martes, 16 de marzo de 2010

CHARLY GARCÍA EN EL COSQUÍN ROCK 2005 “VOY EN AVIÓN”

Del libro “Cosquín Rock” de José Palazzo que conmemora los diez años del Cosquín Rock que se convirtió en el evento roquero más importante del interior. Aquí, una muestra de el capítulo en el que se narra una de las películas de hondo suspenso y desopilantes enredos provocadas por la imprevisibilidad del Charly mas Say No More en la edicion 2005 del mega evento.

“2001 Odisea del espacio. Esa. La película que hizo Stanley Kubrick en el 68 es la que me pidió Charly García para que proyectáramos después de su actuación en el Cosquín Rock 2005, el primero en la Comuna San Roque. Muy buena idea.
Imaginate: las luces apagadas, todo oscuro, y las estrellas continúan la pantalla –me dijo.
–Sí, genial.
Quería que Charly tocara gratis en ese Cosquín para que se reivindicara lo del 2004, que había terminado con él huyendo y la gente destrozando la Plaza Próspero Molina mientras yo estaba desmayado.
Empezamos a charlar sobre esto en su casa, a la que nos invitó una noche a la Caro, mi mujer, y a mí. Primero vimos dos películas de Mel Brooks y lloramos de risa.
Después le mostré las fotos del predio que le había llevado. Le gustaron.
Después me dijo lo de 2001. Esa noche del festival, la suya, terminaría siendo eso. Una odisea. Charly tenía un ticket para el vuelo de Buenos Aires a Córdoba ese día. Era a las seis de la tarde.
A las seis y veinte llamó una persona desde su casa para avisarnos que él todavía estaba ahí, que no había viajado, y que decía que le alquiláramos un avión privado. Le hicimos saber que no iba a ser necesario, porque había otro vuelo a las ocho.
Ya estábamos muy preocupados. Y no sabíamos lo que luego sucedería. Desde las cinco había gente en el predio, esperando por su concierto. Habíamos dado puerta a las cuatro.
Charly fue a Aeroparque, pero como se había olvidado algo, no se qué, decidió volver a su casa y perdió el avión de las ocho.
En la Comuna ya había 40 mil personas.
La verdad es que, imaginando algo por el estilo, habíamos pensado en un avión privado. Y a él recurrimos. No viajaba solo. Lo acompañaba la fotógrafa Nora Lezano, muy amiga suya. Por un lado Santiago Zambonini y por el otro yo, llamábamos al celular de Nora y ella nos decía qué iba pasando.
En eso, el Gobernador apareció ofreciéndonos una guardia especial. Su secretario privado puso a disposición un helicóptero de la provincia para que hiciera la combinación con el avión, pero el piloto del helicóptero dijo que no.
Recomendaba no volar a esa hora por las sierras porque además de las alturas del terreno, el trayecto tiene muchos cables y antenas.
Así que empezamos a pensar en un plan B.
El asunto era cómo llevar lo más pronto posible a Charly García desde su departamento de Palermo a la Comuna de San Roque donde ya lo esperaban 45 mil personas. Lo que yo sentía era angustia. Tenía taquicardia. Venía de tener un gravísimo incidente con mi socio, que había dejado de ser mi socio y ya me estaba pidiendo que le pagara su parte; había subido al nuevo proyecto a muchas personas que confiaban en mí y debía retribuir a esa confianza; y este hijodeputa de Charly García no venía y su concierto ya llevaba cinco horas de retraso.
No llegaba, no llegaba. Me preguntaron qué pasaría si le decíamos a la gente que no habría concierto. Imaginé: “Váyanse en paz, Charly no viene”.
No, de ninguna forma. Todos habían entrado gratis, así que eran el peor público para decirle que se gaste unos pesos para tomarse un
bondi sin haber recibido nada. Igual llamé para que le dijeran a Charly que iba a suspender.
–Se va a armar quilombo. Suspendo.
–No, no suspendas. Estoy saliendo para allá.
Nora me dijo:
–Tranquilo, está subido al remise.
–Bueno.
Al rato, llamado al piloto del avión:
– ¿Lo tenés?
–Sí, está acá.
Ufff.
–No, pará, se acaba de bajar.
– ¿Cómooo?
-Sí, no sé. Se volvió al remise, se fue.
– ¿Y Nora?
–Está acá conmigo.
– ¿¡¡Se volvió solo!!?
Charly se había ido a un kiosco 24 horas a buscar una botella de whisky.
Al rato volvió y se subió al avión.
Antes de salir, el piloto alcanzó a decirme:
–Hay viento de frente, vamos a tardar dos horas treinta.
Eran las 11 de la noche. Iban a llegar a la 1 y media con suerte. La gente miraba la película, que habíamos decidido pasar antes del show y no después, para que tuviera algo con qué entretenerse, y cada tanto coreaba: “¡Charly, Charlyyyyy…!!”
Yo estaba a punto de morir. Zambonini agarró el micrófono y dijo:
–Charly está viniendo. Rechifla.
Ahí me dijeron que la ruta que une La Calera con San Roque estaba colapsada. Los autos sólo podían avanzar a paso de hombre.
Entonces decidimos: autopista hasta Carlos Paz y de ahí, lancha cruzando el lago. De película.
Y en el último tramo, Charly en una moto o en un cuatriciclo hasta que lo subamos al escenario. Ahora suena gracioso, pero era patético. Después de la medianoche, mientras el avión estaba en viaje, la autopista empezó a quedar bastante liviana.
Entonces dijimos:
–Vamos con ésa. Así fue que un policía experto en el volante subió a Charly en una 4x4 y lo llevó a 180 por hora en contramano por la autopista Córdoba-Carlos Paz para que llegara no tan tarde. Y llegó.
Pero antes de subir al escenario, paró para decirme:
Hay un flash, un solo flash, y cancelo el concierto.
Yo pensé: “Ahí hay 45 mil personas…¿Cuántas cámaras y cuántos celulares hay? ¡Por Dios!”.
Santiago Zambonini avisó a la multitud:
–Llegó Charly. Por favor, si hay un flash, se suspende el concierto.
Chiflatina, puteadas, de todo.
Yo pensé que nos íbamos a morir todos del estrés. Como siempre, teníamos previsto todo lo necesario para decidir sobre las cosas lógicas que pueden pasar en un festival, pero no teníamos previsto qué hacer con un Charly García que llegaba seis horas tarde.
Eso no estaba en ningún plan. Al rato llamó el Gobernador para preguntar si Charly había llegado.
–Sí, está acá.
Y subió.
Charly salió al escenario con un mameluco blanco. Pisó el escenario y…¡Flash! Al instante, hizo un gesto furioso con la guitarra, se dio vuelta y empezó a bajar la escalera. Yo casi muero del susto. Charly me miró como diciendo:
Dije que si había un flash, no seguiría.
Y sonrió. Agarró el vaso de whisky, que era en realidad lo que había vuelto a buscar, subió la escalera de nuevo y ahí sí arrancó el show.
Ésos fueron cuatro segundos de muerte. Vi el túnel, lo juro. Todos lo vimos. Una luz al final, el túnel. La muerte. Pero no, el tipo había vuelto a buscar el vaso de whisky. No había sido por el flash. Esa noche Charly tocó dos horas cuarenta. Hizo cosas de Pink Floyd y le dedicó temas a la luna llena. Fue el mejor concierto suyo que vi en toda mi vida. Lástima que no pude disfrutarlo.
Unos me decían:
–No lo contratemos nunca más a este hijodeputa que nos hizo sufrir tanto.
Otros:
–Lo vamos a matar.
Todo eso lo pasó Telefé. Esa presencia la habían conseguido los amigos que me ayudaron. Estaba Telefé y no TN porque Guinzburg era del grupo Clarín.”...

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