lunes, 5 de marzo de 2012

CHARLY GARCÍA: "NO ME REHABILITÉ PARA SER UN TIPO NORMAL"

El músico tocará el 16 en Metropolitano. La banda que lo acompañará está integrada por Carlos García López (guitarra), Carlos González (bajo), Kiuge Hayashida (guitarras), Fernando Samalea (bandoneón, vibrafón, percusión electrónica y gong), Toño Silva Peña (batería), Fabián von Quintiero (teclados electrónicos)Antes habló de todo con Escenario.



El dice que esencialmente es el mismo tipo. Pero, claro, parece otro. Uno distinto a aquel que se arrojaba de un séptimo piso de hotel a la piscina y también diferente a ese ropero vestido e inerte, fluctuante entre la condición de humano y planta. Hoy Charly García está en un lugar distinto a esos dos resbaladizos bordes que fueron cima y pendiente al mismo tiempo. Hoy, en tiempos post-adicciones y casi post-rehabilitación, Charly tiene clara varias cosas, entre ellas de que “la clínica es un lugar donde te curan de algunas cosas y te enferman de otras”.
Decía: hoy Charly puede empezar a ver claro y está inundado de sentimientos de felicidad. En el momento de hablar con Escenario se encuentra en el estudio de grabación mezclando lo que será “60 X 60”, una caja de tres CDs y tres DVDs con lo mejor de sus últimos conciertos en el teatro Gran Rex de Buenos Aires. Además de contar cómo será el recital que dará junto a su nutrida banda el próximo viernes 16 en el Salón Metropolitano, Charly habló claro como nunca antes: de su doloroso período de rehabilitación de las adicciones a la cocaína y el alcohol, de su música, los discos, los nuevos desafíos y proyectos, y del dolor que sintió por la muerte de Luis Alberto Spinetta.

—Se te vio mejor en Cosquín, más ágil?
—Sí, la verdad que todo lo que hice para recuperarme está dando sus frutos y realmente estoy tocando a un buen nivel... para mí, creo que cada vez estoy tocando y cantando mejor. Eso me alegra mucho, además me hace sentir un poco orgulloso de haber pasado por todo esto y haber salido, además de vivo, entero.

—¿Tenés elegido el repertorio que vas a traer a Rosario?
—En el teatro Gran Rex hicimos sesenta canciones y sabemos más o menos setenta. El repertorio todavía lo estoy armando porque es difícil dejar canciones afuera pero, obviamente, no puedo estar tocando seis horas. Así que todavía no sé, pero va a ser lo mejor de “60 X 60”.

—”60 X 60” es el nombre de la caja de discos grabados en vivo en aquel recital del Gran Rex. ¿Te gusta cómo quedó el álbum?
—Me encanta. Estamos muy avanzados. El director del video está trabajando y yo aquí con Pichón, que es el ingeniero, estamos muy adelantados porque realmente la grabación salió muy buena y entonces se hace más sencillo mezclar. Estoy muy entusiasmado con esto y de alguna manera son como ensayos para mí porque de tanto escuchar las mismas cosas se te impregnan...

—En tu trayectoria tenés varios discos en vivo, ¿en qué nivel ponés a “60 por 60”?
—Este es el más completo. Realmente, con el aditamento de la sesión de cuerdas y el bandoneón tiró al sonido más para el lado clásico y tanguero. Eso es algo que ya se intuía en mi música pero aquí se hizo más evidente. Fue como hacer algo nuevo y quedó muy lindo.

—¿Esto quiere decir que el desafío hoy para vos pasa más por las reversiones y arreglos nuevos que por componer canciones?
—Sí, porque siempre cuando uno termina un disco no es que lo termina sino que lo abandona, y con esta nueva formación instrumental se amplían mucho las posibilidades armónica y melódicas... ya la base rítmica es una roca. Es muy lindo escuchar una guitarra Marshall de alguna manera compitiendo con un violín, un cello y una viola. Creo que es una versión mucho más orquestada de mi música, que un poco tiene que ver con los últimos trabajos de Peter Gabriel. Es transformar el rock and roll clásico en una música más ecléctica y más amplia, menos cuadrada.

—En síntesis, cuando existe una obra propia amplia y valiosa tenés el pleno derecho de hacer lo que quieras con ella...
—Sí, pero aparte de eso, que es cierto, lo bueno en este caso es revisitar todo pero crearlo de nuevo, darle otro significado. Estoy muy copado con este trabajo y me insume todas mis energías . Es como si fueran otros temas pero sin perder la raiz.

—¿Ya no te importa mucho componer nuevas canciones?
—Tengo varios proyectos. Uno es más comercial, en la línea de lo que vengo haciendo, y otro es totalmente anti-comercial. Pero no lo tengo muy preciso aún, primero tengo que terminar esta caja de discos para que sea como un legado, un “bueno, ya está”.

—Por estos nuevos proyectos que tenés, ¿vas a arrancar con una productora propia? ¿También vas a grabar a otros músicos?
—(risas) Ya tengo bastante conmigo como para meterme con otros... Realmente, cuando uno tiene algunas ideas nuevas y que no concuerdan con las necesidades del mercado entonces llega un momento en que tenés que probar con un camino propio. Necesitás aire fresco e independencia absoluta.

—¿Qué esperás del 2012?
—Lo mejor. Va a haber muchas giras, en abril vamos a tocar en Nueva York y Miami, después seguramente en Europa. Todo esto tiene que ver con salir a mostrar “60 por 60”, que quizá sean las versiones definitivas de mis canciones. Creo que va a ser un gran año.

—¿Cuál es el disco del cual te sentís más orgulloso de haber grabado?
—A vuelo de pájaro te puedo decir: “Vida”, por ser el primero; “Clics modernos”, por ser el mejor grabado, y “La hija de la lágrima”, por su concepto.

—Hoy se habla bastante de un Charly “normal”. ¿Qué significa?
—No existe un Charly normal, no es una palabra que tenga que ver conmigo. Si bien yo estuve mal, es decir no sé bien que mal estuve, lo cierto es que no me rehabilité para ser un tipo normal. Quiero tener experiencias nuevas pero no existe Charly si no es como siempre fue esencialmente Charly. La esencia sigue siendo la misma.

—En esta larga y dolorosa rehabilitación, ¿en qué etapa te encontrás hoy?
—En una etapa en la que estoy pudiendo hacer las cosas a full, que puedo tocar y cantar, que tengo ilusiones para el futuro. Estoy muy bien, en realidad. Saqué lo malo de ambos mundos, porque también la clínica es un lugar donde te curan de algunas cosas y te enferman de otras. Así que yo, por suerte, creo que salí intacto. Lo que pasó lo puedo tomar como enseñanza, sueños y pesadillas, hubo un poco de todo, pero nunca fui, digamos, miedoso para enfrentar el peligro o lo desconocido.

—Pero sin furia, ¿no? Quiero decir, la furia quedó atrás.
—De repente me agarra la loca y rompo una guitarra, pero en general puedo aplicar las ideas de una forma más clara, focalizada y calma. Pero ahora puedo ver que esa furia era también porque me sentía incomprendido, no por el público sino por un entorno más reducido, aquellas personas que están más cerca de uno, aunque sé también que uno se enfurece con una persona y la paga el público. Ahora estoy con gente que realmente me entiende y todo está en armonía y eso es casi la felicidad.

—Convengamos también que tu público siempre se destacó por la paciencia y la fidelidad. A veces fue demasiado paciente, ¿no?
—Sí, la verdad que sí. Pero también es cierto que eso pasó porque hay un cariño mutuo, una base sólida. Son años. Creo que el público fanático, el say no more, como yo les digo, estuvo en medio de la tormenta conmigo, pero ellos también sabían que se trataba de una tormenta pasajera, que iba a haber luz al final del túnel, por decirlo de alguna manera.

—Y vos, que nunca fuiste muy paciente, ¿qué aprendiste de la paciencia que tuviste que tener en estos últimos años para poder rehabilitarte de las adicciones?
—Es verdad eso, aprendí mucho en estos años, pero lo que pasa es que cada vez nos queda menos tiempo en la Tierra. Todavía no tengo paciencia para algunas cosas, pero en vez de enfurecerme las dejo de lado y sigo mi camino.

—¿Qué te gustaría decirles a las nuevas generaciones?
—Que aunque parezca que no, la música sigue existiendo y es el centro de un universo que a veces, como pasa últimamente, está un poco tapado por máquinas, industrias, televisión. Lo cierto es que el alma que yo tengo para comunicarme con el universo sigue siendo la música y lo demás son pura pamplinas.

Por: José Luis Cavazza
Fuente: La Capital

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