domingo, 22 de septiembre de 2013

CHARLY GARCÍA, CLASICO Y MODERNO

El artista se prepara para el concierto de mañana, en el que pondrá a prueba la acústica del Colón con un formato experimental, camarístico y rockero

Charly García abre la puerta de su departamento en el artistocrático edificio Los Patos, con una sonrisa dibujada en el rostro: "¿Qué tal muchachos? ¿Todo bien?" El tipo que escribió los últimos treinta años de la Argentina en canciones está allí, parado en el medio de la vida, sobreviviente, con una bonhomía que le da brillo a su rostro y resalta las facciones. A diferencia de su período posrecuperación, el Charly actual se mueve con el entusiasmo nervioso y juvenil de un adolescente, como si estuviera a punto de inaugurar otro movimiento cíclico en su historia, como hizo con Sui Generis, La Máquina de Hacer Pájaros, Serú Girán, incluso con el período caótico de Say No More. "Quiero correrme de esa clasificación de rockero nacional, que me suena a nacional socialista (dice y levanta el brazo derecho, con ironía escorpiana y brutal). Quiero pensar solamente en la música. Me gustaba cuando era adolescente y escuchaba a los Beatles y los Stones y todo era como un cuento. La música tiene ese efecto, te puede hacer vomitar o hacer feliz. La música tiene ese efecto -repite- y eso pienso usarlo."
El perfume a limpio invade la atmósfera de este cubo de paredes verde manzana. Charly se hunde en el sillón blanquísimo que domina el living. Se siente como entre almohadones en este refugio familiar y armónico, donde todo está ordenado y lo único que llama la atención es el piano rojo y un cuadro del chaqueño Milo Lockett. Charly arranca y casi no para, salvo para pedir un Amaretto que comparte con la visita ocasional. Es un Charly amable y charlatán, que filosofa como un alquimista sobre la antimateria, la matemática y las leyes del universo musical, y que ofrece un zapping vertiginoso, como refleja en su libro Líneas paralelas, por una desordenada variedad de temas: el Colón, la política, la psicología, la religión, Dios, la televisión, Stanley Kubrick, The Beatles, Yoko Ono, la locura, el pasado, el futuro y el presente. Charly, la antena del inconsciente colectivo de un país en pleno funcionamiento.
"En mi humilde opinión, tendría que arrasarnos una ola de sentido común y el que está en el púlpito que se baje del púlpito y el que está en el piso que suba -razona-. A mí me encerraron por esa falta de sentido común, porque creían que estaba loco, y yo no estaba loco. Te lo puedo demostrar. En esa época, seguía haciendo discos y un loco no puede hacer discos como ésos. Un loco tiene creatividad, pero no puede hacer un disco; a mí no me pasaba eso. Yo estaba en la clínica y por la televisión salía: «Charly está muerto». Es terrible y, a la vez, te cagás de la risa porque decís: «Qué pelotudos que son». Ahora sigo viendo por la tele el mismo paroxismo en el que estamos viviendo en esta sociedad. Parecemos autitos chocadores", dice.
En su iPad suena a todo volumen su último descubrimiento, 2 Cellos, formado por los croatas, Luka Sulic y Stjepan Hauser, que hicieron explosión en YouTube, allí donde los descubrió Charly. Con actitud rocker, los dos chelistas son capaces de tocar "Smells Like Teen Spirit", de Nirvana, con la misma técnica y locura febril que una obra de Beethoven. "Es una linda idea para robar. A mí me gustaría que los músicos de la orquesta toquen así, no como si estuvieran tocando para un sindicato o estén preocupados por el sanguchito del catering", dispara.
Es que, unas semanas antes de los conciertos de Líneas paralelas que dará mañana y el próximo lunes, en el Teatro Colón -a los que sumaría dos fechas más, en el verano-, redujo la ambición orquestal. Iba a ser una puesta megalómana de cincuenta músicos, pero Charly decidió reinventar el concierto: se quedó con dos cuartetos de cuerdas a los que bautizó la Orquesta Kashmir, como tributo a Led Zepellin y su grupo The Prostitution; Renata Schussheim está encargada de la puesta y, desde un púlpito, él oficiará de director y contará con iPads, teclados y micrófonos. "No necesitaba una orquesta para entrar al Colón. Soy buen músico y podría tocar solo con el piano", dispara.
El cambio del plan original, dice, fue porque se entusiasmó con el sonido más experimental de las cuerdas en el trabajo de The Beatles en Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band (1967). "Es difícil encontrar un George Martin que no se vaya en firuletes y quiera demostrarles todo lo que sabe a los demás. Para mí, los discos que hago ya tienen todo lo que necesitan. Podés reemplazar un sintetizador por una cuerda, pero no podés cambiar la nota. A mí me interesa que se respete a la canción. Yo no veo a los arregladores discutiéndole a Mozart, porque está muerto, pero yo ¡estoy vivo! Entonces, viendo el ambiente que había y que tenía que discutir 200 horas por una corchea, decidí que 50 músicos era demasiado y que había una cosa pomposa y grandilocuente, que se hubiera parecido a Viaje al centro de la tierra, de Rick Wakeman. Así que armé una cosa nueva, donde vamos a usar la electricidad y la famosa acústica del Colón", argumenta el bigote bicolor.
Las pistas del concierto se pueden encontrar en su nuevo libro. Los ensayos son secretos y Charly prefiere el efecto sorpresa. Sólo desliza algunos datos. Como ingeniero de grabación en el Teatro Colón estará el productor Joe Blaney, con el que grabó Clics modernos (1983), uno de sus mejores discos. "Hicimos algo grande juntos, loco -dice-. Hace tiempo, Blaney me mandó una carta muy linda y ahora quiso venir. Es verdad que nos tenía cierta aprehensión a mí y a Calamaro, pero quedamos amigos, y él conoce el sabio arte de ecualizar el sonido. Joe es un rockero de alma, que sabe cómo se grababa antes. Imaginate, el tipo grabó «Should I Stay or Should I Go», de los Clash. Así que juntos volvemos al ruedo para esta obra magnífica", arenga.
La última vez que Charly estuvo en el Teatro Colón fue el 25 de mayo de 2002 cuando tocó el Himno Nacional Argentino para una función del Ballet del Mercosur de Maximiliano Guerra. "Ese día había cacerolazos, pero, por suerte, yo estaba en el camarín y no me enteré. Salí del foso tranquilo y toque el himno con un piano Yamaha. Fue relindo porque veía la cara de la gente mayor y estaban flipados, no encontré rechazo, sino todo lo contrario, como que les estaba dando un placebo", recuerda.
Su relación con la música clásica viene de larga data. A los 4 años, Charly comenzó sus estudios formales de piano. "La música es algo que intuí de chico cuando me regalaron una citarina que venía con esas hojas con puntos que tenías que seguir. Cuando me di cuenta de que sacando el papel podía seguir haciendo música empezó todo. A los 4, empecé a estudiar solfeo y hasta los 12 fui un alumno brillante. Recuerdo que la profesora me tenía cariño; nos contaba historias dramáticas de los compositores. Tenía un pensamiento muy cristiano y sugería que todos habían sufrido para elevar el alma. No sé si habrán querido sufrir tanto, pero eran unos locos bárbaros. Por ejemplo, Beethoven para mí era un heavy metal. Todos los genios se morían a los 30 años. Ella te hacía escuchar una obra bellísima de Mozart, y después te contaba la historia de su vida y querías sufrir así. Ahí apareció la estrella de los Reyes Magos, que para mí son The Beatles."

-¿Qué te pasó cuando los conociste?
-Quedé shockeado, porque a mí la música popular no me gustaba. Lo que se escuchaba acá era medio derivado de lo italiano y todo ese pop muy comercial. Cuando escuché The Beatles me di cuenta de que estaba todo afinadísimo, que el bajo estaba donde tenía que estar, que Lennon hacía el ritmo justo y además se vestían como querían, se llenaban de guita, los seguían millones de mujeres, y entonces dije: "Acá está la posta". Al día siguiente, me fui al cine de Lavalle a ver A Hard Day's Night (1964). La vi 27 veces seguidas y sin faso ni nada ¿eh? Tenían mucho humor, parecían los hermanos Marx. En esa época, acá decir The Beatles era como decir marcianos. Hasta ese momento nos vestían como viejos chiquitos. El mundo era gris hasta que llegaron ellos. Eso me transformó.

El rock fue la otra escuela del alumno Carlos Alberto García Lange. Sobre la mesa ratona reposan dos canastos con una veintena de vinilos de su colección privada: The Beatles, Los Rolling Stones, The Kinks, Miles Davis, The Who, Pink Floyd, Steely Dan, Bob Dylan, Prince, The Stooges, The Police, Prince, The Byrds y Tom Waits, entre otros. "Últimamente no hay discos que me inspiren. Hay grupos que salen que te hacen bailar, pero les falta mensaje. ¿¡De qué hablan!? Vos sabés de qué van Los Rolling Stones, Los Who, Los Kinks, Bob Dylan, en cambio, ahora la música involucionó armónicamente y las letras ni te cuento", sostiene con aire de rebeldía, con ese espíritu de artista que no se vende y que imanta a sus jóvenes aliados.
Cómo será vivir con música todo el día en la cabeza, me pregunto, mientras el hombre del oído absoluto habla de las líneas paralelas, de abstracciones matemáticas y de la famosa tercera nota que puede marcar el carácter de una canción, como si fuera un profesor de conservatorio. "Mi último capricho fue reducir el papel de la tercera, que es la nota del medio de un acorde y que descubre el argumento de la canción enseguida. La de Eric Satie fue la primera música ambigua que escuché, le daba espacio al oyente para que los sentimientos fluyeran de acuerdo con cada personalidad y según el estado de ánimo, cosa que después hicieron The Beatles y no les fue para nada mal."
Charly vuelve al tópico Colón. Piezas de antes, piezas de ahora y piezas del futuro conformarán esa suite, sin terceras, en la que aparecerán hasta temas de La Máquina de Hacer Pájaros, su etapa más progresiva. La música será una excusa, un medio para otra cosa. Charly devela, al final, sus planes. "Me parece que el ámbito del Colón va a servir patrióticamente para hacer algo que no sea una marcha de protesta, quemar algo, insultar, proponer un caos... Creo que el poder real, que me envidiaba Méndez, está ahí. Quiero que la gente vaya al Colón por dos horas a no pensar en política."

-¿Nunca te interesó la política?
-Yo milité tres días en el Partido Comunista Revolucionario. Íbamos a tocar a las villas con Sui... Éramos altos psicobolches, pero cuando me di cuenta de lo que era salí corriendo. Si el comunismo ya se desintegró; si de Estados Unidos sabemos que son las corporaciones y guita, guita, guita, y acá nos estamos peleando entre peronistas, y después están los radicales, y ahora están otros, los que se alían y los que se "desalían"; es un clima jodido que no me interesa. Por eso, lo que quiero lograr es que el Colón sea como una barriga grande de donde nazca un nene en paz. Que lo único importante sea la música, y que, si Dios quiere, todo resuene como una cosa del alma. Un plan maestro: Say no more.


BITÁCORA VISUAL Y SONORA

El libro adelanta la lista tentativa para el show en el Colón.
"Siempre metí mano en las tapas de los discos y en los afiches. Siempre me pareció más valedero que el público tenga algo que está en mi cabeza y tenga un estilo. Eso fue fomentando una relación muy piola con la gente". La relación continuará con este libro de música de ciencia ficción al que bautizó Lineas paralelas (Planeta), que presentó el jueves en la librería Ateneo y que funciona como programa de mano, catálogo de arte y patchwork visual, de su nueva performance en el Teatro Colón.
El libro también es un retrato en colores de lo que pasa y pasó por su cabeza durante estos últimos tiempos, mientras craneaba esta nueva sinfonía de rock. Ilustraciones, dibujos, intervenciones sobre otras obras de arte, anotaciones y reflexiones en primera persona sobre el arte contemporáneo, integran el libro de García. "La gente cercana me alentó. De dibujo y pintura no entiendo nada académicamente, puedo tener trazo e inspiración, pero no es como la música, que conozco todo, pero Paul McCartney tampoco sabe música y... (se ríe). Son como las confesiones en una cama llena de teclados y libros de Kubrick, robando ideas por aquí y por allá. Por ahí, agarro un libro de Dalí y lo interfiero con alguna frase, o arranco fotos de otros lados y hago un collage. Últimamente se puede hacer de todo en el arte. Es como un sampleado pictórico. No sé si estoy de acuerdo o en desacuerdo, pero es muy lindo expresarse con cosas hechas. Es tan lindo como hacer cosas originales. Con el libro me llevé una linda sorpresa"..

Por: Gabriel Plaza  |
Fuente: LA NACION

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