa”(Luis Alberto Spinetta)

El 23 de octubre Charly García va a cumplir 63 años. Pero hoy, Carlos Alberto García Moreno ya no es Charly García. Para las nuevas olas, él es solo su obra, la música. Ya no importa su personaje histriónico, escandaloso, mediático, porque su talento musical y la gran cantidad de composiciones que ha esparcido durante estos años lo rebalsan, lo exceden. Su vida íntima ya no resulta atractiva: se admira su obra, con lo bueno y lo malo, con las miserias y los brillos. Ya pasaron los años 90 cuando se ocuparon de señalarlo, de observar qué hacía y dejaba de hacer con su cuerpo. Hoy Charly García está al borde de ser un mito en vida, una estatua de bronce que camina por la calle.

¿Qué ven las nuevas generaciones cuando miran a Charly García? 
Sergio Marchi, autor de No digas nada, una vida de Charly García, afirma: “Cuando yo nazco en el rock argentino, en 1977, él ya era un mito”. Sin embargo, ese que vio Marchi no es que el que vieron los adolescentes del 90 y de los primeros años del 2000. Según el periodista, ellos vieron a Say No More “que es la versión alucinada de García sobre sí mismo”. Ok, alucinada, pero igual posicionada en un pedestal.
¿Existe un momento específico en el cual Say No More conquistó los corazones de los jóvenes?
Para Joaquín Vitola, cantante del grupo Indios, el día que García se tiró a la pileta desde un noveno piso fue un hito, fue la confirmación de que ese tipo era una leyenda. El viernes 3 de marzo de 2000,
Say No More estaba muy aburrido en su Mendoza fatal, entonces dijo: “¿Qué me falta ahora? ¡Sólo aprender a volar!” y se tiró (¡Mirá pendejo se tiró por vos!). “Cuando saltó desde el 9º piso y salió con vida, nadando, en esa pileta de dos metros, todos dijimos ‘Si no se murió ahí, ya no se muere más’.
¿Cómo puede seguir vivo ese cuerpo?
 Es algo para analizar. El tipo, por esas cosas es más que una leyenda”, opina Vitola.
Pero los días de Say No More vieron su fin y alcanzaron su redención, nuevamente, en la Mendoza fatal. En junio de 2008 una nueva etapa de García aparecería para quienes recién arribaban al rock nacional, para quienes nacieron con el Pacto de Olivos y empezaron a hacer pogo con la 125. Ese año fue internado en un hospital de Mendoza y luego trasladado a Buenos Aires, donde inició un tratamiento de rehabilitación. Después de un año y dos meses de haber sido internado… reapareció.
La cantante Rosario Ortega, que ha compartido canciones y escenarios en el último tiempo con García, considera que los recién llegados al rock ven “un clásico, una marca registrada, un pilar de la música nacional”
Esa leyenda con marca registrada, ya despojada de toda “alucinación”, comenzó una prolija reinterpretación de su propia obra. Los discos que aparecieron con versiones de su repertorio luego de 2008 (El concierto subacuático en 2009 y 60×60 en 2012) mostraron la nueva etapa que le tocaría apreciar a la generación del Bicentenario. Una etapa en la que ya no importaría si García rompía todo, si estaba flaco o gordo, si se tiraba o no por vos. Volvamos con Ortega: “Lo que importa de Charly está en la obra, en cuando toca ‘Desarma y Sangra’ y se te eriza la piel. Lo demás que haga sirve para volver todo más excéntrico, pero Charly es su obra”.
 Lo que pesa es su música: más de 40 discos. “Ves todo lo que hizo y, en algún punto, lo tenés que tener como norte porque es un chabón que lo motorizó la música y sonar, todo el tiempo se ocupó de sonar”, reflexiona el cantante de Indios. “Ves que el loco está bien, acá entre nosotros, tocando todo su repertorio. ¿Qué más querés? ¿Qué más le querés exigir?”, se pregunta Facundo Iñigo, vocalista y guitarrista de Pilotos.
Marchi recuerda cuando García dijo: “Todavía no me morí y ya me quieren hacer una estatua de bronce”. El sentimiento de García se materializó: el 5 de febrero de 2013 una estatua de bronce con su figura y la de Nito Mestre quedó instalada en Mar del Plata. Iñigo dice que “en este país te tenes que morir para que te reconozcan algo”, pero pareciera que García se salvó de la norma. María Ezquiaga, cantante de Rosal, gran conocedora y admiradora de la obra de García (tanto le gusta que con grabador portátil grabó su propia versión de “Adela en el carrusel” apenas salió Parte de la religión), dice que “los homenajes son re importantes, porque en ellos los músicos reconocen que vienen de músicas anteriores y porque ese pasado nos une”.
Lo extensa y diversa que resulta la obra de García permite que las generaciones se mezclen y se unan. Quizás él como sujeto no logre eso, pero su música permite que en un mismo escenario se encuentren artistas y bandas como Fito Páez y Pilotos: dos generaciones diferentes unidas, quizás, por el ángel vigía que descubre al ladrón o, quizás, por querer estar cerca de la revolución.

Este es el aguante, considéralo
Hoy, los jóvenes aliados se han convertido en la resistencia say no more, encargada de luchar contra los que prefieren las figuras importadas, de militar la música popular argentina y de resistir a las largas colas para comprar costosas entradas a festivales extranjeros (materializados en elegantes hipódromos). Luchan, como la chica que se robó al mundo, contra los que no se imaginan nada, contra los que se siguen llamando chabones, contra los que creen que todo tiempo pasado fue mejor y contra los que buscan detener el poder del idealismo.
Los aliados tienen que enfrentarse a la polémica dicotomía de “el Charly de antes” y “el Charly de ahora”. La binariedad nunca fue muy útil: si no funcionó la Teoría de los Dos Demonios, menos la de los dos García. “Charly sigue igual porque lo escuchás hablar ahora y dice unas cosas tan lúcidas y con un humor crítico tremendo, manteniendo una coherencia con las ideas que pensó siempre”, afirma Tomás Vilche, director de Mandarinas Records, guitarrista y cantante de Los Bluyines y La Patrulla Espacial.Al momento de hablar “del antes” y “del ahora”, María Ezquiaga dice que “hay que tener presente la frase “las comparaciones son odiosas”, y además reflexiona: “A veces se lo pone en un lugar donde se prioriza la idea de que es un genio, como si por ser eso no hubiese tenido un problema con las drogas. Eso me parece nocivo para él y para todos ¿Cuánto tiempo se puede aguantar tanta autodestrucción?”.
“Charly está igual porque sigue siendo una persona que no para de crear, por ejemplo, ahora está en su casa con miles de iPads haciendo música todo el tiempo”, cuenta Rosario Ortega. ¿Es posible que la gente cambie? Para Iñigo no: “La gente no cambia, cambian los hábitos”. Ok, ¿Es posible que García cambie? Mientras no destruya sus ganas de crear y la obra ya creada no es posible que cambie. Ni si quiera Say No More pudo destruirla al “copiarse a sí mismo” (como ciertos periodistas “gorditos” creyeron), porque solo alteró y hasta, en cierto punto, liberó la obra de García: en Say No More Charly hizo, deshizo, mezcló, armó y desarmó como quiso, pero nunca destruyó nada.
Los aliados deben resistir a la “muerte” que algunos quieren sentenciarle a García, como hizo cierto sector del rock chabón en los 90. Pero el aliado ya está preparado para la acérrima defensa: ha aguantado de todo, hasta los “manoseos” mediáticos que hicieron con Say No More durante el menemismo. “En los 90 se lo tomó a Charly para decir ‘miren eso le va a pasar a los rockeros’, lo usaron para estigmatizar a un tipo de gente. ¡Como a Maradona cuando lo sacaron de la cancha de la mano para hacerle el antidoping!”, afirma Vilche.Charly García, al igual que Maradona, es alguien que despierta pasiones: amor y odio.
El aliado se enojó con García cuando la autodestrucción de su cuerpo ya era casi total. Porque lo amaba no lo podía ver así y por verlo así lo odió. Le dijo: “Charly: te amo, te odio, dame más.” Pero para que García diera más tuvieron que perdonarlo. Por suerte el corazón es blando, el corazón perdona.
Las nuevas generaciones tuvieron que perdonar su caos, sus guitarras rotas y sus movimientos aletargados que permitieron el “dame más”. Con respecto al perdón Vitola dice: “Se presenta un dilema en el que a Charly lo perdonamos todo o le decimos ‘che, pará, te ponemos límites y nos limitamos nosotros a escuchar una parte de tu música’. Ni ahí, te banco en todas, escucho toda tu obra y venite con todas tus mierdas y toda tu belleza”.Es larga la carretera cuando uno mira atrás y aunque esa carretera esté llena de “mi capricho es ley” y de excesos, también está llena de música maravillosa que ha logrado que las nuevas generaciones la escuchen dejando de lado la superficialidad de su vida privada/pública. Los aliados de hoy lo escuchan para luego querer abrazarse y fundirse en su música cuando están mal, cuando están solos, cuando ya están casados de llorar.
¿Cuántas veces tendré que morir para ser siempre yo?
Bailen las viudas, vuelen los velos al infinito, caigan las balas sanas aquí que las otras se harán grito porque García cada vez que muera seguirá siendo siempre él. No importa en qué envase venga después de cada muerte, si es gordito o raquítico, porque García supo crear, como ningún otro artista, una obra única, que ya hoy lo hace trascender por siempre. Su producción es tan extensa y prolífica que pueda ser actual en todo momento y que, incluso, sirve para ser el espejo de este país porque a través de ella contó la Argentina como nadie. Hoy las nuevas olas lo miran y toman sus canciones para comprender cómo se construyó parte del rock del país junto con sus procesos políticos y sociales en los cuales el trabalenguas traba lenguas y el asesino te asesina.
Para las nuevas generaciones, say no more es parte de su religión.

Por: Imanol Subiela Salvo
Para: Ni a palos

Adelanto proximo disco de Charly:


La foto y el video son del lunes 13 a la madrugada en una fiesta privada.

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