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martes, 26 de noviembre de 2019

Fernando Samalea edita “Nunca es Demasiado”, el cierre de su trilogía autobiográfica

El libro cierra la trilogía que comenzó en "QUE ES UN LONG PLAY" (2015) y continuó en "MIENTRAS OTROS DUERMEN" (2017) y abarca el período 2010-2017. Como los dos sucesores, contiene más de 500 páginas y 32 especiales para fotografías.
Un relato cronológico del período 2010-2017, acerca de García & The Prostitution, el francés Benjamín Biolay, el Sexteto Irreal, la Orquesta Hypnofón, el inglés Phil Manzanera, CocoRosie, Los Quietos, los norteamericanos de Electric Gauchos y Tiny Orchestral Moments, el Mototour sudamericano con Marina Fages, Diego Frenkel, Tony Levin, el mundo Ortega, los periplos motociclísticos, la alquimia de los cócteles y los álbumes de bandoneón, entre muchas otras cosas vividas por el autor.


Odisea en Sunchales

Después de la tempestad, viene... otra tempestad. De cómo pasar de motociclista de carreteras a golpeador de maniquíes. The Prostitution en todo su esplendor.

En lo que respecta a las costumbres, nuestro Héroe Nacional solía monologar con onomatopeyas y expresiones faciales que bien merecerían un Oscar, mientras cuatro o cinco lo escuchábamos rodeando un sofá. Las discrepancias no eran habituales. Charly García se sabía único en su especie. Tenía con qué para liderar una cruzada y desarrollar sus “principios monárquicos”, sin el más mínimo reparo en mostrarse como fuese delante de todo el mundo.
Éramos una especie de familia, aunque quizá no de las que fomentan encuentros culinarios los domingos, llevan niños de picnic o contratan seguros médicos.

—La puesta la va a hacer Renata Schussheim, you know? ¡Ojo al piojo! —agregó—. Y mandamos un trencito eléctrico por el escenario, como si cada uno fuese una estación con instrumentos o whatever. Luego ponemos maniquíes de minas y sale el concepto de La nieta de la lágrima, con sonido estéreo de perspectiva cerrada... ¡¡¡Ughhh!!!
—...
—Podríamos llamarnos Los Incapaces. O si no, Los Influenciables, ¡ese me gusta más! —gritó abriendo las manos a modo de coreografía.

Sus planes tronaban a paso firme, como el avance de un ejército. Aunque en su boca sonasen a mitos anteriores a Adán y Eva, sabíamos que se cumplirían de una u otra forma. Mi testimonio será acaso humilde, pero no menos imparcial. Era el lunes 19 de septiembre de 2011 y estábamos a punto de actuar en el Club Unión de Sunchales —una pequeña ciudad santafesina—, como parte del Festival Prevemusic. Se había anunciado también a Vicentico, Ciro y los Persas y Las Pastillas del Abuelo. El líder de The Prostitution, prometiendo con bombos y platillos “un recorrido por toda su historia”, ya había superado la mediática recuperación en la quinta de Palito Ortega, dos años atrás. A veces, parecía darle la razón a los malpensados y dejaba aflorar el Satanás que todos llevamos dentro, como en sus épocas de rubio teñido, cuando aseguraba que el secreto de la felicidad era “menta, agua y dos hielos” y cada reportaje suyo cobraba carácter de diatriba. Pero sus dotes artísticas continuaban midiéndose con las de los grandes de todos los tiempos, a través de melodías y armonías que generaban emociones únicas en los receptores neurológicos.
¿Quién podría negarlo? Nuestros inconscientes colectivos estaban abarrotados de canciones de Sui Generis, La Máquina de Hacer Pájaros, Serú Girán o sus discos solistas, que le daban quórum para autoproclamarse Emperador del Universo. Además de sentido del humor, tenía mucho magnetismo y algo de conde Drácula, pero sin disimular una dosis de ternura. Estar en su órbita podía impactar tanto como presenciar un accidente.
Tras innumerables cambios de managers y productoras, no sorprendería que ocupase otra vez las páginas policiales. Ciertos editores amarillistas ya estaban regocijándose, enviando al acecho a cuanto periodista especializado en golpes bajos se preciase de tal. Pachorra, un antiguo asistente de la época de Los Enfermeros, se desempeñaba ahora como organizador. O al menos eso intentaba. Bonachón, de ojos vivaces, nariz ancha y aspecto de Pedro Picapiedra, solía facilitar todo pedido excéntrico de García. También había entrado en escena otro sujeto, calvo y treintañero, como manager personal, un cargo que bien podía elevarlo al nirvana, librándolo de todo sufrimiento en vidas futuras, como exactamente lo contrario. El hecho de desempeñarse en ello era algo que únicamente él podía defender. Paladín de la falta de tacto, acostumbraba tomar el rostro de Charly y besarle ambas mejillas, proferir epítetos como los que suelen usarse con un bebé y afectar la voz con dudosos “holis” y “chuchis”. Lo hacía sin advertir que, tratándose del destinatario, bien podía recibir una granada o un chorro de lanzallamas como respuesta.
Desde hacía un par de meses, yo me había sumado a The Prostitution como bandoneonista y vibrafonista, aunque no lo fuese en ninguno de los dos casos en el sentido ortodoxo. Apenas tenía escrúpulos en llevar esos motes. El grupo se completaba con los fieles chilenos Kiuge Hayashida, Toño Silva y Carlos González, mis excompañeros Carlos García López y Fabián “Zorrito” von Quintiero, y la joven cantante Rosario Ortega, más el anexo del trío de cuerdas que conformaban Alejandro Terán, Julián Gándara y Christine Brebes. Haciendo gala de un humor corrosivo (aunque con cariño), el Artista solía llamar a los transandinos “Red Hot Chile Peppers” o “Los Mineros”, refiriéndose al caso reciente de los treinta y tres operarios chilenos que habían quedado atrapados en una mina y fueron rescatados de forma cinematográfica ante los ojos del mundo.

Al convocarme en ese rol, García había sugerido que tocase además algunos elementos electrónicos. Sin embargo, que haya llevado unos pads al primer ensayo no pareció convencerlo demasiado. Se paró unos segundos frente a mi set y, levantando luego el dedo índice en señal de clarividencia, esbozó:

—Vos tendrías que tocar con un maniquí de mujer... No, no, pará, con uno solo, no. ¡Mejor con uno y medio!
—¿Perdón? ¿Cómo? ¿Qu’est-ce que tu dis? —respondí sin entender.
—Claro, traemos un maniquí y le ponemos sensores o un cataflón en la cabeza o en el culo, por ejemplo, y vos le das con un caño con palitos de batería, disparando sonidos o la chofla de la lora con un chufli-chufli y listo... ¿Te va? —propuso, haciendo la mímica de enchufar un cable.
—Ehhh... No es lo más romántico o caballeroso que haya hecho en mi vida. Mmm..., no sé qué van a pensar las chicas. Pero, dale, muchacho, por vos lo que sea.
—¡Bien! ¡Así me gusta! Tiene que ser uno y medio, sí o sí. Una mina completa y otra por la mitad, de esas que son solo piernas de la cintura para abajo, ¿okey? —dictaminó, emparentándose a Arquímedes o a Copérnico y sus fórmulas cruciales para el destino de la humanidad.

No pasaron ni quince minutos hasta que observamos al bueno de Mauro Rogatti, uno de los roadies, entrar con tal requerimiento. Ubicamos el “maniquí y medio” a un costado del vibráfono, para colocarle los sensores en el cuello, en la muñeca derecha y en la pierna. Luego, elegimos con paciencia los sonidos del módulo Alesis D4. ¡Estaba transformándome sin quererlo en el primer instrumentista golpeador jamás cuestionado por ello!
Yo había llegado a Sunchales a bordo de la flamante motocicleta La Idílica. Circulé por la ruta 34 durante varias horas hasta alcanzar el kilómetro 228 en la localidad de Rafaela, donde se alzaba el Hotel Campoalegre, asignado a nuestra comitiva.

—¡Qué nave, Fer! —elogió el Negro García López cuando entré en el estacionamiento al aire libre y nos encontramos por azar.

Detuve el motor, me quité el casco blanco, lo enganché en el manubrio, apoyé los guantes de cuero en el tanque y nos dimos un abrazo. Él había llegado la noche anterior junto a su novia Daniela Doffo, que era guitarrista y cantante del grupo femenino Amas de Casa. Dicho sea de paso, la chica portaba una sonrisa permanente que contagiaba buenaventura.

El Campoalegre era una mole de tres pisos, con paredes ocres y bermellón y techo metálico a dos aguas. Se alzaba en medio de la nada, a cincuenta metros de la carretera. Cada habitación tenía una pequeña terraza hacia el exterior. Amenizamos la espera de la prueba de sonido paseando junto a Terán, su esposa Ladymaría y la violinista norteamericana Christine. Vivaz, encantadora y de comportamiento temerario, la jovial Brebes había abandonado sus tierras natales seducida por los barrios porteños y el mundo del tango. Deambulamos por Rafaela bajo el sol de la tarde, rodeados de árboles, casas bajas con vestigios del siglo XIX y edificios de los setenta. Había poca gente a la vista en La Perla del Oeste, solo jóvenes paseando sobre ciclomotores ruidosos cada tanto. Ingresamos en un bar del bulevar Guillermo Lehmann, que conservaba intacto su adoquinado, para ocupar una mesa a la calle bajo un afiche de El secreto de sus ojos, la película de suspenso recién estrenada de Juan José Campanella, que protagonizaban Ricardo Darín, Soledad Villamil y Guillermo Francella. “‘Weitz’, estás como perro con dos colas”, le dijo Ladymaría a Alejandro, al escucharlo contar pormenores del concierto que escribía para su Orquesta Hypnofón, con la que había conseguido una reputación razonable. Conformaban una pareja de alto vuelo, que subrayaban con buenos atuendos. Al regreso, subimos hacia la suite de García. El Negro, con lentes Rayban y remera roja y blanca a rayas horizontales (a pesar de ser fanático de Boca Juniors), ya estaba allí y nos abrió la puerta. Empuñando una guitarra acústica, volvió a sentarse en el borde de la cama. La habitación estaba colmada de objetos de su huésped. Adoptamos la posición de loto sobre una alfombra rojiza, tomando Coca-Cola bajo el reflejo de las luces dicroicas. Con el violín de Christine fraseando, fueron sucediéndose canciones de Bob Dylan, Horacio Fontova (“Qué mañana rara”), y una de Tanguito llamada “Errol Flyn”, que nuestro líder entonó a viva voz, en calzoncillos, vistiendo una remera oscura y medias a rayas negras y violetas. Al resonar el último acorde, nos sorprendió:

—Soy “Charly” porque así me decía mi profesora de inglés en el colegio Dámaso Centeno de la avenida Rivadavia.
—Y, sí, lo british ante todo —acotó un anglófilo. —Sí, man. Yo me la pasaba escuchando discos ingleses de rock sinfónico. Aunque me gustaban más cuando tenían órganos y sintetizadores, o contaban una historia interesante, la mano Tommy, Quadrophenia o El lado oscuro de la luna. No tanto esos pomposos tipo Merlín, los Caballeros de no sé qué y el Santo Grial de Wakeman que te gustan a vos —agregó mirándome con picardía.
—¡Cheee, Rick es Rick! Probablemente el tecladista más grande del rock. De hecho, ni siquiera probablemente —contraataqué, defendiendo al integrante de Yes, el joven de larga cabellera rubia y capa con lentejuelas que escuchaba en mi niñez y adolescencia.
—Bue, a mí me cae mejor el de Génesis, Tony Banks —insistió.
—Y, sí, claro. Qué masa “Entangled”, de A Trick of the Tail, un tema divino: arranca en plan acústicas y clavicordios, se pone folk y termina con esos teclados superponiéndose.
—¡Eso mata, loco! Me copaba hacerlo con Serú o La Máquina. Agarrar una progresión e ir agregándole capas. Tony Banks, you know? O sea... los otros hablaban de guerreros o ángeles, que en realidad arrasaban en nombre de Dios —dijo, al límite de ponerse serio.
—¡Chuuucha la huevada! —gritó uno de los chilenos al entrar con un sombrero bombín en la cabeza y escuchar solo la última frase.
—Tocate una de Bowie, Charly, de las que hacíamos con Los Por Línea —propuso García López.
—Los de The Who, o el lado B de Abbey Road... ¡Esas son buenas suites en ritmo de rock! —remató el Artista, casi sin advertirlo, como hablándose a sí mismo.

De golpe, desde un iPad conectado a un parlante portátil comenzó a sonar la canción “Free Man in Paris” en la voz de Joni Mitchell. Al culminar, acercó su dedo curvo y alargado a la pantalla, buscó en las listas de iTunes y puso Highway 61 Revisited, de Dylan, al tiempo que ironizaba:

—¿Sunchales? ¿Lo qué? ¿Dónde estamos, loco? Esto parece la época de Sui, cuando viajábamos con un Citroën todo quemado por cualquier pueblo, antes de que grabásemos Vida. Con Porsuigieco también, nos íbamos en tren a no sé dónde, una desgracia...

Se refería a la formación que había reunido a Raúl Porchetto, Sui Generis, León Gieco y María Rosa Yorio a mediados de los setenta, bajo el mote “Porsuigieco y su banda de avestruces domadas”. La mitología hablaba de un debut en el Auditorio Kraft de la calle Florida, de ellos mismos pegando carteles de promoción por la avenida Corrientes, de varios viajes por el país y de un álbum testimonial precioso.

—Tocábamos “Entra”, “Todos los caballos blancos”, “La mamá de Jimmy”, “Iba acabándose el vino”, esa onda, “hipponeándola” por Tandil, Mar del Plata, B. B. y no sé dónde más. Me acuerdo de que nos moríamos de frío en medio del campo.
—¡Es lo más ese disco! —interrumpí, para luego preguntarle al estilo fan plomazo—: Charly, antes de que me olvide, hace mil que quiero saber, ¿dónde quedaba Phonalex?
—En el Bajo Belgrano. Bah, en Dragones 2250, casi seguro. Ahí grabé la primera vez, en Cristo Rock de Porchetto. Caíamos con el Gordo Pierre, que era una suerte de Danny Rose argentino. Después él nos llevó a las oficinas de Microfon y Talent, y así comenzamos la movida con Jorge Álvarez y el Bondo Billy Bond.

—Eso era por el centro, ¿no? —preguntó alguien. —Sí, en Sarmiento y Uriburu. En esa época, la de las portadas de Juan Gatti para el sello Mandioca, yo me compraba papel de armar en un quiosco y el tipo me gritaba “¡falopero!”, como si nada. Buenos Aires era una caretada, muy parecida a la letra de “Yo vivo en una ciudad”, de Pedro y Pablo. —¿Y dónde filmaron Rock hasta que se ponga el sol, cuando tocan con Nito, de día, y vos estás con el piano vertical? —volví a consultarle, haciéndome el documentalista.
—Por la cancha de Argentinos Juniors, detrás de la estación Arata.

Recordamos esa participación del dúo folk, cantando “Canción para mi muerte” en el Festival BA Rock —junto con La Pesada del Rock & Roll, Color Humano, León Gieco, Claudio Gabis, Arco Iris, Gabriela, Pescado Rabioso, Pappo’s Blues, Vox Dei y Litto Nebbia—, que había organizado la revista Pelo y supo eternizar en celuloide la productora cinematográfica Aries.

Dichas reuniones en habitaciones de hoteles acunaban momentos mágicos. Todos estábamos implicados de cierta forma. García tomó la guitarra, hizo los acordes re, si menor y fa# menor y se puso a cantar “Fabricante de mentiras”: “Él era un fabricante de mentiras / él tenía las historias de cartón / su vida era una fábula de lata / sus ojos eran lu...”, pero la interrumpió en seco para contarnos que el título Adiós Sui Generis estaba inspirado en Goodbye Cream, así como el look de galera, frac blanco y zapatillas que él mismo había lucido en los dos conciertos del Luna Park.

Luego, tomándola del diapasón, apoyó la acústica sobre la cama y pidió a los gritos:

—¡Denme un Tía María!
—Pero... ¿te parece? —cuestionó alguien con alma de médico.
—Dale, loco, que el peligro enaltece. Como decía Truman Capote: “No les creo a los que no se emborrachan nunca ni toman algún riesguito”.
—Charly, ¿vamos yendo a probar? —dijo Pachorra con timidez, asomándose desde la puerta entreabierta.
—Okey, señores, ¡a triunfar! ¡Meeechaaa! ¡Venííí! —llamó a su joven compañera.

Mientras ajustábamos las mezclas, ante las tribunas verdes y blancas aún vacías del Club Unión, García fue mostrando su perfil “problemático”. In crescendo. Quizá se vería afectado por la Luna llena en Escorpio. Vestía una campera oscura, con capucha blanca, y usaba los lentes negros de rigor. La puesta incluía una pantalla tras las tarimas, luces sofisticadas y una gran cantidad de velas anaranjadas. El parche del bombo de Toño mostraba el logo SNM, con las letras entrelazadas. Los asistentes caminaban entre nosotros y algunos curiosos permanecían inmóviles a un costado, cruzados de brazos, observando el espectáculo.

Veíamos a trabajadores con cascos amarillos moverse por el terreno, y a los de la Cruz Roja a la espera del público.

Se había preparado un video a modo de introducción, tapas de discos incluidas: el líder sentado en la vereda de la calle Vidt con Nito, el dibujo de ambos en Confesiones de invierno, con los Serú en la portada de La grasa de las capitales, fumando en Nueva York para Clics modernos, la pelirroja con el ramo de flores, su mano fibrosa sobre el teclado en diagonal y la gota de mercurio estilo huevo, entre otras. “Obertura”, el instrumental de La hija de la lágrima, oficiaba de fondo musical. Nos paramos de espaldas al recinto, para observarlo. Cuando finalizó, Charly se encogió de hombros y nos miró sonriente, como diciendo: “¿Todo esto pasó en mi vida?”. Para contrarrestar, el Zorrito comenzó con sus juegos de palabras y chistes, vistiendo remera de Iggy Pop and The Stooges. Por entonces, su emprendimiento gastronómico iba a la par del de la música, y solía inventar recetas con nombres fabulosos: “Hummus sobre el agua”, “The Jamones”, “Sweet Generis” o el “Flan Sinatra”.

—¡Callaos! A ver, mineros, vengan. Toquemos “El amor espera” —ordenó Charly por el micrófono.

Luego, cambiando de frecuencia, se acercó a Terán con su filmadora portátil para decirle con voz pausada:

—Estamos a un mes de ir a Nueva York y tocar allá. De alguna manera, es poder pasar a otro... a otro estrato.
—¡A otra dimensión! ¡Se van a abrir puertas multidimensionales! —lo entusiasmó el cuerdista.
—Bueno... Añadiendo intensidad de rodaje, se acercó al vibráfono haciendo un travelling con su cámara. Al ver el sombrero gris que yo tenía en la cabeza, proclamó: —¡Woody Allen on stage, camaradas!

Durante los siguientes minutos, caminó de una punta a la otra y mutó de micrófonos y posiciones al cantar “Los dinosaurios”, mientras Pachorra lo ayudaba a acomodarse sus auriculares in ears y a adosar el receptor inalámbrico al cinturón del pantalón. Luego se tomó un buen rato junto a Fabián, para definir ciertos sonidos en el Nord Lead. De repente, mirando las teclas con la atención de un concertista, tocó la parte B de “Adiós Nonino”, la obra de Astor Piazzolla. Una rareza en sus costumbres, aunque recordé que alguna vez me había contado que con la Yorio solían hacer una versión de “Chiquilín de Bachín”. Satisfecho, se sentó ante el piano de cola, con el Minimoog apoyado encima. El chelista Julián Gándara sonreía desde su puesto, luciendo un buzo blanco y azul, mientras acomodaba las sillas destinadas al trío de cuerdas, entre chaquetas, abrigos y mochilas apoyadas en el piso. El Negro, cigarrillo en boca, comentaba algo con Kiuge, siempre propenso a los relatos humorísticos, mientras ajustaban las perillas de sus amplificadores Vox. Había oscurecido de golpe. Al alzar los ojos, noté que era el último que permanecía sobre el palco. El bandoneón, los sensores de la muñeca y algún repaso ocasional me habían ensimismado. Hasta el último segundo, mi “orgullo” intentaba no dejarme tocar notas inexistentes en los libros de música.

El festival comenzó temprano. Se esperaba una audiencia de veinte mil personas. Poco antes, el periodista Bebe Contepomi arengó a las masas y entrevistó a los artistas en las inmediaciones. Vicentico presentaba Solo un momento y el ex Los Piojos Ciro, su nueva banda Los Persas. Cuando al fin iba acercándose nuestro turno con The Prostitution, la temperatura había bajado a dígitos alarmantes y el frío era el tema de conversación predominante.

En los camarines, de telones rojos con tiras blancas y negras “cebra”, sillones blancos, mesas bajas con botellas de cerveza o Jack Daniel’s e iluminación de discoteca, comenzó una jam prometedora. García, de calzas celestes y saco de pana azul, pulsó su teclado Roland RD-700 hasta que Terán, con traje negro y camisa blanca, sacó la viola del estuche y se ubicó junto a él, pegado a un perchero. En pocos minutos, el lugar fue acunando a íntimos y no tanto. No se hicieron esperar conversaciones similares a las de los baños de boliches, mientras afuera está amaneciendo. O las de gente que hace “horas extra” cuando ya debería estar durmiendo.
El Artista partió su garganta a puro encanto beatle: “She said / I know what it’s like to be dead / I know what it is to be sad. / And she’s making me feel like I’ve never been born”. En “In My Life”, hubo pizzicatos y giros clásicos de “Las Cuerdas”, como gustaba llamarlos Charly. De repente, un muchacho al cual no conocíamos intentó lograr atención analizando las raíces de su música. Recordé una vieja entrevista en la cual, ante la insistencia del periodista en algo parecido, García había respondido con ingenio imbatible: “¿Para qué querés las raíces? ¿¿¿Para hacerte un tecito???”.
Junto a elogios al productor George Martin, sonó el coro de “All You Need Is Love”, con dudosa afinación general, aunque mucho sentimiento. Curiosamente, nuestro Héroe optó por traducir al español algunos párrafos. Al rato se acercó Ciro y sumó su armónica a los fraseos del violín. Además, intentó sin éxito convencer al Artista de componer un tango juntos, aprovechando los escasos segundos entre canción y canción. A modo de respuesta, el Líder Carismático insinuó la introducción orquestal de “For No One”, la bella canción de The Beatles. Todos cantamos con dicha, como si se tratase de los últimos minutos de la historia, cautivos de su conjunción perfecta entre armonía y melodía.

—Ey... ¡Eleanor Rigby! —pidió Kiuge a continuación. —Mmmm, no me la sé mucho —fue la sorpresiva respuesta.
—¿No te gusta, Charly? ¿La cachai? En mi menor —agregó el guitarrista.
—Okey, one, two, three. “Ah, look at all the lonely people...”.

Cierto desborde se hizo elocuente. Se suponía que el show comenzaría en breve. En un rapto de ansiedad, haciendo caso omiso a los “¡esperá, esperá!” de sus múltiples managers, Charly caminó por un pasillo hacia el escenario y consumó una aparición heroica en slow motion. La ovación lo colmó todo. Manteniendo la costumbre de hacer todo lo que le decían que no hiciese, el riff de “Cerca de la revolución” sonó en su piano cuando casi ninguno de los Prostitution estábamos en nuestros lugares.
A las corridas, vistiendo mi traje crema, camisa negra y corbata roja, me senté con el bandoneón en las rodillas y pulsé el arreglo pautado como pude. Veía por el rabillo del ojo a Christine empuñar nerviosamente su violín, acomodándose la pollera y los micrófonos de contacto. Estaba sentada entre Alejandro y Gándara, quien a su vez luchaba por apoyar el chelo en el soporte, arco en mano, al tiempo que Rosario entraba de un salto por detrás de la batería, apretándose los auriculares en las orejas con su estilo zen. Quintiero, por supuesto, sonreía a la manera de un Johnny Depp calabrés. Superado el comienzo frenético, arrancó “Rock & roll yo” y bailé como un loco, pandereta en mano. “Voy a saltar adentro tuyo / comiéndome de a poco tu orgullo...”, acompañó la gente desde las gradas.
La velada pareció suceder con aceptación, hasta que nuestro líder se disgustó con la actitud de no sé quién y susurró: “Esto es para gente fina”, antecediendo a “Pasajera en trance”. El repertorio mutó de la ferocidad de “No toquen” a la intimidad de “Confesiones de invierno”. En “Demoliendo hoteles”, cambió la letra y dijo: “Yo no salí con Massera”, en alusión al supuesto affaire que la vedette Graciela Alfano habría tenido con el exdictador, y que era noticia por esos días. Luego tomó el micrófono, el soporte se zafó y sostuvo solo la mitad. No estoy seguro de si fue una maniobra consciente pero, rápido de reflejos, exclamó: “¡Soy Freddie Mercury!”.
En el intervalo, se proyectó parte del corto surrealista Un perro andaluz de Buñuel y Dalí, con el instrumental “Pubis angelical” de fondo. Nos quedamos a un costado, en la semioscuridad, mirando de perfil la pantalla. De súbito, García nos dijo en broma: “Un poco de cultura, muchachos”. Al regresar a escena, aprovechó para dar un vaticinio en plan Nostradamus: “¡Ojo que se cae el Imperio!”. Antes de “Viernes 3 a. m.”, en cambio, aclaró que “no la tocamos mucho porque ya se suicidaron como seis pibes al escucharla”. El público, lejos de preocuparse, veneraba cada ocurrencia.
Al presentar a García López, ironizó: “En la guitarra tenemos a un negro. ¿Decían que éramos xenófobos? ¡Sunchales, a no discriminar!”, un comentario que alguno habrá interpretado al límite de una denuncia al Inadi, aunque rápidamente acotase: “Gracias, son un gran pueblo”, tras la ovación que precedió a “Eiti Leda”.
“Quiero verte la cara, / brillando como una esclava negra, / sonriendo con ganas”, cantó Rosario con ojos melancólicos, mientras el Artista daba rienda suelta a su actividad favorita: el caos. Pateando micrófonos y atriles, entre partituras desparramadas, declaró que sería presidente de Sunchales: “Piensen que no es tan grave, están la religión y toda esa porcarata televisiva de predicadores brasileros y concursos de baile, que son mucho peores”. Quizás alguien piense que exagero, pero los resultados quedaron a la vista. Primero: a esa altura, no eran pocos los que rezaban para que el concierto terminase en condiciones normales. Segundo: otros temían una intervención federal. Tercero: se comentaba que un concejal local debió ser atendido por un ataque de sudor frío.
Enalteciendo el final, luego de emocionar a todos con “Canción para mi muerte”, ofrendó otra frase de su rúbrica: “Un aplauso para esa Amy Winehouse, que tuvo la decencia de irse”. Todavía insatisfecho, increpó: “¿Cómo se llamaban ustedes? ¿Sunchales? ¿Por qué no lo cambian por Kurt Cobain?”. Tal vez un comentario de esta envergadura habría desanimado a más de uno, pero no a la mayoría. En plan surrealista, levantó el brazo en señal de despedida y dijo:

—Busquen a un ciego, péguenle una piña y compren mi disco... ¡Chau, loco!

La botella de agua que le habían acercado para calmarlo cobró carácter de misil de inmediato, sin tener en cuenta los consejos de los ambientalistas. Tras hacernos una seña, salimos del escenario como Maradona levantando la Copa del Mundo en 1986. Entretenidos y, seguramente, aliviados. Mientras tanto, sonaba por los parlantes su versión del Himno Nacional, aportándole algo estrambótico a la escena. Bajamos uno a uno por la rampa lateral. Detrás de una valla, algunos chicos que no habían podido entrar al concierto advirtieron su presencia al grito de “Charly, Charly”.

—¡Coman caviar! —fue la respuesta, dando por cerrada la fría noche sunchalense.

Varios millares de personas caminaban hacia las salidas, buscando rutas y calles en medio de las tinieblas, para regresar a sus hogares. Todo lo sucedido era fetish en estado puro y demostraba una complicidad casi masoquista de García con sus seguidores, y viceversa.

—Vamos, Charly, no te expongas —le dijo su asistente personal, tomándole el rostro y agregando otro “chuchi”, creyéndose a la par de los pensadores de Occidente.

Al mediodía, al despertar en el Campoalegre, escuchamos en medios locales maravillas sobre el Artista. Otros intentaron polemizar, habiéndolo visto “muy flaco” o “cerca del que era en su etapa caótica”. Alguno más imaginativo se refirió a sus “balances químicos, propios y externos”. Tras desayunar en el horario del almuerzo, fuimos encontrándonos ocasionalmente entre compañeros. Sentados en las mesas con manteles blancos del hall, comentamos los videos de Britney Spears que se emitían en uno de los televisores, y sobre lo efectivo de la modulación en ciertas canciones. “Michael Jackson era un especialista”, acotamos a coro. Por casualidad, se proyectaba en la pantalla el video de “We Are the World”: Stevie Wonder, Cyndi Lauper, Bruce Springsteen, Huey Lewis, Diana Ross, Tina Turner, Quincy Jones y el propio Michael aparecieron ante nuestros ojos desde el arcón de los recuerdos.
Terminada otra ronda de café con leche, dejé la propina y me dispuse a emprender el regreso. Fui a buscar la motocicleta al estacionamiento y la ubiqué delante del ingreso principal del hotel, sobre un piso de gravilla, para cargar mis pertenencias. En ese momento, como si se tratase de una película de enredos, Charly salió del lobby colmado de frenesí, acompañado por Mecha. Cámara en mano, balbuceando frases en inglés y esquivando con soltura un cenicero metálico, traspasó las puertas blancas vidriadas como quien merece una guardia de honor. Mientras, bajo un techo de hierros y telas “media sombra”, rodeado de plantas en macetas bermellón, ligustrinas y arbustos prolijamente recortados, yo colocaba el bandoneón en el top case givi. Los pájaros piaban a todo volumen. Al verlo llegar, temí que sonasen las alarmas de los automóviles estacionados cerca.

—Hello, friend —dijo al tiempo que filmaba todo a su alrededor, incluyéndome.
—¡Buen día, muchacho! —You are the famous reyrousewhatdemocrticrouss (ininteligible).
—¿Viste la máquina, Charly? —le dije para ordenar la conversación, señalando la BMW GS 650 negra y colocándome manga a manga la chaqueta roja.
—¿Tenés vodka? —ironizó, para agregar al observarla—: Llevame a dar una vueltita.

“Si algo le falta a esta estadía surreal, es una excursión con él como copiloto”, pensé casco en mano.

—Ah, ¿querés andar? ¿En serio? Bueno, pero por acá nomás, eh. ¡Esto puede ser muy gracioso! —atiné a decirle, tomando el manubrio con los guantes puestos.
—Avisame cuándo me subo —dijo como un alumno obediente, parado en posición de firme al lado del vehículo.
—Ahora... Dale... Guarda... ¡Despacio! Haciendo fuerza para sostener el equilibrio por su peso, y jurándome que solo daríamos un giro breve por la fuente rotonda, encendí el motor. El Artista estaba ubicado detrás de mí, pero no de la manera tradicional, sino con las dos piernas hacia el mismo lado, como las damas de antaño con grandes vestidos que montaban en la grupa del caballo, detrás del jinete.

Émulo de Stanley Kubrick, continuó registrando la escena, para gritar, entretenido:

—The famous Hells Angels! —haciendo referencia al club de motociclistas pandilleros estadounidenses que cobró notoriedad en el Altamont Speedway Free Festival de 1969, cuando fueron contratados como “seguridad” de The Rolling Stones y todo terminó con un homicidio y muchos desmanes.

Movilizándonos en círculo, a menos de veinte kilómetros por hora, torcí mi cabeza hacia él y le dije con la ingenuidad de un infante:

—Ahí creo que está, ¿no? ¿Volvemos? —Look at this beautiful castle! —retrucó señalando el hotel, sin el mínimo interés en bajarse, para agregar enseguida—: Oh, a colour guy!, al verlo al Negro, quien nos observaba desde el vestíbulo con una botella de agua mineral en la mano, lentes oscuros y sobretodo azul.
—¿Te acordás cuando te llevaba en la Honda 125 por los morros de Río de Janeiro? ¿Y cuando vos me llevabas a mí con tu ciclomotor Juki por las noches porteñas? —le comenté, para distraerlo.
—Seee, yo me acuerdo de todo. —Bueno, listo, Charly —agregué firme, antes de que fuese demasiado tarde.
—¿¿¿Lo qué??? Al menos, dame otra vuelta por la pileta también.
—¿Te parece? Qué hijjj... Pero agarrate, eh. —Seee, seee. No muy convencido, continué transitando por el predio a baja velocidad. Él parecía encantado. Mientras bordeábamos una cancha de fútbol, dijo desafiante:
—Okey, vamos a Buenos Aires. ¡Vayamos de una a la ruta, loco!
—Pero, muchacho, estamos a quinientos kilómetros —respondí, como si ese fuese el verdadero problema.

Valiéndome de algún artilugio o engaño, logré estacionar nuevamente frente al ingreso del Campoalegre. Mecha, el Negro y Daniela nos observaban inmóviles, no sin cierta preocupación. Al fin, el Artista depositó sus pies en la gravilla, gritando:

—We are the fucking Hells Angels!!!

 Mostraba una sonrisa diabólica bajo las gafas negras, que le quedaba bien. Un par de minutos después, apreté el embrague con la mano izquierda, pisé la palanca hacia la posición de primera con el pie, giré lentamente la mano derecha y aceleré hacia la carretera 34. Por los espejos retrovisores, podía observar su silueta. ¡Continuaba gesticulando como en un corto mudo de Charles Chaplin!
La aguja del velocímetro alcanzó los cien kilómetros por hora de crucero. El cielo ofrecía un celeste intenso, sin ninguna nube. Los verdes dominaban a cada lado del asfalto y el viento azotaba mi indumentaria intergaláctica con dureza. Algunas vacas y caballos pastaban a lo lejos, detrás de alambradas, indiferentes al rugir de La Idílica.
A mis espaldas, Sunchales se alejaba cada vez más. Pero esto apenas comenzaba.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Charly García en el carrousel de Vera

Esta vez es el turno del gran Charly García en el Carrousel.



En el Carrousel es el primer programa de televisión conducido por Vera Spinetta. Un encuentro informal entre la hija menor del Flaco y los mejores músicos de nuestro país, en un espacio elegido especialmente por ellos que busca lo íntimo y cómplice. Con toda su frescura, les pide que nos cuenten y nos canten esa canción que les cambió la vida. Ya pasaron de Invitados Ricardo Mollo, Fito Paez, León Gieco, Adriana Varela, Fernando Ruiz Díaz, Dante Spinetta, Pedro Aznar, entre otros.
Se transmite vía web o APP por la señal UN3 de la Universidad Nacional de Tres de Febrero.

LINK: http://un3.tv/programas/en-el-carrousel/

domingo, 7 de septiembre de 2014

CHARLY GARCÍA 60X60 EDICION VINILO GANADORA DEL PREMIO GARDEL 2014 COMO MEJOR COLECCION DE CATALOGO.

Alejandro Pont Lezica recibiendo el premio en nombre de Charly García en esa especial noche.

Gracias a todos por haber elegido 60x60. La propuesta de Charly de 3 shows diferentes con 60 canciones diferentes al cumplir 60. Un gran cantidad de personas trabajamos bajo su direccion en este proyecto: DON JUAN ALBERTO BADIA,
Dardo Ferrari, la grabacion del gran Pichon Dal Pont, la supervision de Joe Blaney,
La masterizacion de Ted Jenssen. La direccion de camaras de Luis Santos con el movil de Recordvision de Carlos Badia, la direccion de arte de Juan Claudio Negro Virginia Gallino y Gustavo Sidi. Las fotografias de Maxi Vernazza y Osvaldo Sayos. Jorge Vivona, GRACIELA BORGES,
The Prostitution con el Zorro Quintiero, El negro Garcia Lopez, Fernando Samalea, los chilenos Tonio, carlitos y Kiuge, Rosarito Ortega, las cuerdas : Alejandro Teran, Julian Gandara y Cristine Briebes.
Jimena Arce, La gente de Arcangel Maggio que trabajo especialmente en un disenio unico de packaging, La maravillosa gente de la EMI dirigidos por Ernesto Vicente. Con Charly Vazquez, Austin Barmak, Mariana Goffi, Daniel y las chicas. Y el vinilo con Alfredo Rosso y Claudio Kleiman en los liner notes y los DJ's con quienes comparti bandejas en la presentacion: Carlitos Alfonsin, Nico Cota y el Gato Peralta. Todo bajo la coordinacion de produccion de Mecha Inigo.
Caja de lujo, ediciones individuales, el LP especial que se hizo para ITunes y el vinilo. Y Martin Gallino que hizo unas fotos espectaculares para el vinylo de 60x60
Todos los formatos para mostrar una obra maravillosa que representa el talento, la creatividad, la genialidad y la belleza de la musica del maestro Charly Garcia.
Gracias a todos.

Por: Alejandro pont Lezica

jueves, 3 de julio de 2014

60 x 60 DE CHARLY GARCÍA NOMINADO A LOS PREMIOS GARDEL 2014

La última producción musical de Charly García, "60 X 60" compite en la categoria Mejor Colección de Catálogo.
Comparte terna con León Gieco por "Verdaderas Canciones de Amor", Mercedes Sosa con "Siempre en tí" y Lisandro Aristimuño por su "Trilogía Aniversario".

Hernán para cinema Verité.

lunes, 25 de noviembre de 2013

CHARLY GARCÍA HABLA DE SU SALUD DE SU PRÓXIMA PRESENTACIÓN Y DE COLOMBIA

Charly: "Dios está dentro de cada uno y no juzga ni castiga"


24/11/2013 | 08:17 En exclusiva con Cadena 3 dijo: "Líneas Paralelas es un espectáculo distinto a los de rock porque ya estaba un poco harto de eso". "Invito a los que quieran saber hasta dónde doy como músico".
Charly García se presenta el próximo sábado 30 en Orfeo Superdomo con su nuevo espectáculo "Líneas Paralelas-Artificio Imposible".
Tras su presentación en el Teatro Colón de la ciudad de Buenos Aires, Charly llegará a Córdoba en lo que será su única actuación en el interior del país.
Será con la misma orquesta que actuó en el Colón incluyendo también coros, su banda actual "The Prostitution", junto a artistas nacionales y extranjeros interpretando piezas especialmente escritas a la medida de cada uno. El espectáculo tiene una duración aproximada de 2 horas.
A días de su llegada a esta ciudad, el músico dialogó en exclusiva con Cadena 3 y contó de qué se trata este nuevo espectáculo. También repasó su relación con Palito Ortega y su concepción de Dios, además de las influencia que recibió su música a lo largo de su historia.
"Esta orquesta que armé es una novedad porque no es un grupo de rock sino que es la integración de instrumentos acústicos y clásicos con instrumentos que generan música por electricidad", definió el músico.
"Es la amalgama de dos máquinas: la máquina que inventó el tipo que hizo el Colón que tiene mil vericuetos por donde pasa la música y cómo se juntó con la electricidad y lo hizo de una manera impresionante".
Charly contó que cuando presentó este espectáculo en el Teatro Colón "se escucharon timbres o tonos que no se escuchan muy a menudo". "Estoy muy conforme cómo salió la ejecución y cómo los músicos se lo tomaron con respeto".
Charly también percibió que en esa amalgama de clásicos y rockeros "no hubo canchereadas del tipo: 'vos no sabés de música y yo sí, o yo te saco la partitura y vos no tocás nada'".
"Los músicos clásicos conocían perfecto mi música", contó Charly y señaló que Líneas Paralelas tiene "elementos subliminales o subtextos como se dice en teatro o cine".
"Además una concepción de espectáculo distinta al rock, porque yo estaba un poco harto de eso".
"Estaba un poco harto que todos los shows de rock son iguales, ahora es más coreografía que otra otra cosa"."Esto sale del cliché, y además tiene cosas teatrales", dijo.
En ese sentido, destacó la presencia de Jean Francois Casanova "que en escena representa la tercera, que es la nota que traté de usar poco para dar espacio a que en Líneas Paralelas haya silencio y él representa ese nota".
"Es re lindo y lo vamos a hacer con todo en Córdoba, porque Palazzo es muy fan mío y le va a poner todo", señaló Charly.
"Hay 50 artistas en el escenario. Es algo nuevo que como músico me llena de orgullo", agregó.
Charly también contó que como dirige la orquesta tocará en una especie de púlpito para no quedar de espalda al público.
El artista habló casi con devoción de sus músicos y de esta orquesta: "Cada uno sabe su parte, de oído o por partitura". "Cada uno genera su propio sonido, no hay masa, sino individualidades y como espectador podés identificar quién está tocando qué cosa", agregó.
Consultado sobre si está componiendo en este momento, Charly señaló: "A mí me parece que esto que hice en el Colón y esta obra me va a dar o ya me dio las pautas de un camino diferente".
"También pienso que cuando componés 500 canciones que son según me parece a mí, buenas, llega un momento en que decís: ¿y ahora qué hago?"."Me dan ganas de escribir un libro, como lo hice, o hacer una película". Sin embargo señaló: "El formato de la canción es espectacular, divino".
Charly contó que su forma de hacer música está influenciada por Los Beatles. "Los Beatles tienen otra forma de llegar a la gente", dijo Charly y en ese sentido explicó: "Voy a tratar de derribar prejuicios y no quedarme con el gancho de la canción".
También consideró que la composición "es una mezcla de alma, corazón y mente. Eso mucho no se puede dominar"."Podés estudiar y tener más elementos para hacer que tu obra sea más perfecta entre comillas", dijo Charly.
Y contó que por ejemplo Bob Dylan "no escribe música, pero lo que hace es arte". "Hay mil formas de llegar a lo que uno quiere expresar, que es lo que realmente quiero". "Quiero expresar algo que salga de esa alma que tenemos los seres humanos, que te conmueva y te cambie algo".
Charly dijo que el mejor resultado del artes "es que te quede algo". De esas 500 canciones que compuso, Charly dice que de algunas se acuerda con precisión matemática dónde y cuándo las compuso.
"Me acuerdo de muchas, como por ejemplo Aprendizaje. Ya habíamos hecho un hit que fue Canción para mi muerte y la compañía nos pedía otro hit. Me dije: ¿cómo será ese simple, otro estilo? No, me dije y un poco la calculé y la hice en 10 minutos y me salió bárbara".
Sobre Líneas Paralelas Charly dice que "tiene un vuelo y una ambición musical y poética que hace que las canciones tengan otro significado". Por eso invitó especialmente "al oyente casual". "Invito a los que quieran saber hasta donde doy yo como músico", desafió.
Sobre sus influencias musicales, Charly dijo que además de Los Beatles le gusta el tango "pero cuando suena en mi cabeza". "No me gusta cómo suena cuando se graba", agregó.
En ese sentido dijo que "el rock argentino no se inventó solo, porque yo soy parte del rock argentino y las influencias que tuve vienen del tango, como el rock viene del blues que lo hacían negros en algodonales", explicó. Charly contó que su madre tenía un programa en radio y televisión sobre tango y folklore y "muchas veces" los músicos iban a ensayar a su casa. "Así conocí a Mercedes Sosa y a Juan Falú", apuntó.
"No reniego para nada de la historia musical argentina, al contrario", indicó Charly. "Por otro lado está el rock, que se mezcló con eso y el resultado soy yo", señaló.
A pesar de la estatura musical de Charly, no duda en invitar una y otra vez a la gente a Líneas Paralelas: "Esta vez vayan porque se van a encontrar con algo que los va a sorprender".
Charly también se pregunta "hasta dónde uno tiene una idea y la realiza sin corazón". Y reflexiona: "Sin una cosa no tiene la otra".
El músico también dijo que no cree que "Dios esté afuera mirando y juzgando o que haya premio o castigo". "Dios está dentro de cada uno de nosotros", diferenció. "El ser humano ante la imposibilidad de definir qué es eso que tenemos dentro construye mitos y religiones, para sacarse el peso de encima".
"Pienso que esa cruza de mentes y corazón y alma es lo que hace que uno tenga apetitos un poco más sofisticados que los animales por ejemplo", reflexionó. "Dios está dentro de uno, y cada uno lo tiene. No es una cosa mágica o que se pueda poner en una tabla y que diga cosas como 'No desearás la mujer de tu prójimo'".
Sobre su formación musical, contó que la primera vez que tocó en público "tenía 4 o 5 años y toqué Claro de Luna de Beethoven".  "A los 12 años ya era maestro de piano. Por eso el Colón no era un ambiente del todo extraño para mí. Lo que me separó de ese unvierso fue la imposibilidad de componer", dijo.
"No porque no pudiera sino porque generalmente todos los profesores de música clásica te dicen: no compongas, tocá lo que está escrito porque la composición es para los genios y no para los pelotudos".
Charly dijo que existe una idea un poco masoquista sobre componer música: "Parece que uno tiene que sufrir para liberar el espíritu y así componer". "Creo que se puede componer y ser feliz", señaló.
"Por supuesto no se puede ser feliz todo el tiempo porque nadie lo ha hecho y si lo hace se parece más a la boludez que a la felicidad", consideró.
Volviendo a sus influencias y a la música, evocó siempre a Los Beatles: "Creo que lo que hizo a los Beatles tan importantes fue que pararon con una tradición, que era: si querés ser cantante, como Elvis por ejemplo, tenías que ser lindo, tener una buena voz, gente que te vistiera y te compusiera las canciones".
"Y Los Beatles hacían todo solos", dijo. "Me di cuenta que me habían mentido mucho en cuanto a muchas cosas y que tenía la posiblidad de liberarme de viejas ataduras y componer y expresarme".
Cuando presentó Líneas Paralelas en el Colón, en las calles porteñas próximas al Coliseo mayor de la Argentina se desarrollaba una importante movilización. "Creo que el mayor logro, de Líneas Paralelas fue que hubo una cosa general que provenía de la música y unía a la gente que por un rato se olvidó del peronsimo del macrismo y de todo".
Charly también señaló que existe la creencia de que todo "sale de la TV y que todo es política". "Y las cosas realmente importante se pasan de largo", reflexionó. Dijo que un ex Presidente que votó y del que luego se hizo amigo le hizo el siguiente planteo: Charly, el poder lo tenés vos. Yo para tener poder tuve que convencer a la gente". "¿Quién se acuerda del ministo de Economía de Beethoven?, nadie".
"El poder es la cosas que te vienen del corazón, no el convencer a la gente como dice Kennedy", indicó.


Palito Ortega
Charly García se mostró muy feliz por el Grammy a la Excelencia Musical que recibió el pasado jueves.
El artista consideró al intérprete de “La Felicidad” como parte de la historia de la música argentina.
“ Lo que hizo, te guste o no, es parte de la historia. Una canción puede tener un mensaje que no te guste y dentro de su infinita simpleza tiene esas notas que te tocan algo del cerebro. Está muy bien que se lo hayan dado -al Grammy- a él”, celebró.
García rescató también la fórmula que utiliza el cantante tucumano para crear éxitos.
“Su método es como cuando clavás un clavo: le da a la cabeza y lo mete dentro. Se deshace de las cosas periféricas y va al grano. Lo que digo no es objetivo porque lo quiero mucho”, confesó.
Y continuó: “Es un tipo que se inventó solo. Imaginate en Tucumán, que no era ni pueblo en aquella época y cómo a él le llegó la música y la visión que tuvo”. 

Por: Sergio Zuliani.
Fuente: cadena 3
Escuchar audio de la nota: Aquí

Charly García: "No tuve que ganar votos para que me elijan"

Charly García cuenta que está bien y analiza el espectáculo “Líneas paralelas, artificio imposible”, que trae al Orfeo. Dice que no tiene una ideología precisa y que el arte es menos corruptible que la política.

24/11/2013. Charly García ofrecerá el sábado en el Orfeo el mismo espectáculo que estrenó en el Colón y que postergó en Bogotá por un pico de tensión. Se trata de Líneas paralelas, artificio imposible, que, según él mismo, "no le rinde pleitesía a la música clásica" ni significa un "episodio sinfónico" en su obra aterciopelada y popular al mismo tiempo.
Pero primero lo primero, ¿qué tan bien está de salud? ¿Qué tanto hay que preocuparse por su estado? "No pasó nada", asegura García desde su hogar porteño. "En todo caso, preocupate porque encontré la fórmula de ir con 200 músicos y no tocar. No pasó nada, en serio. Se empeñaron en que tenía algo y en el hospital me terminaron pidiendo miles de autógrafos. Ese fue el fin, muy cholulo todo. Muchos exámenes que no llevaban a ningún lado, porque yo me sentía fenómeno", detalla.

-¿Vas a volver?
-Cuando baje un poco altura, cuando me manden al piso uno y no al 24, vuelvo. Me encanta Bogotá, a pesar de todas estas peripecias.

Volviendo a Líneas paralelas, artificio imposible, García espera que no se confunda su oferta con la magnificencia del rock sinfónico: "A mí me afectó positivamente ese tipo de rock, que se caracterizó por grupos grandes, con mucho teclados. Era la época 'progresiva', donde la música no tenía ninguna ambición comercial y los temas duraban muchísimo. Un disco podía ser un solo tema. Y todo fue grandísimo hasta que el punk fosilizó la movida y se acabó".
"Por la propia corte, los grupos se volvieron re Luis XV. Y fue así hasta que los punks les pegaron un patadón en el culo y Rick Wakeman se tuvo que sacar la capita –complementa–. Bueno, más que eso, Líneas paralelas es una nueva forma de grupo orquestal. No le rinde pleitesía a la música clásica. Si bien en todos mis discos hay una referencia a ese mundo, en este show traté de cambiar las armonías clásicas, mayores y menores, para hacer una cosa más abierta, con armonías más fáciles, todo será más minimalista".

-Finalmente, desististe de adaptar tu obra a los modos de una orquesta sinfónica.
-No quise trabajar con 50 músicos porque me hubiera vuelto loco. Preferí trabajar con un grupo de cuerdas al estilo de los Beatles en Sargeant Pepper. Fusionar la madera, la armonía un poco primitiva de antes del Renacimiento o del Renacimiento mismo, con la armonía eléctrica de los Beatles. Cuando una cosa está bien construida, y no tiene nada que moleste, se puede conjugar muy bien todo: los sintetizadores, el sonido orgánico de una formación de rock y la de otra de carácter más clásico. Estoy contento.

-También usás varios iPad…
-(Interrumpe) ¡¡¡Sí!!! Porque al sumar esa tecnología, que puede emular lo que quieras, a instrumentos de verdad, sólo lográs darle mayor margen a la fantasía. Y cuento con otro aspecto a favor: los músicos de formación clásica que acompañan a The Prostitution, que forman un cuerpo al que he dado en llamar Kashmir, como el tema de Zeppelin,  no tienen la pretensión de esnobista de tocarse todo, ni nos miran con esa onda “ustedes no saben ejecutar”. Es más, un día nosotros le sacamos la partitura y le dijimos “ahora toquen ustedes a ver qué onda”.  Y pelaron.  Es gente muy armónica.

-Te iba a preguntar, a propósito de tu entusiasmo por el uso del iPad, cómo está tu relación con los adelantos tecnológicos. Y cómo fue ésta en el pasado.
-Mi relación con la tecnología siempre fue fluida, pero estuvo basada en la exploración, en tocar botones. Nunca me puse a leer los manuales. Con el iPad me pasó exactamente lo mismo. Bueno, sacale la metáfora de los botones.

-Tu historia dice que a los cuatro años ya dabas conciertos bajo la supervisión de tu profesora de piano, Julieta Sandoval. Y que en el medio de obras de Chopin metías tus propios movimientos. Ya de movida trascendías lo clásico.
-Ofrecía un concierto por año en el Conservatorio. Todo era muy pituco… De alguna manera, fui famoso desde chico, me traían flores y qué se yo. Tenía 4 años cuando empecé a estudiar. La sensación de estar frente a una página e interpretar al piano lo que tenía impreso, fue algo que me volvió loco… Pero otras partes de la música clásica que no me gustaron mucho.

-¿Cuáles?
-Las que tenían que ver con la onda cristianismo y la era victoriana, con los músicos tocando con peluca mientras en la cocina trabajaban negros esclavizados. Por eso le dediqué en “Líneas paralelas” algunos guiños a la percusión. Reproduzco una línea de Bonham para que Toño (Silva) y (Fernando) Samalea hagan un contrapunto. Quedó muy bueno el recurso. Si bien está presente en la música clásica, el ritmo no tiene en ésta la predominancia que adquiere en la música popular. ¿Por qué? Porque es de negro.

-Tu formación clásica, ¿te hizo dar pudor a la hora de componer una composición pop, simple, sin demasiadas vueltas?
-A los cuatro años estrené Para Elisa de Beethoven y, de haber seguido en esos términos, podría haberme convertido en Bruno Gelber. El tiempo me hizo dar cuenta que hacer un par de movimientos rinde más que tener buena digitación. Los Beatles hicieron el resto.

De los Beatles, el que pasó por Argentina semanas atrás fue Ringo Starr. Y como pudimos atestiguar también en el Orfeo, lo hizo con su habitual banda de notables que, entre otros, destaca al norteamericano Todd Rundgren, otra leyenda del rock que García supo asimilar. En rigor, Charly fue más allá de la mera evocación en este caso, ya que de Rundgren tomó su Influenza para adaptarla a nuestro idioma y recrearla en una versión menos pletórica de sintetizadores. Y no se quedó ahí, el disco que contiene la relectura se llama Influencia y cuando reunió a Sui Generis para la época de Sinfonía para adolescentes se animó a interpretar otro clásico de Todd: Can we still be friends.
Así que, por estos días, García tuvo en su ciudad al baterista del grupo que le cambió la vida y al músico y productor que compuso uno de las canciones que más positivamente lo afectó, además de permitirle interpretar lo que supone quedar subyugado por algo o por alguien.

-¿Habrá capitalizado la cercanía? 
-Claro. Le conté de mi admiración y de su influencia. Y nos hicimos amigos. Tanto, que me invitó a bailar un tango. Bailé un tango con Todd Rundgren. Y en un momento de la milonga llega Ringo y Todd me lo presenta. Y resulta que Ringo es buena onda también.

-¿Te sentís un par de semejantes figuras?
-(Piensa) Sí, me siento un par, aunque sin perder de vista la relevancia de la obra de cada uno de ellos. En mi vida, sin ir más lejos, fue importantísima.

-En "Líneas paralelas, artificio imposible" recuperás piezas de "Pubis angelical", tu banda de sonido para el filme homónimo. ¿No sentís que te quedaste corto en ese aspecto, que podrías haber hecho más músicas de películas?
-Pero las veces que me tocó, lo hice muy bien. Ya no hay directores como De la Torre, con los que puedas desarrollar los acentos dramáticos de un relato. También hice Lo que vendrá (Gustavo Mosquera), pero este trabajo fue más ambient, texturado.

-Pensaba en que sos una de las pocas celebrities que todavía no fue al Vaticano para ser bendecido por el papa argentino.
-Es demasiado tarde para bendiciones. Lo haría por la simpatía que despierta el personaje, en todo caso.

-¿Pero acaso en la cultura rock no se tiene simpatía por el demonio?
-Los tratos con Dios son más complejos. Todo bien con los Stones, pero es así como yo te lo digo.

-En los últimos tiempos, hay un debate sobre para quién tocan los músicos populares. Pero vos tocaste para el gobierno nacional, Macri te cedió el Colón, en Córdoba te presentaste para los 400 años de la UNC y para una movida de De la Sota. ¿Qué onda?
-Tengo simpatía por Cristina y Macri se portó muy bien conmigo porque me cedió el Colón para hacer esta obra para hacer esta obra que era complicada de hacer en otro lado. No tengo una ideología muy precisa… Sólo entiendo que en la corrupción es casi inevitable en la política, porque se negocia demasiado en la construcción del poder, se negocia demasiado para conseguirlo. A De La Sota ni siquiera lo conozco, pero sí sé que tengo más poder que él, porque el mundo de las artes es menos corruptible y no tuve que ganar votos o convencer a las personas para que me elijan. Toco si me convocan, y si no traiciono ninguna convicción personal.

Por: Germán Arrascaeta
Fuente: La voz del interior

viernes, 3 de mayo de 2013

CHARLY GARCÍA EN ROSARIO EL 20 DE JUNIO EN EL CLUB BROWN

El genio del rock en español llega a Rosario con un increíble show donde recorrerá su carrera. Charly viene del lanzamiento de una versión doble en vinilo de 60x60 y esta preparando un show especialmente pensado para ser lucido en el teatro Colon.

CHARLY GARCIA se presenta el jueves 20 de junio desde las 22 hs. en el recientemente inaugurado Club Brown. Las entradas estarán próximamente a la venta.


El Club Brown
Es un nuevo espacio en la ciudad de Rosario y está ubicado en pleno corazón de Barrio Pichincha en Francia y Brown.  El salón posee una capacidad de 2500 personas con un escenario fijo de gran tamaño (de 12 x 8mts), equipado con luces y sonido de última tecnología con un tratamiento acústico especial para que el sonido sea de excelencia.
También, por si alguien quiere salir a tomar aire, posee 2 patios acondicionados para poder disfrutar del aire libre mientras se desarrolla el show con barras de venta de bebidas y gastronomía, wi fi y ambiente climatizados entre otras características.
Cuenta además con estacionamiento exclusivo para automóviles y motos.

Hernán para Cinema Verité

miércoles, 17 de abril de 2013

NOSTALGIA POR LOS DÍAS DE VINILO


Anoche, en Niceto, García presentó la versión en vinilo doble de su álbum en vivo “60 x 60”. Y reivindicó con pasión el formato.

Impuntual, al mejor estilo Charly García, el músico presentó ayer en Niceto su trabajo discográfico 60 x 60, en versión vinilo. El disco (doble) es una recopilación de lo registrado en sus últimos shows en el Gran Rex, a fines del año pasado coincidiendo con sus 60 años (Ver Una experiencia física ). Lo que faltaba, la versión vinilo, llegó rodeada de una apología del formato.
Con una hora y media de retraso, Charly apareció en el encuentro bautizado Vinylo (sic) a bordo de una limousina negra. Vestido de pies a cabeza del mismo color, con moño y sombrero, estuvo acompañado por Rosario Ortega, el Zorrito von Quintiero y el Negro García López, y escoltado en una moto por Fernando Samalea.
Un documental en blanco y negro, de diez minutos, realizado en los años ‘50 por la BBC -que se proyectó sobre el escenario- explicó el proceso de fabricación de los discos de vinilo. Enseguida, Dala, el hijo de Juanse, subió al escenario y contó un rito: “Nos juntamos en la casa de Charly a escuchar discos alrededor del aparato”, dijo. Algo que, seguramente, no sucede con la música digital.
Después, fue el turno de los DJ’s que, se apoderaron del escenario para hacer lo suyo. De traje y cada uno con su bandeja, Carlos Alfonsín, Cristian Peralta, Nico Cota y Alejandro Pont Lezica, referentes de su profesión, hicieron sonar Esos raros peinados nuevos, Influencia, Promesas sobre el bidet, Funky, Asesíname, El día que apagaron la luz mientras uno de ellos leía datos técnicos del disco de García. Entre el público estuvieron Fito Páez, Palito Ortega y Vera Spinetta.
Finalmente, a las 21.20, Charly salió al escenario e instalado en un sillón antiguo se explayó: “Estoy muy contento, en serio, por haber podido salir de una habitación chiquita y tener todo el jardín para recorrer y flores para decorar la tierra. Sobre todo, el vinilo que fue como se conoció la música”. Y ahí nomás hizo su gran oda al formato. “Es una satisfacción poder volver a hacer discos porque era un plomo ir con el CD a casa y que sonara como una milanesa napolitana. Cuando tenía 5 años, tenía un Winco y no podía creer que se escuchara, así, sin electricidad”.
Charly recordó que su primera guitarra eléctrica se la fabricó él mismo con una púa del tocadiscos y una ballenita. “El principio del vinilo es simple: tirás una nota, transmitís vibración y después se escucha prácticamente lo mismo. Recomiendo que se consigan vinilos para volver a escuchar la calidad de la música”. Antes de irse, Charly hizo sonar en el tocadiscos que llevó de su casa, Figuración, de Almendra. Y la música inundó el aire.

EL DISCO
Una experiencia física

Para los sobres de los tres CD de la caja 60 x 60, en la que registró los conciertos de celebración de sus 60 años, Charly García pensó –o aprobó el diseño- réplicas de tapas de long play. Y en línea con eso, los lados impresos de los discos compactos estuvieron inspirados en los viejos centros de los LP.
Sin embargo, por suerte parece que al músico, declarado amante del vinilo, no le alcanzó con ir hasta ahí nomás, y 41 años después de la edición de su primer larga duración (Vida) parió uno nuevo, doble, que recopila una selección de las 57 pistas del box, que incluía además tres DVD. Aunque esta vez, sin libro ni póster.
“El vinilo te daba un contacto físico y visceral con la música”, escribió el periodista Alfredo Rosso en el interior de la tapa, al describir la posibilidad de “explorar” el disco ubicando la púa en el lugar preciso, “agarrando el brazo por el borde para cambiar de canción”. Un movimiento que exigía un compromiso y una habilidad infinitamente mayor que la de apretar un botoncito y mirar el paso de numeritos de ángulos rectos en un display.
Pero esa experiencia física se extiende al modo en que los sonidos salen de esos surcos, al contrastarlos con los que salen de los CDs. Porque la manera en que los bajos se adueñan del espacio y someten las estridencias a su voluntad en Yendo de la cama al living, la manera en que las impurezas humanizan la sonoridad de la Canción de 2 x 3, o en que las guitarras atacan en La sal no sala, marcan diferencia. Es irremediable comparar el 60 x 60 en relieve sobre fondo negro, con el The Bea-tles de la tapa del Album Blanco. O disponer, entre pista y pista, de un par de segundos de silencio. Pero no es sólo eso. Aún haciendo abstracción de esos condicionantes, los temas suenan distinto.
En total, García eligió 16.
Cerca de la revolución, Influencia, Asesíname, Rezo por vos, El día que apagaron la luz y Tango en segunda, enganchado con El amor espera, entre otros, para resumir el recorrido que el músico hizo por su carrera durante aquellas nueve noches de Gran Rex junto a su banda, The Prostitution.
Y se guardó, para el cierre del cuarto lado (B del LP 2), una “versión maravillizada” de Desarma y sangra que lo muestra al desnudo, con su voz quebrada, su dicción empastada, frases superpuestas y texturas apiladas, en un gesto de honestidad estética que conmueve tanto como abruma.

Por: Eduardo Slusarczuk
Fuete: Clarín

martes, 16 de abril de 2013

CHARLY GARCÍA PRESENTÓ EN CONFERENCIA DE PRENSA SU NUEVO VINILO “60 X 60”



Charly García se hizo esperar;  llegó a la conferencia de prensa (que el mismo había pautado a las 19) para presentar su nuevo disco en “vinylo” 60x60, con dos horas de retraso.
Para calmar las ansias de los presentes, entre los que se encontraban Fito Páez y Palito Ortega, se pudo escuchar en la sala antes de la llegada de García partes del long play (término que parece, volvió para quedarse).
Mientras en el escenario de Niceto club descansaban un sillón y una mesa estilo barroco sobre la cual estaba dispuesto un “toca discos” y un micrófono muy vintage.
Finalmente tras pasear por el barrio porteño de Palermo en su limosina el músico llegó acompañado de su guitarrista el “Negro” García López y su tecladista el “Zorrito” Quintiero.
 De muy buen humor, sombrero negro y lentes oscuros le dedico el disco a los Beatles “que grabaron Sargent Pepper, que es el mejor vinilo de la historia" afirmó.
Entre otras declaraciones contó que la primera guitarra eléctrica la hizo con un vinilo (?) y recomendó al público  “a conseguirse un vinilo para reencontrarse con la calidez de la música”. En un momento de la presentación, ante la pregunta de un periodista sobre si su obra se reeditaría en vinilo, respondió que "si te dan ganas que salgan mis discos en vinilos, andá y proponele eso a la discográfica" lo que provoco la risa de los concurrentes.
Sobre su actualidad dijo estar muy contento de “salir de una habitación chiquita, una especie de cárcel, y tener todo un jardín”. Y sobre su futuro artístico adelantó algo de lo que serán sus presentaciones con orquesta en el teatro Colon en septiembre: "estoy haciendo una suite que va a tener pedazos de temas que hice de adolescente sin la tercera. Concepto, matemática y física, algo nuevo".

Hernán para Cinema Verité

martes, 26 de marzo de 2013

FITO PAEZ FESTEJÓ SUS 50 AÑOS JUNTO A CHARLY GARCÍA, QUE LE REGALÓ EL VINILO DE 60 X 60.



El miércoles 13, Fito Páez cumplió 50 años y, al día siguiente, lo celebró en el resto Lowlands, en el barrio  porteño de Belgrano. Allí se dieron cita varios de sus amigos, como Gastón y Nicolás Pauls, Charly García y su novia, Mercedes Iñigo, Leonora Balcarce, Julieta Cardinali, Sofía Gala, Bebe Contepomi, algunos compañeros de su novia, Daniel Tognetti y Emilia Claudeville, su ex mujer Cecilia Roth, entre otros. Y su novia, Julia Mengolini.
Charly aprovechó la ocasión para regalarle a Fito su última producción discográfica, una edición doble en vinilo de “60 x 60”.


Zapada.
La fiesta transcurrió muy relajada y ambientada primero con música nacional y luego brasileña. Después, la pista se llenó al ritmo de The Who y The Rolling Stones, entre otros. “Luego del baile, Charly García y Fito subieron a zapar unos temas, ¡Un lujo! Se quedaron tocando hasta bien tarde canciones de jazz y hasta de Spinetta”, contó un invitado.

martes, 12 de marzo de 2013

ADELANTO LISTA DE TEMAS DEL VINILO DOBLE 60 X 60 DE CHARLY GARCÍA



Disco 1

Lado A
01. Cerca de la Revolución
02. Anhedonia
03. La sal no sala
04. Influencia

Lado B
01. Tango en segunda/El amor espera
02. Asesíname
03. Necesito tu amor
04. Me siento mucho mejor


Disco 2

Lado A
01. Rezo por vos
02. Fanky
03. Promesas sobre el bidet
04. Yendo de la cama al living
05. El día que apagaron la luz

Lado B
01. Eiti Leda
02. Canción de 2 x 3
03. Raros peinados nuevos
04. Desarma y Sangra (versión Maravillizada)

jueves, 24 de enero de 2013

60 X 60 EN LA PANTALLA GRANDE - SOLO POR ESTE FIN DE SEMANA CHARLY GARCÍA EN EL CINE DEL CENTRO CULTURAL BORGES



Este fin de semana se estrenará en la cartelera del Centro Cultural Borges el DVD 60x60, último material que lanzó Charly García.
Durante tres noches consecutivas se emitirán las tres partes que integran el DVD que rescata tres shows que Charly y su banda brindaron en el año 2011 en el Teatro Gran Rex de Capital Federal.
El viernes se proyectará "La vanguardia es así", el sábado "Detrás de las paredes" y el domingo "El ángel vigía".
Todas las funciones comienzan a las 19 hs. en el Centro Cultural Borges ubicado en Viamonte 500, Buenos Aires.
Valor de la entrada por función: $30.-

Hernán para Cinema Verité

viernes, 7 de diciembre de 2012

CHARLY GARCÍA Y SU DIMENSIÓN DESCONOCIDA EN EL LUNA PARK



Basado en la serie estrenada en 1959, el músico presentó anoche, en un Luna Park repleto, su propia Dimensión desconocida. Con una puesta escenográfica, lumínica y de vestuario anclada en unas cinco décadas atrás -de los ‘60 a los ‘50, parece haber sido la consigna- García volvió a Bouchard y Corrientes por última vez en el año, para recorrer, una vez más, una parte de sus grandes éxitos, más alguna perla olvidada de su larga trayectoria.
Acompañado por sus leales compañeros de ruta de The Prostitution, abrió el show con la vieja Tango en segunda, después de la proyección de imágenes -a modo de presentación- de la tira protagonizada por Rod Serling, donde Charly hizo un dueto telefónico con Marilyn Mason. Enseguida, vinieron con El amor espera, Promesas sobre el bidet, Pasajera en trance, I Not in Love, Vicio, Pecado Mortal. Luego, apareció como invitado especial Nito Mestre, juntos tocaron Instituciones y El día que apagaron la luz.
Sobre el encuentro Nito dijo: Muy bueno el show de Charly de anoche en el Luna Park, pasamos un muy buen momento hablando un rato y luego cantando un par de temas, casi un "regalito de fin de año" a los que nos pusieron donde estamos; Ustedes!!! Gracias!
Además del “revival” de Sui Generis y, para delirio del público, sonó “Marylin, la cenicienta y las mujeres” un tema de la maquina de hacer pajaros, la banda que Charly armó tras su separación de Sui Generis.


Lista de temas

01-Tango en segunda
02-El amor espera
03-Rezo por vos
04-Promesas sobre el bidet
05-Pasajera en trance
06-I'm not in love
07-Tu vicio
08-Nos siguen pegando abajo
09-El día que apagaron la luz (Con Nito Mestre)
10-Instituciones (Con Nito Mestre)
11-Ojos de video tape
12-Anhedonia
13-Canción de 2x3
14-Asesíname
15-Venus
16-Cerca de la revolución
17-Rock and roll yo
18-Yendo de la cama al living
19-Despertar de mambo
20-Marilyn, la cenicienta y las mujeres
21-Intro de Cinema verité
22-Plateado sobre plateado
23-Influencia
24-20 trajes verdes
25-Los dinosaurios
26-No toquen
27-Fanky
28-Piano bar
29-Eiti leda

Fuente: Clarín/Facebook
Foto: Flor Caputo

lunes, 26 de noviembre de 2012

CHARLY GARCÍA Y FITO PAEZ EN CORRIENTES, UN MOUNSTRO DE DOS CABEZAS


Alrededor de 10 mil personas disfrutaron del recital más esperado del año. Cinco horas de los clásicos del rock nacional que conmovieron a cuatro generaciones.

El acercamiento ya venía anticipándose hace tiempo, un par de recitales en el Gran Rex en 2011, una canción compartida hace unas semanas en un festival al aire libre, el Quilmes Rock, una larga gira recorriendo de orilla a orilla el disco más vendido de la historia del rock argentina, y un reencuentro con el escenario del tótem del rock nacional que fue lento, polémico pero lleno genialidad.
Todo, absolutamente todo fue una preparación para el impresionante show que el sábado a la noche dieron Charly García y Fito Páez, separados y juntos, durante más de cinco horas, en el anfiteatro Cocomarola de Corrientes. Una noche, dos shows, dos leyendas. Por una vez, la publicidad cumplió su promesa. Fue la historia y la actualidad del rock nacional en una noche.

El amor después del amor
Muy pocos minutos después de las 21.30, comenzaron a escucharse los acordes de “El amor después del amor” de la mano de la banda del rosarino. Fito se hizo esperar y apareció sobre el escenario con un traje negro con parches de cuero, los rulos revueltos y un saludo para la ciudad que lo recibió por segunda vez en dos años.
De allí en adelante, casi sin respirar, atravesó de punta a punta el disco “El amor después del amor”, acompañado por algunas presencias virtuales como Celeste Carballo, Fabi Cantilo y Mercedes Sosa. También se hicieron notar todos los integrantes de la banda, los jóvenes músicos Diego Olivero, Juan Absatz, Dizzy Espeche y Gastón Baremberg; pero sin dudas se destacó la voz aterciopelada, profunda y potente de la cantante colombiana Adriana Ferrer.
Una pausa emotiva a la vorágine del show fue “Pétalo de sal”, oportunidad en la que Fito recordó al Flaco Spinetta y, perdida al final de la canción, apareció esa hermosa voz que tanto se extraña. Luego continuaría con “Sasha, Sissí y el círculo de baba” y en las pantallas replicándose el video que la tenía a Cecilia Roth como protagonista.
Lo cierto es que más allá de la efectividad y la solvencia para tocar el disco casi de memoria, algunos temas -tal vez los menos populares- no mostraban toda la producción escénica que estuvo presente en otros lugares del país. Lo que lo sacó de la vorágine en la que venía embalado, fue “Un vestido y un amor”; donde escuchó unos acordes desprolijos. Ahí bajó un cambio, se acomodó los rulos y con unas señas siguió sin tregua hasta agotar el disco. Con “A rodar la vida” cerró la primera parte del show. El disco dura 59.28 minutos y Fito lo hizo en 68 minutos. Lo que se dice, un rockero cronometrado.
Se tomó un breve impasse. Se quitó el saco y reapareció en escena con una remera blanca. Más relajado, tranquilo y dispuesto. Y comenzó otra especie de disfrute. Cantó “11 y 6” acompañado por las 10 mil personas que coreaban ese hermoso tema de “Giros”. Luego vendrían “Circo beat”, “Polaroid de locura ordinaria” y el explosivo cierre con “Mariposa tecnicolor”.

60 x 60
Se apagaron las luces y anunciaron que se necesitaba al menos media hora para montar la segunda parte del espectáculo. Los arreglos se hicieron rápido, mientras la cerveza se escurría y toda la puesta teatral del principal referente de la historia del rock argentino, hacía su ingreso al escenario Sosa Cordero. Y así de teatral fue su entrada. Juguetón, divertido y extrovertido, Charly García retornó al Cocomarola, sólo un año y medio después de su última presentación.
Con guardapolvo de obrero, unas calzas azul eléctrico y su clásica banda “Say no more” en el brazo, tocó durante casi dos horas algunos de los temas que forman parte del triple box “60x60”, que recopila parte de su carrera en la trilogía “La vanguardia es así”, “Detrás de las paredes” y “El ángel vigía”. Este concierto que se viene repitiendo en distintos puntos del país es una celebración a sus seis décadas de vida, y también un poco a su muerte y resurrección. El mismo se encargó toda la noche de dictar titulares. Con ironía habló de su “recuperación”, de que “se lo ve bien, lúcido” y toda una ristra de frases para divertir(se) con (y de) el público.
La banda The Prostitution acompañó a Charly con instrumentos de orquesta que incluyen bandoneón, violines y una variada gama de elementos de percusión, que incluían a un maniquí. Juntos repasaron temas como “Demoliendo hoteles”, “Yendo de la cama al living”, “Influencia”, “Vicio” y “La grasa de las capitales”, atravesando toda la discografía desde Nito Mestre hasta “Asesíname”.

Juntos
Para cerrar el recital, cerca de las 2 de la mañana, Charly y Fito salieron juntos al escenario con todos los músicos de ambas bandas, e interpretaron “Desarma y sangra”, “Ciudad de pobres corazones”, “No se va a llamar mi amor”, “Cerca de la revolución”, “Fanky” y “Canción para mi muerte”. Y los aliados se fueron todos contentos.

Vuelven
El 15 de diciembre se vuelven a presentar juntos en Neuquen. Toda la info AQUÍ.

Fuente: EL LITORAL

lunes, 19 de noviembre de 2012

CHARLY GARCÍA Y FITO PÁEZ JUNTOS EN NEUQUÉN, ENTRADAS EN VENTA!!!


Sábado 15 Diciembre 20:00 hs, Neuquén - Espacio Duam

El día sábado 15 de diciembre a las 20 hs se presentar Charly García y Fito Páez en el Espacio Duam, estadio al aire libre en la ciudad de Neuquén.

Lista de Precios:

Vip Live Platinum (A-B-C):  $800+$80*
Vip Live Gold (E-F-G):  $640+$60*
Vip Live (D-H): $500+$50*
Platea Preferencial Central (J-K-L): $450+$50*
Platea Preferencial (I-M): $380+$40*
Platea (N-O-P-Q): $300+$30*
Campo Parado: $200+$20*

* Costo del servicio.

Medios de pago: American Express, Visa, Mastercard y Efectivo.

Los tickets comprados vía web o venta telefónica serán entregados en la sucursal de oca seleccionada a partir del séptimo día luego de haber realizada la compra y hasta el miércoles 12 de diciembre.  El único autorizado a retirar la orden es el titular de la tarjeta de crédito con la que se realizó la compra, presentando dicha tarjeta y un documento que acredite identidad.

Hernán para Cinema Verité.

jueves, 15 de noviembre de 2012

21 DE NOVIEMBRE. CHARLY GARCÍA RESPONDERÁ ONLINE PREGUNTAS DE SUS FANS

Charly García. Este miércoles 21 de Noviembre a las 17:30hs, la  leyenda argentina participará de un Google+ Hangout. El Google+ Hangout es una de las características más atractivas de la red social de Google, en la cual se permiten conferencias en video entre hasta 10 usuarios a la vez. Con Beto Casella como anfitrión, Charly García tendrá su primer entrevista online hablando cara a cara y respondiendo preguntas de sus fans latinoamericanos.
El Hangout se transmitirá en vivo desde el perfil de Google+ de EMI Music Argentina y los fans pueden ingresar preguntas que serán leídas en vivo insertando el hashtag #CharlyGarcía60x60 dentro de Google+.
Esta es la primer aparición de Charly García en un medio online y una oportunidad única para fans de todo el continente que quieran poder hablar cara a cara con él y preguntarle lo que quieran.
Pueden participar del evento en este link:

Hernán para Cinema Verité

domingo, 4 de noviembre de 2012

CHARLY GARCÍA EN LA PLATA, UNICO


Charly García: histórico reencuentro con La Plata . Una multitud siguió el show en el predio de 25 y 528

El playón de estacionamiento del estadio de 25 y 32 era escenario anoche para un recital que marcaba un histórico reencuentro de Charly García con el público local. Ante una verdadera multitud reunida en el espacio al aire libre de 25 y 528, el músico desplegaba en vivo su última aventura discográfica: la trilogía “La vanguardia es así”, “Detrás de las paredes” y “El ángel vigía”, los tres recitales que compusieron el ciclo con el que celebró sus seis décadas de vida.
García llegó anoche a La Plata en el marco de su promocionada gira “60X60”. Considerado uno de los padres del rock nacional, el músico ofrecía un show sólido con el que demostraba que la magia, y el oído más famoso del país, están intactos.
En una noche de 25 grados y soñada para un espectáculo al aire libre, el público cantaba y acompañaba a Charly en todo momento. “Demoliendo hoteles”, “Popotitos”, “No llores por mi Argentina”, “Yendo de la cama al living”, “El día que apagaron la luz”, “Rasguña las piedras”, “Influencia”, “Vicio”, y “Me siento mucho mejor” eran algunos de los temas que esperaban los fans que anoche seguían el show de Charly en el predio de 25 y 528.
En una entrevista exclusiva con EL DIA, que se publicó en la edición del sábado, García había adelantado parte del show que mostraría en La Plata: “Hice una recopilación del disco 60x60 y elegí los temas que más me llegaban al corazón, ensayamos muchísimo y creo que la alquimia entre los instrumentos electrónicos, los sintetizadores, y las cuerdas se está dando cada vez más al frente. Suena como una orquesta, ya no es un grupo. Es una orquesta de rock y eso me motiva porque hay armonías y melodías que estaban un poco escondidas y ahora llegan más al oído”.
Antes de salir a la escena local, García dijo en esa entrevista que “yo fui a La Plata a tocar muchas veces, sobre todo en la época de Sui Géneris y La Máquina. Siempre me pareció un público excelente, muy receptivo y capacitado para entender las canciones quizás más complicadas. Me he perdido muchas veces... (risas) pero tengo el mejor de los recuerdos. Tengo ganas de volver”.

Fuente: El Día
Foto: Chalcobsky

HACE 40 AÑOS SALIA A LA VENTA "VIDA" EL PRIMER DISCO DE SUI GENERIS


40 años de “Vida”, el disco que inauguró la leyenda Sui Generis

En noviembre de 1972, hace ya cuatro décadas, las bateas recibieron “Vida”, el álbum estreno del dúo Sui Generis, portador de himnos de la música popular argentina como “Canción para mi muerte”, “Necesito” o “Cuando comenzamos a nacer”.
Esas canciones se convirtieron en foto de una época pero también en una síntesis posible para un abordaje estético rebelde, soñador, romántico e inconforme que ha logrado trascender las épocas.
Con este primer repertorio como bandera, en septiembre de 1975 y para despedir a Sui Generis en el Luna Park, una multitud demostró que el movimiento rockero argentino dejaba las márgenes para mostrar una popularidad que exigía su institucionalización.
Dos jóvenes tímidos, lampiños y pelilargos están sentados en el suelo, contra una pared sin revocar. Es una foto en blanco y negro centrada en un fondo marrón donde se leen los nombres del dúo y de la placa en cuestión.
Seguramente ni el olfato del productor Jorge Alvarez ni el creciente interés del público local por descubrir los primeros pasos del rock local, pudieron siquiera sospechar que ese disco marcaría el inicio de un grupo esencial del movimiento y el gesto inaugural en la obra prolífica y genial de Charly García.
Sin el bigote bicolor que luego lo caracterizaría y acompañado por la voz de Nito Mestre, García mostró en esas primeras 11 canciones publicadas parte del lirismo, la gracia y el don musical que desplegaría desde entonces en diversos formatos.
Grabado entre agosto y octubre de 1972 en los Estudios Phonalex, la placa que no disimuló algunos problemas técnicos de realización y sonido, permitió que la travesura de un par de muchachos que se conocieron en colegios secundarios del barrio porteño de Caballito, llegara a su primera obra.
Charly ejecutó piano, órgano y guitarra acústica, además de cantar, mientras que Nito puso su característica y privilegiada voz, además de pulsar la guitarra acústica y ejecutar la flauta traversa.
El binomio completó su modesto pero precisa sonoridad con los aportes del violín de Jorge Pinchevsky, la guitarra eléctrica y la armónica de Claudio Gabis, el bajo de Alejandro Medina y la batería de Francisco Pratti.
En esas mismas sesiones los músicos registraron canciones que no fueron parte de “Vida” pero que sí se incluyeron en otros discos de Sui, tales los casos de "Un hada, un cisne" para “Confesiones de invierno” (1973) y "Pequeñas delicias de la vida conyugal" para “Pequeñas anécdotas sobre las instituciones” (1974).
La vitalidad de aquellas jornadas trascendió largamente el tiempo e incluso canciones como "Espejos", "Monoblock" y "Cuando te vayas" le sirvieron a García y Mestre para incluirlas en “Sinfonías para adolescentes” (2000), el único disco original que testimonió uno de los infructuosos regresos de la dupla.
El cancionero de “Vida”, fuertemente influenciado por los aires del folk norteamericano y la sombra de Bob Dylan, se abrió con “Canción para mi muerte”, una tristísima y críptica balada de amores, decepciones y ausencias que recuerda que “hubo un tiempo que fue hermoso”.
“Necesito”, en cambio, es una pieza fresca y romántica capaz de saludar la impostura hippie en busca de una chica a la que “no le importe mi ropa/si total me voy a desvestir” que se liga al simpático y celebratorio “Quizás porque”, el noveno track del álbum.
Los temas 3 y 10 de la lista, “Dime quién me lo robó” y “Cuando comenzamos a nacer”, operan como dos singulares alegatos contra las imposiciones sociales y el peso de la autoridad, además de resaltar las preocupaciones por alcanzar el amor de pareja.
En “Estación” hay otro guiño rítmico, ligero y amable con aroma de mujer, que contrasta con el oscuro “Toma dos blues” y con la cruda ironía de “Natalio Ruiz, el hombrecito del sombrero gris”, casi un paradigma de todo aquello en lo que no querían convertirse.
El cuento sobre un amor inconveniente y, otra vez, la hipocresía mundana, asoman en “Mariel y el Capitán”, mientras que el ruego de “Amigo vuelve a casa pronto” parece remitir a la efervescencia política de un país surcado por golpes militares y prohibiciones, ya que pide “cuéntame todo, cambiame todo/necesito hoy tu resurrección, tu liberación/tu revolución”.
El remate de la placa es el instrumental “Posludio” que no solamente exhibe el virtuosismo de García, sino también los apuntes de una búsqueda musical diferente que, a la postre, sería la que terminaría con la arrolladora simpleza de Sui Generis.

Fuente: Telam