sábado, 10 de noviembre de 2012

PREMIOS GARDEL: EL TRIBUTO A LUIS ALBERTO SPINETTA, CHARLY GARCÍA, FITO PÁEZ, LEÓN GIECO Y DAVID LEBÓN

La sonrisa de Carlitos y las voces de los cuatro gigantes.
 Charly García, Fito Páez, David Lebon y el mismo León fueron las presencias estelares para enhebrar varias perlas del músico de Bajo Belgrano. Fue un apropiado regreso a las ceremonias públicas para el premio con la cabeza de Gardel.




La entrega de los premios Gardel a la música transcurría dinámica, normal, amena, cuando Soledad y el Bahiano reciben una orden confusa: “Va el homenaje”. Automáticamente, el telón se abre mientras alguien, desesperado y a los gritos, intenta cerrarlo desde adentro. Fueron cinco segundos tensos y tirantes, hasta que la enorme tela negra cede hacia dentro y los presentadores calman todo con una sonrisa. Y anuncian dos premios más: Tangos de Discépolo, de Liliana Felipe, en el rubro Mejor álbum cantante femenina de tango, y Vos y yo, de la dupla Susana Rinaldi-Leopoldo Federico, en el rubro Mejor álbum orquesta de tango e instrumental. El speech de la cantante viene bien. Cuida y permite que se ajusten los detalles para lo que todos, esa noche en la Usina del Arte, estaban esperando: el tributo a Luis Alberto Spinetta.

Cuando el telón finalmente se abre aparecen David Lebon, León Gieco y Fito Páez en primera línea. El anfiteatro, colmado hasta no más de la mitad, estalla en aplausos. Los tres, secundados por una big band que incluye formato de rock más cuarteto de cuerdas, se disponen a imbricarse en un fin de año que extraña muchísimo al viejo y querido Flaco, y lo demuestra en la acción. El mix de fotos e imágenes del homenajeado que aparece en las tres pantallas de fondo tiene mucho –de hecho– del corpus estético que prosigue en la Biblioteca Nacional hasta mediados de diciembre: secuencias de videos de Pescado Rabioso o Almendra, fotos del genio con la camiseta de River, durmiendo y el pelo teñido de naranja, o de cuando era chico y cantaba en televisión; o de cuando ensayaba con Invisible los temas que iban a formar parte del gran jardín de los presentes... de su mundo, al cabo, que es un poco el de todos. Y que Gieco, Páez y Lebon, junto al ayudín que vendrá después, se proponen intentar.

El set es corto pero intenso. No hay palabras. Empieza con una sentida versión de “Post Crucifixión” en la voz de Lebon –que toca la guitarra sentado–, la dirección de Páez y la armónica de Gieco; prosigue con una poco imaginada visita de León a “Durazno Sangrando” –tan inhabitual como emotivo escucharla en esa voz–; con el rescate de uno de los temas más bellos de Los niños que escriben en el cielo (“No te busques ya en el umbral”) por parte de Páez y una cuerdas que se lucen; con “Laura va”, versión llana que se “disputan” Lebon y Gieco, y con “Seguir viviendo sin tu amor”, consumada por todos. Pero esa primera línea, esa plana mayor del rock argentino pocas veces vista en escena, superó su propia marca cuando, ataviado en unas calzas violetas y brillantes, saco rojo y cuellera al tono, emerge Charly García, el ayudín. Suena –claro– “Rezo por vos”, coincide con la imagen del último abrazo entre ambas potencias en el Vélez de 2009 y termina con una conmovedora visita de los cuatro a “Muchacha ojos de papel”. Sin palabras.

Si hubo algo, entonces, que sumó un plus –vaya plus– de interés a esta decimocuarta edición de los premios Gardel a la música fue tal juntada. Tal ofrenda. Tal preocupación por que el vate de Arribeños siga brillando en su luz. Tal intención explícita de reivindicar al mejor entre los mejores, al primus inter pares de la música de rock en Argentina, y no porque lo designe tal o cual premio. Tal agradecimiento que no sólo Páez deja sentado mediante su “Siempre estarás, Luis Alberto, siempre estarás en mí”, sino también Fernando Ruiz Díaz, cantante de Catupecu Machu, que se lo dedica mientras recibe el Gardel al Mejor álbum grupo de rock por el disco El mezcal y la cobra, o Baltasar Comotto, uno de los guitarristas “estrella” del Flaco de los últimos tiempos, por haberlo ayudado a gestar Blindado, a la sazón ganador en el rubro álbum rock pop alternativo; o todos, cuando aplauden su figura en un video que recordaba a los que ya no están. La decimocuarta entrega de los premios Gardel –que anteayer volvió a convertirse en ceremonia pública luego de tres años sabáticos– pagó largamente su deuda.

Pero no fue solo el de Spinetta el nombre que retumbó fuerte entre las altas alturas del techo del anfiteatro de La Boca. A la misma altura se alzó el de uno de los protagonistas del homenaje: León Gieco. Su disco más reciente, El desembarco, se llevó las cinco estatuillas para las que estaba nominado. Empezó con los rubros Mejor álbum artista de rock y Mejor ingeniería de grabación. También se quedó con el reconocimiento a la Producción del año y, algo casi redundante para él, la de Mejor Album artista Canción testimonial y de autor.

Por Cristian Vitale
Fuente: Página/12
Video: Flavio


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