lunes, 16 de septiembre de 2013

CHARLY GARCÍA PRESENTA SU LIBRO “LÍNEAS PARALELAS. ARTIFICIO IMPOSIBLE”

MÚSICA FICCIÓN
Cuando Charly García suba al escenario del Teatro Colón para ofrecer los conciertos del 23 y el 30 de septiembre, habrá sucedido además otro evento, diferente pero no menos original: estará en librerías Líneas paralelas, algo que en las propias palabras del músico se define como “una ciencia ficción musical by Carlos Alberto García Lange”. Dibujos, bocetos, anécdotas, textos breves manuscritos, arman un contorno para el misterio expectante de lo que sucederá en el Colón. En esta entrevista, Charly García habla sobre música, sobre su propio lugar en el mundo del rock, su último regreso después del último estallido, el papel de las drogas, los psicólogos y la psiquiatría. Una puesta al día, un balance reflexivo de un Charly que, una vez más, se anticipa a lo que digan de él porque vuelve a reinventarse.
Ese es el material del que está hecho Líneas paralelas. Artificio imposible, el libro que sale por estos días, “una ciencia ficción musical by Carlos Alberto García Lange”. Editado por Planeta, es casi como un programa de enrevesado lujo de sus anunciados conciertos del Colón del 23 y 30 de septiembre. Un dispositivo artie de dibujos, bocetos, collages, anécdotas, críticas y textos manuscritos. Un artificio urgente y posible.
El prólogo, que firma Charly, es una declaración del núcleo duro que lo obsesiona por estos días. Si alguna vez intentó un concierto cuadrafónico, si en otro momento quería arrojar muñecos al Río de la Plata desde helicópteros como una puesta en escena de los vuelos de la muerte (idea arrumbada ante la oposición de Hebe de Bonafini), ahora su discurso apunta al número dos: dos líneas paralelas, un acorde sin la tercera nota. Un discurso en que caben desde Jimi Hendrix y Woody Allen hasta la ambulancia que se aleja por la avenida.
“A menos que ignoremos la física, sabemos que las líneas paralelas no se tocan o cruzan y que su destino es andar por siempre cerca, pero no juntas. Una ambulancia aúlla, alguien la escucha y nota que el canto de la sirena empieza a decaer y hacerse más grave sin que haya habido ninguna modificación mecánica y sin haber sido manipulada de cualquier forma. El cielo no es azul. Una broma puede ser una tragedia entre la emisión de una onda sonora, lumínica o lo que sea. Lo que escuchamos en el caso de la ambulancia es algo que atravesó el aire u otros elementos como el agua, gases, etc. y en el trayecto cambió su afinación, su forma, su alma. En el espacio, los universos –o lo que sea que haya ahí afuera– todo es silencio. Hendrix podría estar tocando ‘Voodoo child’ y nadie lo escucharía. Ubiqué las líneas paralelas como las de un tren o pista de lanzamiento de naves espaciales. Estas dos líneas son notas: Sol y Re. Dos notas (número insuficiente para formar un acorde base inamovible de la música que fue, es... y ¿erá?) La tercera define el alma del acorde, ya que si es mayor, transmite alegría. Y ya que si es menor (un semitono abajo), provocará tristeza. En estas palabras introductorias les quiero hacer saber que esto no es una teoría para destruir la música y que todo lo que se ve o se escucha, hay que tomarlo como a una película de Woody Allen, donde algo absurdo o imposible se da por sentado ya que estamos ante un cuento de música-ficción y en el fondo una alegoría sobre los seres humanos. Sobre los que cantan, sobre los que escuchan, y la relación de esas líneas paralelas que se necesitan para existir. Y lo más importante: el espacio. Gracias por venir al estreno de Líneas paralelas (artificio imposible) Les dejo un pensamiento del ya citado Hendrix: ‘La música no son las notas, es el espacio que hay entre ellas’.”

EL GRAN TEATRO
Ahora es una noche de calor. Está, como en los viejos tiempos, en el Hotel Faena. La suite Imperial que comparte con su pareja Mecha ostenta un lujo un tanto demodé, con una cínica decoración de billetes gigantes con los rostros del Che Guevara, San Martín, Bolívar y Artigas. Nada ha cambiado: una corte lo sigue a todos lados. Hay cámaras que lo escudriñan hasta en los movimientos mínimos. Parece que existe un documental en marcha. ¿Se puede ser feliz con tanta gente hablando alrededor? “Me molestan los que te avasallan –dice–. Me gustan los fans tímidos.” Por ahí andan, discretos, Renata Schussheim y Jean-François Casanovas, que tienen reuniones casi diarias con Charly para detalles de la puesta. Una fan camuflada de periodista insiste con autógrafos.
Aun con el cotorreo ambiente, la entrevista conserva la pretensión del mano a mano. El aura de Charly, alguien que en esta etapa maneja el arte de la conversación (“¡Volví a escuchar!”), crea una natural área de exclusión. “Me gustó la idea del libro. Algo bien mío. Tuve muchos ofrecimientos para que escribiera una autobiografía... Ni en pedo. Me parece horrible. Sería como asumir que no estoy vivo. El único proyecto que me interesó fue una propuesta de Fito Páez: de una, me dijo que él quería escribir mi vida. Al final la idea quedó ahí.”
Habla mucho del Colón, ese templo legitimador de lo popular. Pero es apenas un pretexto, un disparador. En el momento de la entrevista acaba de decidir no trabajar con Alejandro Terán, que iba a dirigir una sinfónica. Hay una confusión disimulada, que la pregunta más obvia (“¿Cómo va ser el espectáculo?”) desarticula. Como tantas veces, el artificio imposible degenerará en puro posibilismo. Nadie tiene bien en claro cómo van a ser los conciertos, y esa incertidumbre potencia la sensación de pop star que tiene al gran teatro a su arbitrio. Entonces Charly pasa de una orquesta de cincuenta músicos a una de diez, de conflictos operativos con Terán a la repentina epifanía de formar una banda de melotrones. Con el libro a punto de entrar en imprenta, incluye un parte de último momento –un aviso, un deseo– que parece el definitivo. Escribe:

“Queridos aliados:
Quiero explicarles que abandoné la idea de la orquesta sinfónica. Es mucha gente y muchas notas que no están en el plan de las Líneas Paralelas. Escuchando discos de ‘Rock Sinfónico’, me gustaban más cuando los mismos grupos usaban órganos, sintetizadores y contaban una historia interesante (Tommy, Quadrophenia, Dark Side of the Moon). Pero con el tiempo se volvieron pomposos, e hicieron mamotretos como Las 6 mujeres de Enrique VIII, Viaje al centro de la Tierra (un plomo) y esta pretensión digna de cuentos de Merlín, los Caballeros y el Santo Grial, además de música para Hollywood, nos hablaban de caballeros-ángeles, cuando en realidad arrasaban pueblos, violaban y todo en nombre de (Pobre) Dios. Tommy, Quadrophenia, y el lado 2 de Abbey Road, en cambio, son suites con ritmos rockeros bien amalgamados con los Who, los Beatles, por ej. Me incliné a seguir mis reglas:

Minimalismo
Neoclasicismo
Polirritmia

Y donde se pueda, una pátina de ambigüedad. Decidí cambiar las partes de la orquesta con dos cuartetos de cuerdas, voces y algo de metal. No sonaré como Wagner, Mahler, pero se acercará a Sgt. Pepper’s, donde el rock, las baladas y los experimentos musicales (“Un día en la vida”) van construyendo una pieza con noticias de periódicos y la imaginación de John, Paul, George, Ringo y Martin. (...) Si las melodías, armonías, interpretaciones y la amalgama de antigüedad arquitectónica se estrella sacándose, en vez de chispas, pétalos estereofónicos, me sentiré un reciclador de música y si esa música penetra mentes, sentimientos y sonrisas mi misión de unir en un teatro a personas de distintos estratos de esta sociedad seré un hombre-artista feliz.”
El libro, entonces, como una medición minuto a minuto de la previa al Colón. Y más: viñetas que incluyen su relación con Yoko Ono, párrafos didácticos (el increíble: “¿Sabés algo de atonalidad?”), letras insospechadas como la de “No te dejes desanimar” (tal vez el tema más Sui Generis de toda La Máquina de Hacer Pájaros) y hasta una historia con Diego Armando Maradona. En una ocasión Charly hizo un dibujo de un gol y le pidió a Maradona que en un partido lo hiciera exactamente como lo había imaginado... “Le dije que era una prueba de la amistad. El partido se jugaba en la cancha de Boca, y Diego pudo haber marcado otros goles. Pero no los hizo. Esperó tranquilo para hacer exactamente el que yo había dibujado.”
Aparece Alejandro Pont Lezica, amigo multipista, y le pregunta: “¿Te quedás a dormir acá?”. Charly dice que sí. Se puede pensar que el Faena es otra de sus invenciones conceptuales. Se estira y espera las preguntas con un cigarrillo y un vasito de whisky (“No creo que el cigarrillo, la bebida o las drogas hagan mal o sean peores que el teléfono celular, los porteros de las discos o ir al banco”). Pese a la negación de sucumbir a la autobiografía o a la retrospectiva, una de las novedades del discurso que orbita las líneas paralelas es la valoración de aspectos de su pasado. La figura de su padre, por caso, es rescatada con una ternura inédita, inversamente proporcional a las menciones destempladas a su madre y a algunos de sus hermanos.
En el medio traza un arco que va de los años 60 y el descubrimiento de los Beatles –o tal vez antes, su ruptura con un destino configurado como pianista de música clásica– a las internaciones de los 90, y reflexiona sobre locura y arte. Hay algo liberador en su estilo compulsivo y disperso.
Lo escribió en su libro, como quien revela una fórmula: “Donde se pueda, una pátina de ambigüedad”.
La condición de campeón nunca se pierde.
Líneas paralelas. Artificio imposible, el libro de dibujos, bocetos, collages y textos de charly garcia que por estos días distribuye editorial planeta.

Por Mariano Del Mazo

***El día jueves 19 a las 19.00hs en la librería ATENEO GRAND SPLENDID (Santa Fe entre Callao y Riobamba) se hace la presentación del libro LINEAS PARALELAS a las 20hs.***

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