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martes, 26 de noviembre de 2019

Fernando Samalea edita “Nunca es Demasiado”, el cierre de su trilogía autobiográfica

El libro cierra la trilogía que comenzó en "QUE ES UN LONG PLAY" (2015) y continuó en "MIENTRAS OTROS DUERMEN" (2017) y abarca el período 2010-2017. Como los dos sucesores, contiene más de 500 páginas y 32 especiales para fotografías.
Un relato cronológico del período 2010-2017, acerca de García & The Prostitution, el francés Benjamín Biolay, el Sexteto Irreal, la Orquesta Hypnofón, el inglés Phil Manzanera, CocoRosie, Los Quietos, los norteamericanos de Electric Gauchos y Tiny Orchestral Moments, el Mototour sudamericano con Marina Fages, Diego Frenkel, Tony Levin, el mundo Ortega, los periplos motociclísticos, la alquimia de los cócteles y los álbumes de bandoneón, entre muchas otras cosas vividas por el autor.


Odisea en Sunchales

Después de la tempestad, viene... otra tempestad. De cómo pasar de motociclista de carreteras a golpeador de maniquíes. The Prostitution en todo su esplendor.

En lo que respecta a las costumbres, nuestro Héroe Nacional solía monologar con onomatopeyas y expresiones faciales que bien merecerían un Oscar, mientras cuatro o cinco lo escuchábamos rodeando un sofá. Las discrepancias no eran habituales. Charly García se sabía único en su especie. Tenía con qué para liderar una cruzada y desarrollar sus “principios monárquicos”, sin el más mínimo reparo en mostrarse como fuese delante de todo el mundo.
Éramos una especie de familia, aunque quizá no de las que fomentan encuentros culinarios los domingos, llevan niños de picnic o contratan seguros médicos.

—La puesta la va a hacer Renata Schussheim, you know? ¡Ojo al piojo! —agregó—. Y mandamos un trencito eléctrico por el escenario, como si cada uno fuese una estación con instrumentos o whatever. Luego ponemos maniquíes de minas y sale el concepto de La nieta de la lágrima, con sonido estéreo de perspectiva cerrada... ¡¡¡Ughhh!!!
—...
—Podríamos llamarnos Los Incapaces. O si no, Los Influenciables, ¡ese me gusta más! —gritó abriendo las manos a modo de coreografía.

Sus planes tronaban a paso firme, como el avance de un ejército. Aunque en su boca sonasen a mitos anteriores a Adán y Eva, sabíamos que se cumplirían de una u otra forma. Mi testimonio será acaso humilde, pero no menos imparcial. Era el lunes 19 de septiembre de 2011 y estábamos a punto de actuar en el Club Unión de Sunchales —una pequeña ciudad santafesina—, como parte del Festival Prevemusic. Se había anunciado también a Vicentico, Ciro y los Persas y Las Pastillas del Abuelo. El líder de The Prostitution, prometiendo con bombos y platillos “un recorrido por toda su historia”, ya había superado la mediática recuperación en la quinta de Palito Ortega, dos años atrás. A veces, parecía darle la razón a los malpensados y dejaba aflorar el Satanás que todos llevamos dentro, como en sus épocas de rubio teñido, cuando aseguraba que el secreto de la felicidad era “menta, agua y dos hielos” y cada reportaje suyo cobraba carácter de diatriba. Pero sus dotes artísticas continuaban midiéndose con las de los grandes de todos los tiempos, a través de melodías y armonías que generaban emociones únicas en los receptores neurológicos.
¿Quién podría negarlo? Nuestros inconscientes colectivos estaban abarrotados de canciones de Sui Generis, La Máquina de Hacer Pájaros, Serú Girán o sus discos solistas, que le daban quórum para autoproclamarse Emperador del Universo. Además de sentido del humor, tenía mucho magnetismo y algo de conde Drácula, pero sin disimular una dosis de ternura. Estar en su órbita podía impactar tanto como presenciar un accidente.
Tras innumerables cambios de managers y productoras, no sorprendería que ocupase otra vez las páginas policiales. Ciertos editores amarillistas ya estaban regocijándose, enviando al acecho a cuanto periodista especializado en golpes bajos se preciase de tal. Pachorra, un antiguo asistente de la época de Los Enfermeros, se desempeñaba ahora como organizador. O al menos eso intentaba. Bonachón, de ojos vivaces, nariz ancha y aspecto de Pedro Picapiedra, solía facilitar todo pedido excéntrico de García. También había entrado en escena otro sujeto, calvo y treintañero, como manager personal, un cargo que bien podía elevarlo al nirvana, librándolo de todo sufrimiento en vidas futuras, como exactamente lo contrario. El hecho de desempeñarse en ello era algo que únicamente él podía defender. Paladín de la falta de tacto, acostumbraba tomar el rostro de Charly y besarle ambas mejillas, proferir epítetos como los que suelen usarse con un bebé y afectar la voz con dudosos “holis” y “chuchis”. Lo hacía sin advertir que, tratándose del destinatario, bien podía recibir una granada o un chorro de lanzallamas como respuesta.
Desde hacía un par de meses, yo me había sumado a The Prostitution como bandoneonista y vibrafonista, aunque no lo fuese en ninguno de los dos casos en el sentido ortodoxo. Apenas tenía escrúpulos en llevar esos motes. El grupo se completaba con los fieles chilenos Kiuge Hayashida, Toño Silva y Carlos González, mis excompañeros Carlos García López y Fabián “Zorrito” von Quintiero, y la joven cantante Rosario Ortega, más el anexo del trío de cuerdas que conformaban Alejandro Terán, Julián Gándara y Christine Brebes. Haciendo gala de un humor corrosivo (aunque con cariño), el Artista solía llamar a los transandinos “Red Hot Chile Peppers” o “Los Mineros”, refiriéndose al caso reciente de los treinta y tres operarios chilenos que habían quedado atrapados en una mina y fueron rescatados de forma cinematográfica ante los ojos del mundo.

Al convocarme en ese rol, García había sugerido que tocase además algunos elementos electrónicos. Sin embargo, que haya llevado unos pads al primer ensayo no pareció convencerlo demasiado. Se paró unos segundos frente a mi set y, levantando luego el dedo índice en señal de clarividencia, esbozó:

—Vos tendrías que tocar con un maniquí de mujer... No, no, pará, con uno solo, no. ¡Mejor con uno y medio!
—¿Perdón? ¿Cómo? ¿Qu’est-ce que tu dis? —respondí sin entender.
—Claro, traemos un maniquí y le ponemos sensores o un cataflón en la cabeza o en el culo, por ejemplo, y vos le das con un caño con palitos de batería, disparando sonidos o la chofla de la lora con un chufli-chufli y listo... ¿Te va? —propuso, haciendo la mímica de enchufar un cable.
—Ehhh... No es lo más romántico o caballeroso que haya hecho en mi vida. Mmm..., no sé qué van a pensar las chicas. Pero, dale, muchacho, por vos lo que sea.
—¡Bien! ¡Así me gusta! Tiene que ser uno y medio, sí o sí. Una mina completa y otra por la mitad, de esas que son solo piernas de la cintura para abajo, ¿okey? —dictaminó, emparentándose a Arquímedes o a Copérnico y sus fórmulas cruciales para el destino de la humanidad.

No pasaron ni quince minutos hasta que observamos al bueno de Mauro Rogatti, uno de los roadies, entrar con tal requerimiento. Ubicamos el “maniquí y medio” a un costado del vibráfono, para colocarle los sensores en el cuello, en la muñeca derecha y en la pierna. Luego, elegimos con paciencia los sonidos del módulo Alesis D4. ¡Estaba transformándome sin quererlo en el primer instrumentista golpeador jamás cuestionado por ello!
Yo había llegado a Sunchales a bordo de la flamante motocicleta La Idílica. Circulé por la ruta 34 durante varias horas hasta alcanzar el kilómetro 228 en la localidad de Rafaela, donde se alzaba el Hotel Campoalegre, asignado a nuestra comitiva.

—¡Qué nave, Fer! —elogió el Negro García López cuando entré en el estacionamiento al aire libre y nos encontramos por azar.

Detuve el motor, me quité el casco blanco, lo enganché en el manubrio, apoyé los guantes de cuero en el tanque y nos dimos un abrazo. Él había llegado la noche anterior junto a su novia Daniela Doffo, que era guitarrista y cantante del grupo femenino Amas de Casa. Dicho sea de paso, la chica portaba una sonrisa permanente que contagiaba buenaventura.

El Campoalegre era una mole de tres pisos, con paredes ocres y bermellón y techo metálico a dos aguas. Se alzaba en medio de la nada, a cincuenta metros de la carretera. Cada habitación tenía una pequeña terraza hacia el exterior. Amenizamos la espera de la prueba de sonido paseando junto a Terán, su esposa Ladymaría y la violinista norteamericana Christine. Vivaz, encantadora y de comportamiento temerario, la jovial Brebes había abandonado sus tierras natales seducida por los barrios porteños y el mundo del tango. Deambulamos por Rafaela bajo el sol de la tarde, rodeados de árboles, casas bajas con vestigios del siglo XIX y edificios de los setenta. Había poca gente a la vista en La Perla del Oeste, solo jóvenes paseando sobre ciclomotores ruidosos cada tanto. Ingresamos en un bar del bulevar Guillermo Lehmann, que conservaba intacto su adoquinado, para ocupar una mesa a la calle bajo un afiche de El secreto de sus ojos, la película de suspenso recién estrenada de Juan José Campanella, que protagonizaban Ricardo Darín, Soledad Villamil y Guillermo Francella. “‘Weitz’, estás como perro con dos colas”, le dijo Ladymaría a Alejandro, al escucharlo contar pormenores del concierto que escribía para su Orquesta Hypnofón, con la que había conseguido una reputación razonable. Conformaban una pareja de alto vuelo, que subrayaban con buenos atuendos. Al regreso, subimos hacia la suite de García. El Negro, con lentes Rayban y remera roja y blanca a rayas horizontales (a pesar de ser fanático de Boca Juniors), ya estaba allí y nos abrió la puerta. Empuñando una guitarra acústica, volvió a sentarse en el borde de la cama. La habitación estaba colmada de objetos de su huésped. Adoptamos la posición de loto sobre una alfombra rojiza, tomando Coca-Cola bajo el reflejo de las luces dicroicas. Con el violín de Christine fraseando, fueron sucediéndose canciones de Bob Dylan, Horacio Fontova (“Qué mañana rara”), y una de Tanguito llamada “Errol Flyn”, que nuestro líder entonó a viva voz, en calzoncillos, vistiendo una remera oscura y medias a rayas negras y violetas. Al resonar el último acorde, nos sorprendió:

—Soy “Charly” porque así me decía mi profesora de inglés en el colegio Dámaso Centeno de la avenida Rivadavia.
—Y, sí, lo british ante todo —acotó un anglófilo. —Sí, man. Yo me la pasaba escuchando discos ingleses de rock sinfónico. Aunque me gustaban más cuando tenían órganos y sintetizadores, o contaban una historia interesante, la mano Tommy, Quadrophenia o El lado oscuro de la luna. No tanto esos pomposos tipo Merlín, los Caballeros de no sé qué y el Santo Grial de Wakeman que te gustan a vos —agregó mirándome con picardía.
—¡Cheee, Rick es Rick! Probablemente el tecladista más grande del rock. De hecho, ni siquiera probablemente —contraataqué, defendiendo al integrante de Yes, el joven de larga cabellera rubia y capa con lentejuelas que escuchaba en mi niñez y adolescencia.
—Bue, a mí me cae mejor el de Génesis, Tony Banks —insistió.
—Y, sí, claro. Qué masa “Entangled”, de A Trick of the Tail, un tema divino: arranca en plan acústicas y clavicordios, se pone folk y termina con esos teclados superponiéndose.
—¡Eso mata, loco! Me copaba hacerlo con Serú o La Máquina. Agarrar una progresión e ir agregándole capas. Tony Banks, you know? O sea... los otros hablaban de guerreros o ángeles, que en realidad arrasaban en nombre de Dios —dijo, al límite de ponerse serio.
—¡Chuuucha la huevada! —gritó uno de los chilenos al entrar con un sombrero bombín en la cabeza y escuchar solo la última frase.
—Tocate una de Bowie, Charly, de las que hacíamos con Los Por Línea —propuso García López.
—Los de The Who, o el lado B de Abbey Road... ¡Esas son buenas suites en ritmo de rock! —remató el Artista, casi sin advertirlo, como hablándose a sí mismo.

De golpe, desde un iPad conectado a un parlante portátil comenzó a sonar la canción “Free Man in Paris” en la voz de Joni Mitchell. Al culminar, acercó su dedo curvo y alargado a la pantalla, buscó en las listas de iTunes y puso Highway 61 Revisited, de Dylan, al tiempo que ironizaba:

—¿Sunchales? ¿Lo qué? ¿Dónde estamos, loco? Esto parece la época de Sui, cuando viajábamos con un Citroën todo quemado por cualquier pueblo, antes de que grabásemos Vida. Con Porsuigieco también, nos íbamos en tren a no sé dónde, una desgracia...

Se refería a la formación que había reunido a Raúl Porchetto, Sui Generis, León Gieco y María Rosa Yorio a mediados de los setenta, bajo el mote “Porsuigieco y su banda de avestruces domadas”. La mitología hablaba de un debut en el Auditorio Kraft de la calle Florida, de ellos mismos pegando carteles de promoción por la avenida Corrientes, de varios viajes por el país y de un álbum testimonial precioso.

—Tocábamos “Entra”, “Todos los caballos blancos”, “La mamá de Jimmy”, “Iba acabándose el vino”, esa onda, “hipponeándola” por Tandil, Mar del Plata, B. B. y no sé dónde más. Me acuerdo de que nos moríamos de frío en medio del campo.
—¡Es lo más ese disco! —interrumpí, para luego preguntarle al estilo fan plomazo—: Charly, antes de que me olvide, hace mil que quiero saber, ¿dónde quedaba Phonalex?
—En el Bajo Belgrano. Bah, en Dragones 2250, casi seguro. Ahí grabé la primera vez, en Cristo Rock de Porchetto. Caíamos con el Gordo Pierre, que era una suerte de Danny Rose argentino. Después él nos llevó a las oficinas de Microfon y Talent, y así comenzamos la movida con Jorge Álvarez y el Bondo Billy Bond.

—Eso era por el centro, ¿no? —preguntó alguien. —Sí, en Sarmiento y Uriburu. En esa época, la de las portadas de Juan Gatti para el sello Mandioca, yo me compraba papel de armar en un quiosco y el tipo me gritaba “¡falopero!”, como si nada. Buenos Aires era una caretada, muy parecida a la letra de “Yo vivo en una ciudad”, de Pedro y Pablo. —¿Y dónde filmaron Rock hasta que se ponga el sol, cuando tocan con Nito, de día, y vos estás con el piano vertical? —volví a consultarle, haciéndome el documentalista.
—Por la cancha de Argentinos Juniors, detrás de la estación Arata.

Recordamos esa participación del dúo folk, cantando “Canción para mi muerte” en el Festival BA Rock —junto con La Pesada del Rock & Roll, Color Humano, León Gieco, Claudio Gabis, Arco Iris, Gabriela, Pescado Rabioso, Pappo’s Blues, Vox Dei y Litto Nebbia—, que había organizado la revista Pelo y supo eternizar en celuloide la productora cinematográfica Aries.

Dichas reuniones en habitaciones de hoteles acunaban momentos mágicos. Todos estábamos implicados de cierta forma. García tomó la guitarra, hizo los acordes re, si menor y fa# menor y se puso a cantar “Fabricante de mentiras”: “Él era un fabricante de mentiras / él tenía las historias de cartón / su vida era una fábula de lata / sus ojos eran lu...”, pero la interrumpió en seco para contarnos que el título Adiós Sui Generis estaba inspirado en Goodbye Cream, así como el look de galera, frac blanco y zapatillas que él mismo había lucido en los dos conciertos del Luna Park.

Luego, tomándola del diapasón, apoyó la acústica sobre la cama y pidió a los gritos:

—¡Denme un Tía María!
—Pero... ¿te parece? —cuestionó alguien con alma de médico.
—Dale, loco, que el peligro enaltece. Como decía Truman Capote: “No les creo a los que no se emborrachan nunca ni toman algún riesguito”.
—Charly, ¿vamos yendo a probar? —dijo Pachorra con timidez, asomándose desde la puerta entreabierta.
—Okey, señores, ¡a triunfar! ¡Meeechaaa! ¡Venííí! —llamó a su joven compañera.

Mientras ajustábamos las mezclas, ante las tribunas verdes y blancas aún vacías del Club Unión, García fue mostrando su perfil “problemático”. In crescendo. Quizá se vería afectado por la Luna llena en Escorpio. Vestía una campera oscura, con capucha blanca, y usaba los lentes negros de rigor. La puesta incluía una pantalla tras las tarimas, luces sofisticadas y una gran cantidad de velas anaranjadas. El parche del bombo de Toño mostraba el logo SNM, con las letras entrelazadas. Los asistentes caminaban entre nosotros y algunos curiosos permanecían inmóviles a un costado, cruzados de brazos, observando el espectáculo.

Veíamos a trabajadores con cascos amarillos moverse por el terreno, y a los de la Cruz Roja a la espera del público.

Se había preparado un video a modo de introducción, tapas de discos incluidas: el líder sentado en la vereda de la calle Vidt con Nito, el dibujo de ambos en Confesiones de invierno, con los Serú en la portada de La grasa de las capitales, fumando en Nueva York para Clics modernos, la pelirroja con el ramo de flores, su mano fibrosa sobre el teclado en diagonal y la gota de mercurio estilo huevo, entre otras. “Obertura”, el instrumental de La hija de la lágrima, oficiaba de fondo musical. Nos paramos de espaldas al recinto, para observarlo. Cuando finalizó, Charly se encogió de hombros y nos miró sonriente, como diciendo: “¿Todo esto pasó en mi vida?”. Para contrarrestar, el Zorrito comenzó con sus juegos de palabras y chistes, vistiendo remera de Iggy Pop and The Stooges. Por entonces, su emprendimiento gastronómico iba a la par del de la música, y solía inventar recetas con nombres fabulosos: “Hummus sobre el agua”, “The Jamones”, “Sweet Generis” o el “Flan Sinatra”.

—¡Callaos! A ver, mineros, vengan. Toquemos “El amor espera” —ordenó Charly por el micrófono.

Luego, cambiando de frecuencia, se acercó a Terán con su filmadora portátil para decirle con voz pausada:

—Estamos a un mes de ir a Nueva York y tocar allá. De alguna manera, es poder pasar a otro... a otro estrato.
—¡A otra dimensión! ¡Se van a abrir puertas multidimensionales! —lo entusiasmó el cuerdista.
—Bueno... Añadiendo intensidad de rodaje, se acercó al vibráfono haciendo un travelling con su cámara. Al ver el sombrero gris que yo tenía en la cabeza, proclamó: —¡Woody Allen on stage, camaradas!

Durante los siguientes minutos, caminó de una punta a la otra y mutó de micrófonos y posiciones al cantar “Los dinosaurios”, mientras Pachorra lo ayudaba a acomodarse sus auriculares in ears y a adosar el receptor inalámbrico al cinturón del pantalón. Luego se tomó un buen rato junto a Fabián, para definir ciertos sonidos en el Nord Lead. De repente, mirando las teclas con la atención de un concertista, tocó la parte B de “Adiós Nonino”, la obra de Astor Piazzolla. Una rareza en sus costumbres, aunque recordé que alguna vez me había contado que con la Yorio solían hacer una versión de “Chiquilín de Bachín”. Satisfecho, se sentó ante el piano de cola, con el Minimoog apoyado encima. El chelista Julián Gándara sonreía desde su puesto, luciendo un buzo blanco y azul, mientras acomodaba las sillas destinadas al trío de cuerdas, entre chaquetas, abrigos y mochilas apoyadas en el piso. El Negro, cigarrillo en boca, comentaba algo con Kiuge, siempre propenso a los relatos humorísticos, mientras ajustaban las perillas de sus amplificadores Vox. Había oscurecido de golpe. Al alzar los ojos, noté que era el último que permanecía sobre el palco. El bandoneón, los sensores de la muñeca y algún repaso ocasional me habían ensimismado. Hasta el último segundo, mi “orgullo” intentaba no dejarme tocar notas inexistentes en los libros de música.

El festival comenzó temprano. Se esperaba una audiencia de veinte mil personas. Poco antes, el periodista Bebe Contepomi arengó a las masas y entrevistó a los artistas en las inmediaciones. Vicentico presentaba Solo un momento y el ex Los Piojos Ciro, su nueva banda Los Persas. Cuando al fin iba acercándose nuestro turno con The Prostitution, la temperatura había bajado a dígitos alarmantes y el frío era el tema de conversación predominante.

En los camarines, de telones rojos con tiras blancas y negras “cebra”, sillones blancos, mesas bajas con botellas de cerveza o Jack Daniel’s e iluminación de discoteca, comenzó una jam prometedora. García, de calzas celestes y saco de pana azul, pulsó su teclado Roland RD-700 hasta que Terán, con traje negro y camisa blanca, sacó la viola del estuche y se ubicó junto a él, pegado a un perchero. En pocos minutos, el lugar fue acunando a íntimos y no tanto. No se hicieron esperar conversaciones similares a las de los baños de boliches, mientras afuera está amaneciendo. O las de gente que hace “horas extra” cuando ya debería estar durmiendo.
El Artista partió su garganta a puro encanto beatle: “She said / I know what it’s like to be dead / I know what it is to be sad. / And she’s making me feel like I’ve never been born”. En “In My Life”, hubo pizzicatos y giros clásicos de “Las Cuerdas”, como gustaba llamarlos Charly. De repente, un muchacho al cual no conocíamos intentó lograr atención analizando las raíces de su música. Recordé una vieja entrevista en la cual, ante la insistencia del periodista en algo parecido, García había respondido con ingenio imbatible: “¿Para qué querés las raíces? ¿¿¿Para hacerte un tecito???”.
Junto a elogios al productor George Martin, sonó el coro de “All You Need Is Love”, con dudosa afinación general, aunque mucho sentimiento. Curiosamente, nuestro Héroe optó por traducir al español algunos párrafos. Al rato se acercó Ciro y sumó su armónica a los fraseos del violín. Además, intentó sin éxito convencer al Artista de componer un tango juntos, aprovechando los escasos segundos entre canción y canción. A modo de respuesta, el Líder Carismático insinuó la introducción orquestal de “For No One”, la bella canción de The Beatles. Todos cantamos con dicha, como si se tratase de los últimos minutos de la historia, cautivos de su conjunción perfecta entre armonía y melodía.

—Ey... ¡Eleanor Rigby! —pidió Kiuge a continuación. —Mmmm, no me la sé mucho —fue la sorpresiva respuesta.
—¿No te gusta, Charly? ¿La cachai? En mi menor —agregó el guitarrista.
—Okey, one, two, three. “Ah, look at all the lonely people...”.

Cierto desborde se hizo elocuente. Se suponía que el show comenzaría en breve. En un rapto de ansiedad, haciendo caso omiso a los “¡esperá, esperá!” de sus múltiples managers, Charly caminó por un pasillo hacia el escenario y consumó una aparición heroica en slow motion. La ovación lo colmó todo. Manteniendo la costumbre de hacer todo lo que le decían que no hiciese, el riff de “Cerca de la revolución” sonó en su piano cuando casi ninguno de los Prostitution estábamos en nuestros lugares.
A las corridas, vistiendo mi traje crema, camisa negra y corbata roja, me senté con el bandoneón en las rodillas y pulsé el arreglo pautado como pude. Veía por el rabillo del ojo a Christine empuñar nerviosamente su violín, acomodándose la pollera y los micrófonos de contacto. Estaba sentada entre Alejandro y Gándara, quien a su vez luchaba por apoyar el chelo en el soporte, arco en mano, al tiempo que Rosario entraba de un salto por detrás de la batería, apretándose los auriculares en las orejas con su estilo zen. Quintiero, por supuesto, sonreía a la manera de un Johnny Depp calabrés. Superado el comienzo frenético, arrancó “Rock & roll yo” y bailé como un loco, pandereta en mano. “Voy a saltar adentro tuyo / comiéndome de a poco tu orgullo...”, acompañó la gente desde las gradas.
La velada pareció suceder con aceptación, hasta que nuestro líder se disgustó con la actitud de no sé quién y susurró: “Esto es para gente fina”, antecediendo a “Pasajera en trance”. El repertorio mutó de la ferocidad de “No toquen” a la intimidad de “Confesiones de invierno”. En “Demoliendo hoteles”, cambió la letra y dijo: “Yo no salí con Massera”, en alusión al supuesto affaire que la vedette Graciela Alfano habría tenido con el exdictador, y que era noticia por esos días. Luego tomó el micrófono, el soporte se zafó y sostuvo solo la mitad. No estoy seguro de si fue una maniobra consciente pero, rápido de reflejos, exclamó: “¡Soy Freddie Mercury!”.
En el intervalo, se proyectó parte del corto surrealista Un perro andaluz de Buñuel y Dalí, con el instrumental “Pubis angelical” de fondo. Nos quedamos a un costado, en la semioscuridad, mirando de perfil la pantalla. De súbito, García nos dijo en broma: “Un poco de cultura, muchachos”. Al regresar a escena, aprovechó para dar un vaticinio en plan Nostradamus: “¡Ojo que se cae el Imperio!”. Antes de “Viernes 3 a. m.”, en cambio, aclaró que “no la tocamos mucho porque ya se suicidaron como seis pibes al escucharla”. El público, lejos de preocuparse, veneraba cada ocurrencia.
Al presentar a García López, ironizó: “En la guitarra tenemos a un negro. ¿Decían que éramos xenófobos? ¡Sunchales, a no discriminar!”, un comentario que alguno habrá interpretado al límite de una denuncia al Inadi, aunque rápidamente acotase: “Gracias, son un gran pueblo”, tras la ovación que precedió a “Eiti Leda”.
“Quiero verte la cara, / brillando como una esclava negra, / sonriendo con ganas”, cantó Rosario con ojos melancólicos, mientras el Artista daba rienda suelta a su actividad favorita: el caos. Pateando micrófonos y atriles, entre partituras desparramadas, declaró que sería presidente de Sunchales: “Piensen que no es tan grave, están la religión y toda esa porcarata televisiva de predicadores brasileros y concursos de baile, que son mucho peores”. Quizás alguien piense que exagero, pero los resultados quedaron a la vista. Primero: a esa altura, no eran pocos los que rezaban para que el concierto terminase en condiciones normales. Segundo: otros temían una intervención federal. Tercero: se comentaba que un concejal local debió ser atendido por un ataque de sudor frío.
Enalteciendo el final, luego de emocionar a todos con “Canción para mi muerte”, ofrendó otra frase de su rúbrica: “Un aplauso para esa Amy Winehouse, que tuvo la decencia de irse”. Todavía insatisfecho, increpó: “¿Cómo se llamaban ustedes? ¿Sunchales? ¿Por qué no lo cambian por Kurt Cobain?”. Tal vez un comentario de esta envergadura habría desanimado a más de uno, pero no a la mayoría. En plan surrealista, levantó el brazo en señal de despedida y dijo:

—Busquen a un ciego, péguenle una piña y compren mi disco... ¡Chau, loco!

La botella de agua que le habían acercado para calmarlo cobró carácter de misil de inmediato, sin tener en cuenta los consejos de los ambientalistas. Tras hacernos una seña, salimos del escenario como Maradona levantando la Copa del Mundo en 1986. Entretenidos y, seguramente, aliviados. Mientras tanto, sonaba por los parlantes su versión del Himno Nacional, aportándole algo estrambótico a la escena. Bajamos uno a uno por la rampa lateral. Detrás de una valla, algunos chicos que no habían podido entrar al concierto advirtieron su presencia al grito de “Charly, Charly”.

—¡Coman caviar! —fue la respuesta, dando por cerrada la fría noche sunchalense.

Varios millares de personas caminaban hacia las salidas, buscando rutas y calles en medio de las tinieblas, para regresar a sus hogares. Todo lo sucedido era fetish en estado puro y demostraba una complicidad casi masoquista de García con sus seguidores, y viceversa.

—Vamos, Charly, no te expongas —le dijo su asistente personal, tomándole el rostro y agregando otro “chuchi”, creyéndose a la par de los pensadores de Occidente.

Al mediodía, al despertar en el Campoalegre, escuchamos en medios locales maravillas sobre el Artista. Otros intentaron polemizar, habiéndolo visto “muy flaco” o “cerca del que era en su etapa caótica”. Alguno más imaginativo se refirió a sus “balances químicos, propios y externos”. Tras desayunar en el horario del almuerzo, fuimos encontrándonos ocasionalmente entre compañeros. Sentados en las mesas con manteles blancos del hall, comentamos los videos de Britney Spears que se emitían en uno de los televisores, y sobre lo efectivo de la modulación en ciertas canciones. “Michael Jackson era un especialista”, acotamos a coro. Por casualidad, se proyectaba en la pantalla el video de “We Are the World”: Stevie Wonder, Cyndi Lauper, Bruce Springsteen, Huey Lewis, Diana Ross, Tina Turner, Quincy Jones y el propio Michael aparecieron ante nuestros ojos desde el arcón de los recuerdos.
Terminada otra ronda de café con leche, dejé la propina y me dispuse a emprender el regreso. Fui a buscar la motocicleta al estacionamiento y la ubiqué delante del ingreso principal del hotel, sobre un piso de gravilla, para cargar mis pertenencias. En ese momento, como si se tratase de una película de enredos, Charly salió del lobby colmado de frenesí, acompañado por Mecha. Cámara en mano, balbuceando frases en inglés y esquivando con soltura un cenicero metálico, traspasó las puertas blancas vidriadas como quien merece una guardia de honor. Mientras, bajo un techo de hierros y telas “media sombra”, rodeado de plantas en macetas bermellón, ligustrinas y arbustos prolijamente recortados, yo colocaba el bandoneón en el top case givi. Los pájaros piaban a todo volumen. Al verlo llegar, temí que sonasen las alarmas de los automóviles estacionados cerca.

—Hello, friend —dijo al tiempo que filmaba todo a su alrededor, incluyéndome.
—¡Buen día, muchacho! —You are the famous reyrousewhatdemocrticrouss (ininteligible).
—¿Viste la máquina, Charly? —le dije para ordenar la conversación, señalando la BMW GS 650 negra y colocándome manga a manga la chaqueta roja.
—¿Tenés vodka? —ironizó, para agregar al observarla—: Llevame a dar una vueltita.

“Si algo le falta a esta estadía surreal, es una excursión con él como copiloto”, pensé casco en mano.

—Ah, ¿querés andar? ¿En serio? Bueno, pero por acá nomás, eh. ¡Esto puede ser muy gracioso! —atiné a decirle, tomando el manubrio con los guantes puestos.
—Avisame cuándo me subo —dijo como un alumno obediente, parado en posición de firme al lado del vehículo.
—Ahora... Dale... Guarda... ¡Despacio! Haciendo fuerza para sostener el equilibrio por su peso, y jurándome que solo daríamos un giro breve por la fuente rotonda, encendí el motor. El Artista estaba ubicado detrás de mí, pero no de la manera tradicional, sino con las dos piernas hacia el mismo lado, como las damas de antaño con grandes vestidos que montaban en la grupa del caballo, detrás del jinete.

Émulo de Stanley Kubrick, continuó registrando la escena, para gritar, entretenido:

—The famous Hells Angels! —haciendo referencia al club de motociclistas pandilleros estadounidenses que cobró notoriedad en el Altamont Speedway Free Festival de 1969, cuando fueron contratados como “seguridad” de The Rolling Stones y todo terminó con un homicidio y muchos desmanes.

Movilizándonos en círculo, a menos de veinte kilómetros por hora, torcí mi cabeza hacia él y le dije con la ingenuidad de un infante:

—Ahí creo que está, ¿no? ¿Volvemos? —Look at this beautiful castle! —retrucó señalando el hotel, sin el mínimo interés en bajarse, para agregar enseguida—: Oh, a colour guy!, al verlo al Negro, quien nos observaba desde el vestíbulo con una botella de agua mineral en la mano, lentes oscuros y sobretodo azul.
—¿Te acordás cuando te llevaba en la Honda 125 por los morros de Río de Janeiro? ¿Y cuando vos me llevabas a mí con tu ciclomotor Juki por las noches porteñas? —le comenté, para distraerlo.
—Seee, yo me acuerdo de todo. —Bueno, listo, Charly —agregué firme, antes de que fuese demasiado tarde.
—¿¿¿Lo qué??? Al menos, dame otra vuelta por la pileta también.
—¿Te parece? Qué hijjj... Pero agarrate, eh. —Seee, seee. No muy convencido, continué transitando por el predio a baja velocidad. Él parecía encantado. Mientras bordeábamos una cancha de fútbol, dijo desafiante:
—Okey, vamos a Buenos Aires. ¡Vayamos de una a la ruta, loco!
—Pero, muchacho, estamos a quinientos kilómetros —respondí, como si ese fuese el verdadero problema.

Valiéndome de algún artilugio o engaño, logré estacionar nuevamente frente al ingreso del Campoalegre. Mecha, el Negro y Daniela nos observaban inmóviles, no sin cierta preocupación. Al fin, el Artista depositó sus pies en la gravilla, gritando:

—We are the fucking Hells Angels!!!

 Mostraba una sonrisa diabólica bajo las gafas negras, que le quedaba bien. Un par de minutos después, apreté el embrague con la mano izquierda, pisé la palanca hacia la posición de primera con el pie, giré lentamente la mano derecha y aceleré hacia la carretera 34. Por los espejos retrovisores, podía observar su silueta. ¡Continuaba gesticulando como en un corto mudo de Charles Chaplin!
La aguja del velocímetro alcanzó los cien kilómetros por hora de crucero. El cielo ofrecía un celeste intenso, sin ninguna nube. Los verdes dominaban a cada lado del asfalto y el viento azotaba mi indumentaria intergaláctica con dureza. Algunas vacas y caballos pastaban a lo lejos, detrás de alambradas, indiferentes al rugir de La Idílica.
A mis espaldas, Sunchales se alejaba cada vez más. Pero esto apenas comenzaba.

miércoles, 12 de diciembre de 2018

Charly García cierra el año este 18 de diciembre en el teatro Gran Rex


Charly García cierra el año en la calle corrientes. Luego de los recitales que brindó este año en diferentes escenarios de Buenos Aires, en Córdoba y en Rosario, el prócer del rock nacional volverá a tocar en el teatro Gran Rex el martes 18 de Diciembre.
En la sala del Gran Rex, García volverá a ser acompañado, como desde hace mucho tiempo, por el 'Zorrito' Fabián Quintiero en teclados, Kiuge Hayashida en guitarras, Toño Silva en batería, Carlos González en bajo y Rosario Ortega en voz.
Y una vez más, todo hace suponer que las entradas se agotarán en unos pocos minutos, la venta esta programada para mañana (jueves) a partir de las 10 de la mañana en boleterias del teatro y por sistema ticketek. La venta en boletería es por orden de llegada, sólo en efectivo y máximo 4 entradas por persona.

PLATEA PLATINO - $2400 + $290*
PLATEA ORO - $2250 + $270*
PLATEA PLATA - $2100 + $250*
PLATEA BRONCE - $2000 + $240*
PLATEA BRONCE LATERAL - $1900 + $230*
SUPER PULLMAN FILA 1 A 5 - $2100 + $250*
SUPER PULLMAN FILA 6 A 10 - $1900 + $230*
PULLMAN FILA 1 A 7 - $1700 + $205*
PULLMAN FILA 8 A 13 - $1500 + $180*
PULLMAN FILA 14 A 19 - $1250 + $150*
PULLMAN FILA 20 A 24 - $1000 + $120*
PULLMAN (SOLAMENTE FILA 25) - $800 + $95*

* AL PRECIO INDICADO, SE SUMA EL COSTO POR SERVICIO

Hernán para Cinema Verite

lunes, 10 de septiembre de 2018

Todo sobre el show de Charly García en Rosario. Aguante el aguante.


Charly García se presentó en “El Hangar” de Rosario ante 4.000 personas; la torre de Tesla se encendió a las 21.25 y transmitió intermitentemente hasta las 22.45. Antes y después, algo que ya es casi un clásico de los shows de Charly, coros con variopintos canticos políticos.


En la base de la Torre (ubicada en el medio del escenario y con un muy buen efecto “lanza rayos”) estuvieron en un extremo Charly, sentado en su sillón y rodeado de teclados, Rosario Ortega en el centro de la escena, y el Zorrito Von Quintiero del lado opuesto.  La segunda línea por detrás la conformaron el trío chileno,  Kiuge Hayashida en guitarra, Carlos González en bajo y Toño Silva en batería.
La banda tocó “en concreto” unos 45 minutos repartidos en 14 canciones (Mas algún cover Beatle que no llegó a completar). El inicio, igual que en el Rex, fue con “El aguante”, pasó “Instituciones”, justo en el día que se cumplían 43 años del “Adiós Sui Generis” (5 de septiembre de 1975 en el Luna Park) y ahí Charly largó un "gracias Rosario", enseguida  conectó con “No soy un extraño”. Después de agradecer la designación de visitante distinguido de la ciudad, que la recordó como “ciudadano ilustre”, llegó “Cerca de la revolución” que tuvo la compañía visual de El increíble hombre menguante en las pantallas.
Acto seguido llegó la conmovedora "máquina de ser feliz", hasta allí todo prometía una noche llena de música. Pero algo pasaba, "¿Escuchan bien? ¿Está todo bien? Vamos a hacer pequeño intervalo de dos horas y media", sugirió Charly, mientras pedía que bajen el telón. Al parecer el equipo del músico lo tomó como una humorada ya que hizo caso omiso del pedido. "No tenemos cortineros, no tenemos dólares, no tenemos nada, loco. Ay Palazzo, Palazzo" dijo un Charly auténtico, y con un “y bueno sigue”, siguió.
Entonces franqueó el tema “King Kong”, con escenas del film homónimo original en las pantallas, y al fin el telón bajó. Intervalo corto. Desconcertó un poco, pero Charly volvió con "Lluvia", y luego una mención para Pete Townshend  antes de tocar "Believe", que incluyó filmaciones proyectadas de Charly (año 2000?) imitando al guitarrista de The Who. Segunda bajada de telón, esta vez la incertidumbre aumento pero la voz de García anunciando “El fantasma de la Opera” llego con una excelente interpretación de "Yendo de la cama al living" y emocionó a la audiencia. Pero ya Rosario Ortega estaba sentada a su lado, mas para contenerlo que para un acompañamiento “artístico”.
Siguió una parte de "With a little help from my friends" - The Beatles presentes con una canción que no pareció para nada elegida al azar - antes de "In the city that never sleeps". Luego "Asesíname" fue otro gran momento, el tema  ayuda y mucho claro, después "Cuchillos" trajo el recuerdo de Mercedes Sosa, con primeros planos suyos en la pantalla gigante.  “Tema que compuse cuando ya no había forma”, así anunciaba Charly a "No llores por mí, Argentina" que levantó al público con su estribillo catártico, pero Charly casi no la cantó, aunque si estaba dinámico en los teclados.
Nuevo y último intervalo con bajada de telón. Por último, y a modo de bis, "Shisyastawuman", el mismo cierre que en Buenos Aires.

Lo que pasó después fueron 20 minutos de incertidumbre a oscuras, ahí las luces se encendieron y la difusión boca a boca de un twitt de José Palazzo, productor de los shows de Charly, daba cuenta de lo definitivo del fin. “Terminó el show de Charly, faltaron cuatro temas pero no se sentía bien y preferimos terminarlo”, decía, pero en el recinto la confirmación oficial llegaría 20 minutos mas tarde ante la negativa del público de abandonar el lugar. Fue la periodista Flavia Padín que leyó por altavoces el siguiente comunicado:
“El show de Charly García se ha terminado, Charly no se sentía bien, faltaban unas pocas canciones para terminar pero no se sentía bien, por ese motivo creímos que lo mejor era que terminara de esta manera para que él se pudiera ir a descansar. Aguante el  aguante para Charly García que dejo todo arriba del escenario. Gracias a todos de parte de Charly, ¡Say no more!”, fin de la noche.
Horas más tarde se sabría que Charly sufrió problemas de presión alta, y la sugerencia de los médicos fue de no seguir con la presentación.
En definitiva lo que quedo de Charly en Rosario va mas allá de cuantos temas tocó, el gestó del músico de no querer irse y dejar todo en escena con un cuerpo que le pedía a gritos parar, eso es lo que vale. ¡Larga vida maestro!


Anexo: Detrás de la escena.

El productor José Palazzo contó al día siguiente cómo se sucedieron las cosas: "Llegó al lugar y probó el sonido de 8 temas. Luego subió al escenario lo más bien, como había subido en los conciertos del Gran Rex y Córdoba, y en el cuarto tema nos dijo que se sentía mal. Ahí los médicos que están siempre con nosotros lo atendieron, tenía la presión normal. Quiso seguir tocando porque se sentía mejor. Nosotros notamos que no estaba bien cuando siguió, estaba más flojito, mal y medio caído. Cuando venía una parte que él corta, bajamos el telón, habían pasado 13 temas y tomamos la decisión de no seguir. Los médicos le recomendaron que no siga, pero ahí se plantó que quería seguir tocando y le dejamos hacer un tema más. Tenía la presión alta".
Entonces Charly tocó Shisyastawuman, "bajamos el telón y él siguió un rato más sentado en el piano hasta que nos fuimos". Tocó 14 canciones, 1 hora 25 minutos de show. Para preservar y no correr ningún tipo de riesgo decidimos terminarlo ahí.  Le dieron una pastilla para la presión, durmió en el hotel y al otro día se fue para Buenos Aires sin ningún tipo de problema de salud extraordinario. Queremos minimizar al máximo cualquier tipo de riesgo, por eso avisamos 2 días antes los recitales, para constatar que está en condiciones" relató José.
Además, Palazzo confirmó que un médico acompaña al músico siempre y a todos lados a los que va. "Por eso creo que hicimos lo correcto en suspender el último recital", sentenció.

Por su parte el Dr. Mühlberger, médico personal de García, contó que hubo un par de episodios estresantes previos al Show. "Hubo un inconveniente técnico con un cable en el ensayo del día anterior que lo había inquietado bastante; por mas que él este acostumbrado, cada evento es diferente, el público es diferente y el entorno en general es diferente. Entonces el estrés siempre está. Además está preparando sus vacaciones para ahora, en poco tiempo que quiere viajar a Estados Unidos, y se venía levantando temprano para lo que era su costumbre. Yo considero que él ya comienza con un estrés importante que se reagudiza por todo el entorno de exigencia. Empezó a tener un malestar que se debió a un pico no muy alto de hipertensión arterial y se decidió parar todo para no sobre exigirlo”, relató el doctor. Y serenó diciendo que “esto puede pasar tranquilamente, es normal”. En cuanto a la exigencia contó sobre un diálogo que tuvo con el músico: “El otro día hablábamos  y me decía, ‘Yo amo a mis fans y vivo para este éxito que ellos me dan, siento que me exigen pero no puedo vivir sin ellos’”. Say no more.

Lista de temas:
01-El aguante
02-Instituciones
03-No soy un extraño
04-Cerca de La revolución
05-La máquina de ser feliz
06-King kong
07-Lluvia
08-Believe
09-Yendo de la cama al living
10-With a little help from my friends (fragmento)
11-In the city
12-Asesiname
13-Cuchillos
14-No llores por mi Argentina
                Bis
15-Shishastawuman

Hernán para Cinema Veritè

viernes, 31 de agosto de 2018

Muy alto en la torre Charly García fue protagonista de una noche inolvidable en el teatro Gran Rex.

Con una lista de 25 canciones y una performance vocal que mejora con cada presentación, Charly García protagonizó un concierto inimaginable en el teatro Gran Rex donde se escuchó una banda bien compacta y hasta hubo un encuentro cumbre con David Lebon para hacer dos temas de Seru Giran.


El show siguió el concepto de "La Torre de Tesla” usado como símbolo de la utopía que viene acompañándo a Charly en sus presentaciones oficiales en este año 2018; ya van tres en Buenos Aires, dos en Córdoba y el sexto será el 5 de septiembre en Rosario. Actualmente es parte de la religión que los eventos se anuncien “casi” de sorpresa dos días antes de habilitar la venta, y es fija que se agoten en minutos las entradas por internet y a las pocas horas en boletería (aunque en esta ocasión -quizás por la altura de mes y cierta incertidumbre económica reinante- hubo un remanente de entradas que se terminaron “recién” el domingo a última hora).

Desde temprano las puertas del Gran Rex se llenaron de cientos de fanáticos del genio del oído absoluto con sus clásicos brazaletes “Say No More” y remeras acordes. Ya adentro, cerca de las 21:20, la audiencia recibió los acordes iniciales de “El aguante” mientras “La torre” desde el centro del escenario tiraba rayos eléctricos. Con sombrero y saco azul de lamé García estaba cómodo en la punta izquierda del escenario, en el medio Rosario Ortega y como contrapartida, el teclado del Zorrito en la esquina opuesta y, atrás, los tres músicos chilenos, de izquierda a derecha: el guitarrista Kiuge Hayashida, el bajista Carlos González y el baterista Toño Silva.

Al tema inicial le siguió el único de Sui Generis de la lista, “instituciones”, continuado con "No soy un extraño" (donde cantó “Enciendo un porro para despistar”), tema que hizo que Charly se sacara el sombrero ante su propia obra. Marcando una noche que sería bastante verborrágica para García alguien en especial del público le llamó en un momento la atención, "mirá, está mi doble ahí. Ojo al piojo, eh, sí a vos. Ver a alguien parecido a vos ahí, que pagó la entrada y todo, te da impresión”, dijo sorprendido.

Anunciando que "Hoy es el día en que muere el rock" el espectáculo siguió al son de "Cerca de la revolución", con arenga incluida: “vamos que esto no es cumbia” tiró García. De excelente humor, entre "La máquina de ser feliz" y "King Kong", urdió una especie de chiste, "Say no more thank you Argentina… Peor sería Guns N´Roses. Pistolas y rosas -con ese tipo con el sombrero- hay que parar está invasión desmesurada tipo Trump al revés", largó.

A esta altura quedó en  claro, que Charly tiene un apoyo mas que sólido en su colosal obra; a la cual Random, su último disco, sumó un capítulo más que digno, y en la lista se mechan muy bien canciones como “La máquina de ser feliz”, la sublime y melancólica “Lluvia”, “Rivalidad”, “Otro” y "Believe", que se la dedicó a Pete Townshend, su ídolo de The Who.
Y hablando de ídolos, pidió "un brindis por el Flaco Spinetta" antes de hacer "Rezo por vos", la canción que compusieron juntos y, casi pensando en voz alta, dijo: "y la gente decía que nos odiábamos, al final entendieron", claro, son todos estos años de gente y de haberse metido ambos -como pocos - en el inconsciente colectivo argentino.

En la profética “Reloj de plastilina” Charly se despachó con varios solos de piano, luego haría parar la intro de "Asesíname" diciendo "qué músicos independientes... ¡nadie me mandó una carta documento para avisar que empezaba el tema!". Así pasaron "Yendo de la cama al living" y "In The City That Never Sleeps", que según su autor  fue: "un intento por entrar en el mercado anglosajón, sea eso lo que mierda sea." "Cuchillos” dispara directo al corazón con el recuerdo de la Negra Sosa: “Yo no me arrodillo ante nada, pero ella...”, señala Charly a la foto proyectada de la voz de Latinoamérica provocando una unánime ovación. Posiblemente haya sido la mejor interpretación de la noche y hasta mereció una edición oficial en el canal de Youtube del cantautor.

Como para no dejar descansar a la concurrencia de tener emociones fuertes llegó el momento cumbre, casi un regalo extra y el único invitado. "Entre tanto cariño y amor, quiero invitar a un compañero de ruta", dijo Charly antes de presentar a su ex compañero de Serú Girán, David Lebon. El guitarrista apareció con su Gibson y dijo: "Estoy feliz de estar acá, aunque no nos veamos todos los días, te amo y sé que vos también me amás". "Un aplauso para los dos ¡Vivíamos juntos!", agregó Charly, antes de despacharse con “No llores por mí, Argentina”, "Es solo rock and roll, but I like it", cantó Charly al final del tema. David amagó con abandonar el escenario, pero Charly le pidió que se quedara para hacer "esa canción que tanto te gustaba, la historia de una groupie". Cantando a dúo, los músicos interpretaron “Peperina” y todo el público se paró a gritar “¡Te amo, te odio, dame más!”.
Ya pasaban las diez de la noche del martes, después de despedir a Lebón y de tocar "Influencia", Charly le preguntó al Zorrito, “¿qué canción viene ahora?", a lo que el tecladista respondió que venía "Promesas sobre el bidet". Charly pidió "un aplauso para esta banda que Dios creó", y arrancó una potente "Demoliendo hoteles" con la que se cerró el telón.

Ahí la espera por los bises se alarga, pero la gente se quedó en su lugar, coreando primero un “Borobombón, esta es la banda de Say no More” y luego una seguidilla de canticos político-sociales: “Mauricio Macri, la puta que te parió, “Aborto legal en el hospital”, “Unidad de los trabajadores y al que no le gusta se jode” y “Macri basura vos sos la dictadura”. Al parecer no los detuvo el concepto de “cómo dejé de preocuparme por el Gobierno y amé la Torre” que estaba reproducido en los programas y las puertas del teatro. El que si se lo tomó al pie fue un espectador de pelo largo del superpullman, que pierde la paciencia: “Loco, basta, para qué mierda mezclan a Charly con la política” gritaba.

Fueron 20 minutos de parate en total, y -cuando la gente estaba ya cantando a capela “Inconsciente colectivo” y partes de “Rasguña las piedras” y “Seminare”- casi sin esperanzas de que se volviese a abrir el telón, eso fue justo lo que pasó. La banda sale de nuevo y canta “Los Dinosaurios” y el muchacho que se preocupaba por las mezclas políticas se llama a silencio  ante las miradas de quienes lo rodean, a esta altura hay que entender que Charly García no puede ser considerado “apolítico”, en tal caso será “apartidario”.
Sobre el final Charly mismo no puede evitar un “Qué temazo” al terminar “Pasajera en trance” pero es “Shisyastawoman” el tema que hace oficial el cierre de la noche. “Chau, gracias, hasta la próxima” se despide simplemente García, cerrando por enésima vez en tantos años el telón del Rex.


Un párrafo aparte merece la cinefilia del anfitrión, ya que las pantallas no son sólo para los rayos eléctricos de la Torre, sino también son usadas para reproducir partes de “2001 odisea del espacio”, de “Psicosis”, de “King Kong” (la versión original de 1933), de “Toro salvaje”, de “El increíble hombre menguante”, “Los productores”,  “The Devils” y “Springtime for Hitler”. Todo funcional a las canciones y combinado con imágenes icónicas de García como cuando se tiró a la pileta en Mendoza.

Está claro que ya a esta altura de las circunstancias Charly renace siempre en el escenario con el halo de una leyenda, de un sobreviviente y nadie quiere perderse esta enésima reencarnación del fénix de la música popular vernácula.



Lista

01-El aguante
02-Instituciones
03-No soy un extraño
04-Cerca de la revolución
05-La máquina de ser feliz
06-King Kong
07-Lluvia
08-Believe
09-Rezo por vos
10-Fax U
11-Otro
12-Reloj de plastilina
13-Rivalidad
14-Yendo de la cama al living
15-In the City That Never Sleeps
16-Asesíname
17-Cuchillos
18-No llores por mí, Argentina (invitado David Lebón)
19-Peperina (invitado David Lebón)
20-Influencia
21-Promesas sobre el bidet
22-Demoliendo hoteles
23-Los dinosaurios
24-Pasajera en trance
25-Shisyastawuman

Hernán para Cinema Verite
Foto: Nicolás Aboaf

martes, 31 de julio de 2018

Charly García, segunda noche en Córdoba con su Torre de Tesla.



El artista hizo su segunda y última presentación en Córdoba donde repitió una Plaza de la Música colmada y emocionada con cada uno de sus temas.
Charly lo hizo una vez más y por segunda vez en dos semanas hizo explotar la Plaza de la Música este lunes, recorriendo buena parte de las canciones que conforman su exitosa y prolífica carrera.
Aún sonaban los últimos acordes de Demoliendo Hoteles, cuando Carlos Alberto García Moreno dijo “es todo”, y se levantó de su sillón para bajarse del escenario y no volver ya.
Previo a todo esto, durante más de una hora y media, Charly y su Torre de Tesla (el nombre del espectáculo) no sólo había demolido hoteles, sino también los corazones roqueros de miles de personas de distintas edades que se llegaron a rendirle tributo a un “Dios vivo” de la música.
El repertorio de García alternó canciones extremadamente populares (si vale el término para hablar de la historia de Charly) hasta otros temas que no eran coreados por todos los que estaban presentes en la Plaza.
Estuvo de muy buen humor, interactivo con la gente, animándola a cantar y aplaudir. Si hasta en un momento dijo “ustedes son un gran público”.
Sólo tuvo algún enojo cuando una cámara de las que filmaba el recital (las oficiales y que transmitían las imágenes en la pantalla gigante) cuando se colocó delante de él y debajo del escenario. Le hizo señas de que no la quería ahí y hasta se mandó un “I hate you” (te odio).
Y así fueron pasando desde el arranque de El Aguante, tema con el que había cerrado su mas emotivo show cuando volvió el año pasado a los escenarios en la sala Caras y Caretas, Instituciones, No Soy un Extraño y Cerca de la Revolución, tema que despertó el primer pogo y revoleo de pullóveres entre el público.
La Máquina de Ser Feliz, King Kong (acá dijo que el simio era “cooooordobesss”), Lluvia, otra canción a coro del 100% de las personas que estaban allí, el mágico Rezo por Vos, con una sucesión de imágenes que seguramente escandalizarían al Arzobispado local.
Antes de una pequeña pausa, Charly cantó Fax U, Reloj de Plastilina, Rivalidad, Yendo de la Cama al Living, In the City, Asesiname y Cuchillos.
Pero, el final de esta primera parte llegaría con tres “puñaladas” al corazón de los presentes: No Llores por mí Argentina, Me siento mucho Mejor y Promesas sobre el Bidet. Si no estuvieran advertidos, muchos espectadores pensarían que ahí terminaba todo, pero no, faltaba más.
El cantito. Antes de retomar el final, y mientras el público esperaba, surgió desde un grupo, el cántico que pone los pelos de punta al partido gobernante de Cambiemos. Sí, el “MMLPQTP” empezó a crecer y se hizo bastante masivo en algún momento esperando el retorno de García.
Si a alguien le quedaba alguna duda respecto de si Charly había podido escuchar lo que pasaba, ni bien regresó arrancó con el emotivo Inconsciente Colectivo y hacia el final, con los últimos acordes de piano metió un “Mauricio Macri la puta que te parió”. Ovación total para el artista.
El final fue con No se va a Llamar mi Amor, Anedhonia, Los Dinosaurios, No Importa y lo ya dicho, Demoliendo Hoteles.
Charly García pasó por Córdoba, inoxidable, intacto, es cierto sin la misma voz que en sus mejores épocas, pero con un manejo del escenario, repertorio e instrumentos que hizo valer la pena cada centavo invertido por quienes lo disfrutamos durante las dos jornadas que presentó su Torre de Tesla. Hasta pronto Maestro, nos vemos a tu regreso.

Por José Reyna

Lista de Temas:

1 El Aguante.
2 instituciones.
3 No soy un extraño.
4 Cerca de la Revolución.
5 La máquina de ser Feliz.
6 King Kong.
7 lluvia.
8 Rezo por vos.
9 Fax u.
10 Otro.
11 Reloj de plástilina.
12 Rivalidad.
13 Yendo de la cama al living.
14 In the city.
15 Asesiname.
16 Cuchillos.
17 No llores por mí Argentina.
18 Me siento mucho mejor.
19 Promesas sobre el bidet.
20 inconsciente colectivo.
21 No se va a llamar mi amor.
22 Anhedonia.
23 Los Dinosaurios (final Kashmir)
24 No importa
25 Demoliendo Hoteles.

jueves, 26 de julio de 2018

Charly García no defrauda. Su show en Plaza de la Música: “¡Aguante Córdoba!”


Charly García se reencontró con los cordobeses y no defraudó

Charly cantó mucho y habló poco; lo necesario para despertar más aclamaciones


5 de julio de 2018  • CORDOBA.- La leyenda regresó y no defraudó a las 3200 personas que coparon la Plaza de la Música para escuchar, idolatrar, extrañar a Charly García. Con "La torre de Tesla" convocó a sus seguidores de siempre (más 50 años) y a los de menos de 20 que no pudieron verlo en sus mejores momentos, cuando se convirtió en un dios del rock nacional.
La vuelta a la provincia de Córdoba fue cuatro años después del espectáculo que presentó en el Cosquín y que terminó con una etapa de muchos shows que parece haber retomado este año.
El show mezcló nuevos y clásicos y no decepcionó a nadie. Comenzó con "Instituciones", solo ocho minutos después de las 21: la puntualidad exacta que obligó a muchos a recordar los tiempos en que el horario de su aparición era una incógnita.
En este espectáculo las canciones de Random -"La máquina de ser feliz", "Lluvia", "Otro", "Rivalidad"- fueron coreadas con el mismo entusiasmo que aquellas de siempre, las que todos le piden que no deje de cantar. Así pasaron "Cerca de la revolución", "Rezo por vos", "Reloj de plastilina" y "Yendo de la cama al living".
El público siguió con atención también lo que pasaron las pantallas gigantes en las que se sucedieron desde imágenes de distintas etapas de la vida Charly hasta el atentado a las Torres Gemelas, mezcladas con viejas películas.  Charly cantó mucho y habló poco, lo necesario para despertar más aclamaciones. "King Kong es cordobés", dijo después de ese tema y -casi al final- advirtió: "Lo que dicen los diarios a veces es cierto y, a veces, no". Luego presentó "Cuchillos" y contó que se la hizo a su amiga Mercedes Sosa, pero aclaró que "no lloró".
Interactuó con la gente básicamente con gestos, como un director de orquesta. Solo hubo un corte de cinco minutos en la sucesión de canciones. A su regreso el público no volvió a sentarse; quedaban cinco de los 24 temas que interpretó. Fue toda una fiesta.
Como siempre, lo acompañaron Fabián "Zorrito" Von Quintiero en teclados; Toño Silva en batería, Carlos González en bajo, Kiuge Hayashida en guitarras y Rosario Ortega en voz.
"Rosarito", como la llama Charly, sacó un pañuelo verde en medio del recital y se lo ató a la muñeca para mostrar su apoyo a la legalización del aborto. "¿Qué hacés con esa cosa verde?", le dio pie él, de saco plateado (que reemplazó por el negro de Say no More en la segunda parte) y siempre sentado detrás de su teclado.
Los 90 minutos del show no alcanzaron y, cuando el hombre del oído absoluto se despidió con "Demoliendo hoteles", muchos siguieron coreando sus temas.
Charly se quedará una semana en esta ciudad; llegó el domingo para "adaptarse", probó sonido el martes a la tarde y esperará aquí la segunda presentación, el lunes próximo. Las entradas salen hoy a la venta.
Aunque no faltaron los que se iban comentando que Charly "no es el mismo" y que no canta igual, la noche fue perfecta. Tanto que algunos se fueron derecho a hacer fila para conseguir una entrada y regresar el lunes.

Por: Gabriela Origlia para La Nación

Lista de Temas:

1 instituciones.
2 No soy un extraño.
3 Cerca de la Revolución.
4 La máquina de ser Feliz.
5 King Kong.
6 lluvia.
7 Rezo por vos.
8 Fax u.
9 Otro.
10 Reloj de plástilina.
11 Rivalidad.
12 Yendo de la cama al living.
13 In the city.
14 Asesiname.
15 Cuchillos.
16 No llores por mí Argentina.
17 Me siento mucho mejor.
18 Promesas sobre el bidet.
19 inconsciente colectivo.
20 No se va a llamar mi amor.
21 Anhedonia.
22 Los Dinosaurios.
23 No importa
24 Demoliendo Hoteles.

miércoles, 2 de mayo de 2018

Charly Gracía volvió al Gran rex y trajo de regreso a un pesado del rock

Con Billy Bond como invitado, García alargó su leyenda con un concierto sobrio en el que actualizó clásicos y proyectó su influjo al presente.



El neón del Gran Rex se recortaba contra un cielo amenazante, mientras un racimo de fieles a Say No More buscaba algún resquicio, o imposible ticket sobrante, para asistir al evento más excluyente de una Buenos Aires aletargada por el feriado. Charly García volvía a escena luego del sorprendente show que dio en febrero en el teatro Coliseo. La Torre de Tesla, el espectáculo que estrenó en la sala de la calle Marcelo T. de Alvear, tenía su prolongación en uno de sus reductos preferidos, allí donde -por caso- realizó su notable serie Adiós Charly García, a fines de 2002.
Misión imposible para aventureros: solo aquellos afortunados que accedieron a las entradas de venta récord, agotadas en menos de media hora el viernes, pudieron atravesar las puertas del teatro. Y una vez allí, sí, sentirse parte de una velada histórica.
A las 20:51 el terciopelo rojo se descorrió y apareció, imponente, la Torre de Tesla, mientras García comandaba a su banda en una versión brumosa de “No soy un extraño”, un desembarco perfecto para este regreso desde un exilio interior más tortuoso que aquella excursión neoyorquina de la que nació Clics modernos. A la izquierda del escenario, apoltronado en un sillón de respaldo alto y rodeado de teclados, García tenía de frente a los operadores de su torre-antena: Fabián Quintiero en teclados, Rosario Ortega en voz, Kiuge Hayashida en guitarra, Carlos González en bajo y Toño Silva en batería.
Cuando la incredulidad todavía cundía entre un público que mezclaba sesentones con parejas jóvenes, García emprendió “Instituciones” -el único tema de sus bandas eternas de la noche- y en seguida “Cerca de la revolución”, mientras las pantallas proponían una narrativa distópica con escenas de El increíble hombre menguante, gema de la ciencia ficción de 1957.
En la Torre de Tesla, la iridiscencia de las pantallas jugó un rol no solo estético, sino narrativo: la correspondencia visual del setlist reformulaba el cancionero de García. Como toda obra viva, reveló nuevos rasgos y adquieró nuevas significaciones con el paso del tiempo. Y con García, que ha decidido convertir su propia vida en parte de la obra, la experiencia es aún más intensa y fecunda. 
El increíble hombre menguante parecía ilustrar la expectación alienada de una humanidad que se ahoga en un vaso de agua. Más adelante, hubo mayor literalidad para ligar “Asesíname” con “Psicosis” (1960) y “Rivalidad” con “Toro Salvaje” (1980). Charly había propuesto el “disco para mirar” en Kill Gil (2010), pero es recién ahora que su ambición de sincronía y complementación se realiza satisfactoriamente.
“Decían que estaba acabado, que no podía componer más”, soltó Charly con tono sarcástico antes de invocar con sus manos huesudas la introducción de “La máquina de ser feliz”, de su último y multinominado disco, “Random” (2017). La voz de García entró sólida a la primera estrofa y la audiencia del Gran Rex se llamó al silencio para contemplar el milagro: Charly estaba ahí y está cantando como nunca. Atrás despuntaba el amplio cosmos de 2001: “Odisea en el espacio” (1968) y su fulguración lumínica, mientras Hayashida mete uno de sus elegantes solos de la noche. “King Kong”, con imágenes del rollo original de 1933, confirmó la buena salud de la gola del cantante y su notable empleo, que perduraró sin flaquear hasta el final del concierto. El repaso por composiciones recientes concluyó con una versión aplacada del inesperado de “Lluvia”.
Los asientos quedaron de adorno al sonar el riff de “Rezo por vos”, que García tocó mirando al público como testeando la inviolable identificación entre su audiencia y el tema que compusiera con Luis Alberto Spinetta en 1985. Con una Gibson SG sobre el regazo, encabezó una purulenta versión de “Fax U” seguida por “Otro”, antes de zambullirse en el empuje anímico de “Reloj de plastilina”, durante la que aprovechó para subrayar la frase “soy lo que creí, soy lo que está pasando”.
Luego de preguntar “¿Qué opinan de la bachata, chicas?”, García emprendió el segmento final del concierto con energía y buen humor. “Con esta canción empezó mi decadencia”, dijo mientras Hayashida y González alumbraban una memorable “Yendo de la cama al living”. Charly se señaló el pecho mientras Ortega y el público cantaban a coro aquello de “podés saltar de un trampolín”, y se tomó en broma su tirante relación con Nueva York al presentar a “In the City that Never Sleeps” como “mi primer éxito en Estados Unidos”.
“¿A dónde querés que vaya?”, respondió García a una voz de aliento –“¡Vamos, Charly!”- antes de largarse con una imperfecta “Me siento mucho mejor” y una exquisita “Promesas sobre el bidet”, donde revalidó -como si hiciera falta- sus dotes de cantante. “Demoliendo hoteles” fue un cierre de alta tensión para el set inicial, que concluyó dos minutos antes de las 22:00. ¿Podrá alguien escribir una mejor biografía que ésa en menos de 150 palabras?
Ya sonaba “Los dinosaurios” cuando el telón volvió a abrirse y las imágenes de los dictadores motivaron una enorme silbatina. La sobria relectura del clásico dio pie inmediato a una tenebrosa y ralentizada “No importa”, la única canción de la noche que mereció que su letra se proyectase: “El mundo es un patio de prisión”, podía leerse en letras rojas, mientras García movía su dedo-obelisco en señal negativa. Entonces, tomó cuerpo la idea de que Charly busca en Tesla el espíritu que lo forjó en un humanismo utópico desde el que mira, con amargura y desánimo, la actualidad de un mundo sin horizontes políticos y siempre al borde de otra guerra absurda. Tal vez por eso una de las puertas del Gran Rex estaba ocupada por una gran fotografía de Peter Sellers en su papel de científico desquiciado en Dr. Strangelove (1964).
García se tomó un momento para presentar al único invitado de la noche, Billy Bond: “Un hombre que me ayudó”. El Bondo, que promovió las primeras grabaciones profesionales de Charly, se subió con ímpetu juvenil a cargarse un excelente repaso de “Loco, ¿no te sobra moneda?”, un clásico del tesoro bootleg que Serú Girán grabó con el ex La Pesada en el álbum Billy Bond and The Jets (1979). “Esta noche toca Charly, no me lo puedo perder”, levantaba Bond a la platea, mientras se dibujaban sonrisas por las trompadas y patadas, placas de Crónica y destrucciones varias protagonizadas por Charly que las pantallas trajeron como recuerdo de mil y una supervivencias.
Antes de la despedida, hubo tiempo para que “Fanky” -en cuyos prolegómenos García y Ortega mostraron el pañuelo verde en favor de la despenalización del aborto- desatara el baile de “Freaks"  (1932), continuado por el Zorrito Quintiero en “Nos siguen pegando abajo”. Hasta que, una hora y cuarenta minutos después de empezar, Charly dijo “Gracias, buenas noches”.
Nostálgico de aquel indomable animal de escena de otras épocas, el público se quedó pidiendo más y cantando, en un ritual pagano, las canciones del ídolo intercaladas por un grito de guerra equitativo para mujeres en sus cincuentas y jóvenes de bigote precoz: “¿Si esto no es aguante, el aguante dónde está?”. 

Lista de temas:

01-No soy un extraño
02-Instituciones
03-Cerca de la Revolución
04-La máquina de ser Feliz
05-King Kong
06-Lluvia
07-Rezo por vos
08-Fax U
09-Otro (intro Springtime for Hitler)
10-Reloj de Plastilina
11-Rivalidad
12-Yendo de la cama al Living
13-In the City
14-Asesíname
15-Me siento mucho Mejor
16-Promesas sobre el bidet
17-Demoliendo hoteles

Intervalo

18-Los dinosaurios
19-No Importa
20-Loco
21-Fanky
22-Pecado Mortal

Por Luciano Lahiteau
Para Billboard
PH Fernando David Quinteros

martes, 24 de abril de 2018

Charly García se presentará en el teatro Gran Rex el 30 de abril



Dando cuenta de su notable mejoría, Charly García vuelve al ruedo musical. Luego de su recital en el Coliseo, de haber tocado junto a Turf en Vorterix el sábado 7 de abril, y de haber grabado hace pocos días los temas La otra salida y Todo a pulmón de Lerner junto a él y Geoff Emerick en el estudio El Pie, García cumple su promesa de volver a presentarse en vivo este año y demuestra que su capricho es ley, más allá de la fragilidad de su salud.
Charly García se quedó con ganas de más luego del impecable show que brindó en febrero pasado en el teatro Coliseo. Tanto él, como su entorno, prometieron más shows para este año. Promesa que es un hecho: el prócer del rock nacional se presentará en el teatro Gran Rex el próximo lunes 30 de abril.
Allí, Charly estará acompañado por sus conocidos de siempre, el Zorrito Fabián Quintero en teclados, Kiuje Hayashida en guitarras, Toño Silva en batería, Carlos González en bajo y Rosario Ortega en voz.
A diferencia del último show que García y los suyos brindaron en el teatro Coliseo, -llamado "La torre de Tesla", anunciado dos días antes y agotado en media hora de venta online-, esta vez cambiarán "un poco" el listado de temas, según confirmaron desde el entorno de Charly a Clarín.
De este modo, se seguirán enfocando en compartir algunas canciones de Random -el álbum que García lanzó hace un poco más de un año y que cosecha siete nominaciones a los premios Gardel-, como Lluvia, Rivalidad, La máquina de ser feliz, entre otros, además de sus innumerables y eternos clásicos.
Las entradas estarán a la venta "a partir de esta semana". Sería otra vez a través de Ticketek y en la boletería del teatro.


Fuente: Clarin

martes, 13 de marzo de 2018

Rosario Ortega: “Con Charly grabamos canciones nuevas”



Rosario Ortega fue elegida en el 2011 por Charly García para ser vocalista de su banda y desde entonces lo acompaña en sus presentaciones y grabaciones.  Al día siguiente de la presentación en el Coliseo la revista Billboard le realizó una entrevista, aquí el extracto que concierne al músico.

-Ocupás un lugar muy importante al lado de Charly, ayer tocaste con él en el coliseo, ¿Cómo lo viviste?
-Bien, bárbaro, nos enteramos hace quince días de este show, porque todo es así. La gente se entera del show dos días antes, pero nosotros, quince, no es que contamos con tanta anticipación y, nada, guardándome las ganas de comunicarlo y no podía, solo le dije a gente de un circulo muy cercano y estuvo buenísimo.
El nació para la música, respira música, entonces es el momento mas feliz, no hace ni piensa otra cosa en todo el día así que verlo arriba del escenario fue emocionante y también ver cómo la gente lo quiere y como también me dan amor a mí, mucho mas que hace un tiempo, también. Porque es como que al público de Charly lo tenés que ir conociendo y ganando de apoco, y tampoco es tan fácil.

-¿Te sentís con  una responsabilidad grande?
-Si, obviamente. Estas cantando al lado del número uno de la Argentina que tiene canciones de un peso histórico y social; entonces no es fácil. Digo; yo me siento en otra posición ahora que hace cinco años cuando arranqué (NdR: en realidad son siete años), ¿entendés? que estaba como medio obnubilada por todo y con cierto,  no temor, pero no entendía tanto el rol tan importante que tenia y ahora me parece que de a poco lo estoy asumiendo bien.

-¿Y te aconseja respecto a lo tuyo, lo que estás haciendo musicalmente, le mostrás algo?
-Escuchó canciones de mi disco pasado (NdR: Viento y Sombra), de lo nuevo no. Pero hay una canción como para que meta algún teclado o algo así. Pero bueno, el universo Charly es tan grande, y el esta tan metido, y yo soy bastante respetuosa con eso…

-¿Sigue Charly siempre componiendo?
- Si, no para de componer. Tiene un iPad, le gusta samplear cosas, y está todo el tiempo dibujando y haciendo música. Por eso te digo,  Él es como arte caminando, es mucho más que un artista. Es, no sé, algo que creo que es único, en serio es único. Entonces estar al lado de él es un aprendizaje constante.

-¿Así que Random puede no ser el último disco?
-No va a ser el último disco; no porque ya hay cosas grabadas, canciones nuevas que estamos yendo al estudio y las estamos haciendo ahí.
 Él a mí me da un lugar muy importante y eso yo lo valoro mucho. Es el primero que me empuja para adelante. Y eso que recién te contaba, que ayer después del show me dijo: “Me hiciste caso al final”, y le digo “¿con que?,  con mandarte adelante”.  Así que, nada, yo lo adoro.

Billboard.

viernes, 16 de febrero de 2018

Charly García tocó en el teatro Coliseo y fue ovacionado por tres generaciones de fans

Presentó "La Torre de Tesla" ante 1.700 personas que disfrutaron de una hora y media de show. Repasó algunos de los éxitos de siempre e interpretó canciones de su último disco, Random

El martes pasaba poco y nada. Era feriado, muchos volvían de sus escapadas por el fin de semana largo y la ciudad estaba casi desierta. Sin embargo, un anuncio sacudió la modorra: se informaba que Charly García tocaría en el teatro Coliseo el jueves a las 20:30 y que las entradas se podían conseguir el miércoles desde las 11:00.
La locura fue total. Los fanáticos inundaron las redes sociales con mensajes de apoyo y, al mismo tiempo, se notaba algunos signos de angustia porque sabían que el lugar donde se presentaría el músico era pequeño y que las 1.700 localidades se iban a agotar rápidamente. Y así fue. En sólo media hora volaron las entradas.
Ahora bien. ¿Qué pasó en el recital? Describir con palabras un evento de esta magnitud es realmente muy complicado. Más aún si el que escribe es fan de Charly. La emoción por verlo arriba del escenario fue total y los seguidores del músico -tres generaciones de fans- disfrutaron de una hora y media de show.
"Morí sin morir", dice una de las estrofas de Rezo por vos -tema que interpretó y fue uno de los puntos más altos de la noche- y cuánto valor tiene para este momento en la vida de García. Si hay alguien que murió sin morir es justamente él. Como el ave Fénix, resurgió de sus cenizas y demostró que su música sigue más vigente que nunca.
A las 20:45 se levantó el telón y una linda versión de Instituciones abrió el esperado concierto. La gente rápidamente se puso de pie -así estuvo durante todo el show- y empezó a cantar una a una todas las canciones.
La banda sonó muy sólida con el trío de chilenos: Kiuje Hayashida en guitarras, Carlos González en bajo y Toño Silva en batería. También con el "Zorrito" Fabián Quintiero en teclados, y con Rosario Ortega en coros, quien en el Coliseo fue más que la segunda voz. Se mostró como un apoyo permanente a Charly.
En los casi 90 minutos de recital, el hombre del bigote bicolor tocó temas de su último disco, Random, y deleitó al público con los éxitos de siempre.
De su álbum editado el año pasado, interpretó La máquina de ser feliz, Lluvia, Otro y Rivalidad, tema en el que hizo un chiste al presentarlo: "Es una canción que se la hice a mi vecina. Por suerte me mudé". Mientras sonaba esa pieza, en las pantallas se mostraba cuando García se tiró desde el noveno piso a una pileta en un hotel de Mendoza.
De las "viejas creaciones" no faltaron Cerca de la revolución, la mencionada Rezo por vos, Reloj de plastilina, Yendo de la cama al living y Me siento mucho mejor.
También interpretó Promesas sobre el bidet, Demoliendo hoteles y Los Dinosaurios. En este último tema se vivió uno de los momentos más fuertes de la noche porque mientras Charly lo cantaba se pasaba de fondo imágenes de los represores de la última dictadura militar.
Posteriormente volvió el clima festivo a la sala: cantó Funky y cerró el show a las 22:07 -por insistencia del "Zorrito" Quintiero- con Nos siguen pegando abajo. Una vez terminado el concierto, la gente se quedó varios minutos en la sala cantando los hits del artista.
Fue una noche mágica e histórica. Y, como bien dice el primer corte de difusión de Random, la máquina de ser feliz la tiene él y anoche la compartió con sus fans. ¡Gracias por tanto maestro!

Lista de temas:

01-Instituciones
02-Cerca de la Revolución
03-La máquina de ser Feliz
04-King Kong
05-Lluvia
06-Rezo por vos
07-Otro (intro Springtime for Hitler)
08-Reloj de Plastilina
09-Rivalidad
10-Yendo de la cama al Living
11-In the City
12-Sádico (Generación)
13-Me siento mucho Mejor
14-Promesas sobre el bidet
15-Demoliendo hoteles
Intervalo
16-Los dinosaurios
17-No Importa
18-Pecado Mortal
19-Fanky
20-Medley publico a capella

Por Gastón Calvo
Para Infobae
PH. F. Marelli

jueves, 15 de febrero de 2018

A horas del regreso de Charly García a los escenarios, declaraciones del Zorrito Quintiero y Toño Silva, tecladista y percusionista respectivamente de su banda.


Charly García vuelve a tocar. La cita será hoy en el porteño Teatro Coliseo, con entradas agotadas y el plus de que hay un disco a presentar. Por supuesto, como cada vez que García mueve las piezas, ahí está Fabián “Zorrito” Quintiero como ladero artístico y emocional. “El Coliseo se hace porque Charly tiene ganas. Si él no se enciende, nada puede suceder”, dijo al atender el llamado de VOS, el diario Cordobés.
“Soy ladero de Charly hace 30 años y tengo el know how de cómo tocar teclados en su música. Soy su apoyo en el escenario y fuera de él mantenemos una relación de amistad muy divertida y basada en la confianza. Lo apoyo siempre y cultivo nuestra cercanía. Sin embargo, no me adjudicaría algo así… Después de un año sin tocar, sobran ganas”, añade el músico, puntal en una banda que se completa con Rosario Ortega en coros y el trío chileno formado por Kiuge Hayashida (guitarra), Carlos González (bajo) y Toño Silva (batería).
“Se está produciendo una sintonía total entre lo que demanda la gente y lo que sentimos quienes estamos cerca de Charly. Y está bueno que esto pase cuando es tan necesaria la música de Charly García. Porque espiritualmente es muy necesaria”, completa.

–¿Te costó asimilar el repertorio de Random?
–En el disco no grabé, porque mientras él lo hacía yo estaba trabajando mucho en televisión. Por otro lado, fue un disco que él hizo casi en soledad. En fin, lo escuché y hoy lo toco como si lo hubiera grabado. Lo tengo re incorporado. Es que por haber acompañado a Charly tantos años, ya sé por dónde irá. Sé hasta las posiciones de sus manos al momento de su composición. Sé cuando vuela y cuando vuelve a sí mismo.


Disparador

El nombre del nuevo show de Charly García es “La Torre de Tesla”, en referencia a una de las tantas invenciones del ingeniero de origen serbio que, presa de su narcisismo, terminó subestimado como “científico loco”, a pesar de sus enormes contribuciones en el campo de electromagnetismo y la transmisión de la energía eléctrica. “Charly está copado con Tesla, con su historia personal y con cómo la robaron algunas ideas. Él siempre se agrupa detrás de un concepto. Y ahora se copó con Tesla y vamos con esa. Son disparadores que usa para motivarse. Tocar por tocar no le va. La interesa que la gente descubra e investigue al personaje homenajeado”, apunta.

–Sos el único músico de la “vieja guardia” que sigue con Charly, un artista intenso al que resulta difícil seguirle el tren. ¿Cómo hiciste para perdurar a su lado?
–Tuvimos distintas épocas con distintas intensidades. Hoy no hay una intensidad física sino emocional. No hay 20 horas de ensayo, es más agradable, está más aceitada la forma de trabajar y es menos caótica que en otras épocas. ¿Cómo hice para perdurar? Toco teclados, algo que está en relación directa con lo que Charly toca, y eso generó una conexión especial. Pasé de ser audiencia de García a estar en el escenario con él, y por más que llevamos años compartiendo experiencias, aún me asombro y festejo su música. En serio, cuando toco un arreglo, me asombra intuir cómo creó ciertas armonías y melodías. Yo repaso mucho esa creación y se la llevo a los ensayos para que él la recuerde. Lo obligo a repasar su propia obra. Seguramente, él siente que sigo conectado con su legado, a pesar de que hago muchísimas otras cosas.

–¿Sos imprescindible en su banda?
–Si no estuviera yo, a Charly le resultaría difícil relacionarse con otro músico. Y esto es así por más que hay excelentes pianistas y tecladistas en el país. El know how de cómo interpretarlo, eso me mantuvo en el puesto. Aparte, está la confianza, sabe que siempre que me necesita, estoy. Para mí es un honor. Podría perder la perspectiva y naturalizar el hecho de tener la credencial para entrar a su camarín. Honestamente, eso para mí sigue siendo un flash muy grande.

–¿Recordás la primera vez que Charly te dirigió la palabra?
–Cuando era adolescente, con mi primo Hoby Defino lo fuimos a buscar a un hotel para conocerlo, luego de que los Serú Girán tocaran en la costa. Años después, yo tocaba con Suéter cuando él produjo el disco 20 caras bonitas… No me daba ni bola. Y llegó el año en el que se subió a tocar con Soda en La Falda, cuando yo era el tecladista. Esa vez, él vino corriendo desde un costado y me corrió. Era totalmente ignorado hasta que fuimos con los Soda a una fiesta en una mansión, en la que él estaba. Entonces lo encaré y le dije “che, quiero tocar con vos”. Me miro y me dijo “OK, yo te aviso”. Y llegó la oportunidad en abril de 1987, para presentar el disco Parte de la religión. En febrero de 1987 toqué con Soda por última vez, en Viña del Mar, y ya se rumoreaba que pasaba a la banda de García. Ese rumor me permitió apurar la salida. Y el hecho de que los Soda no querían poner a un cuarto miembro en las fotos oficiales. Pensé que era una oportunidad y me la jugué.

–¿Qué dirías de Charly como jefe?
-No le perdona la vida a nadie, pero es el mejor jefe que podés tener. Es el que mejor paga y el más leal. No hay manera de que te garque. A este mundo lo conozco perfecto y, te digo, eso no existe.


El verdadero regreso es hoy

También en la previa del concierto, Toño Silva, quien lleva más de 15 años como baterista de García, se tomó un tiempo y conversó con Futuro, la radio trasandina.
Charly García lleva más de 15 años tocando de forma regular con los chilenos Kiuge Hayashida y Toño Silva. Los músicos no sólo han sonado con él en vivo, sino también en sus discos de estudio, y son parte de un selecto grupo de músicos que, junto al eterno escudero de Charly, Zorrito Von Quintiero, se han afianzado como la banda estable de uno de los actos más relevantes de la escena rock latinoamericana.
Para Toño “La Torre de Tesla” es el regreso de Charly a los escenarios desde marzo del 2014 en el Cosquín Rock ya que prefiere no contar los shows pequeños y espontáneos que el ícono hizo el 2017. Para el concierto de, la gente va a escuchar tanto clásicos como también temas más recientes de la última placa de Charly, Random (2017). Y no faltó convocatoria, porque pese a haberse anunciado con 48 horas de anticipación, en menos de una hora todos los tickets ya tenían dueño.
Se han preparado intensamente, han sido dos semanas de ensayos diarios en los que han estado trabajando en nuevos arreglos de la música, según indica Silva. “Todo muy meticuloso, viendo todos los detalles de sonido… han sido muy rigurosos los ensayos”.
Según el chileno, baterista de Charly García, la elección del nombre podría interpretarse como una analogía entre lo que hizo Nikola Tesla con sus inventos y lo que pretende hacer Charly con su música. Además, estima que “Tesla es como un John Lennon”, y que en esa línea iría el concepto tras bautizar el recital como “La Torre de Tesla”.
No es novedad para Charly anunciar conciertos con poca anticipación. El año pasado hizo lo mismo cuando presentó su último registro “Random”. “Fue en un teatro muy chico y anunciado prácticamente el mismo día… fue como la pre-presentación de Random”, detalla Toño. “Este es el primer concierto de Charly anunciado, grande, después de muchos años”. Y sobre la permanencia (casi 16 años) que llevan con García como su banda de apoyo, Toño la tiene clara: “Acá todos los músicos quieren tocar con Charly García, y sin embargo él nos sigue eligiendo a nosotros. Hay una fila larga de músicos que quieren tocar”.

Con informaciòn de Voz Futuro.

martes, 13 de febrero de 2018

Este jueves 15 de febrero vuelve Charly García a los escenarios y para todo público. Euforia.

CHARLY GARCIA presenta “LA TORRE DE TESLA”
Este Jueves 15 de FEBRERO – 20:30 Hs. 
En el Teatro Coliseo ( Marcelo T. De Alvear 1125 ) 
CABA
Entradas a la venta desde el Miércoles 14 de Febrero en la boletaría del Teatro y por sistema Ticketek a partir de las 11Hs por orden de llegada.


Desde la salida de su último álbum, Random, Charly García solo hizo una presentación oficial a mediados de marzo del año pasado, fue un show anunciado unas horas antes en el “Caras y Caretas” para poco menos de 400 privilegiados y podríamos sumarle con la misma banda de apoyo, otros dos shows, uno  en abril (un evento privado) y su clásica tocata de cumpleaños aún más exclusiva.
Hace tiempo que sus actuaciones en vivo son esporádicas, ya se sabe, y arrancando ya este año inesperadamente apareció en un conocido club de jazz y restaurante, ubicado en Punta Ballena, en Uruguay ante unas 100 que festejaban el cumpleaños del histórico tecladista de García, el Zorrito Quintiero. Unos días después de eso, en el Libray Lounge Bar del Hotel Faena, fue a tomar algo y como suele hacerlo cada vez que va y tiene ganas terminó poniéndose a tocar.

Pero esta vez es distinto Charly, vuelve a presentarse en un lugar con capacidad seis veces mayor, vuelve al Coliseo, donde festejó su cumpleaños en el 2001, donde Seru Giran realizó sus actuaciones más recordadas en 1981, la previa solista al parate por la vuelta de la misma banda en el 92 y donde volvió  a juntarse con sus amigos de Porsuigieco en el 2016. Otra vez anunciado sobre el momento, un poco antes en esta ocasión, se espera un casi inmediato sold out y no es para menos, toca la leyenda, toca Charly.

PLATEA VIP CENTRAL - $1800.00 + $200*
PLATEA VIP LATERAL - $1600.00 + $175*
PLATEA - $1550.00 + $170*
PLATEA - $1250.00 + $135*
PLATEA - $1300.00 + $145*
SUPERPULLMAN CENTRAL - $1400.00 + $155*
SUPERPULLMAN - $1000.00 + $110*
1ER PULLMAN CENTRAL - $900.00 + $100*
1ER PULLMAN LATERAL - $800.00 + $90*
2DO PULLMAN CENTRAL - $700.00 + $80*
2DO PULLMAN LATERAL - $600.00 + $65*

Hernán para Cinema Veritè