domingo, 24 de noviembre de 2019

"Entre lujurias y represión", el libro que cuenta la historia de Serú Girán

Surgida en plena dictadura, año 1978, Serú Girán fue la suma de cuatro singularidades tan únicas como mágicamente complementarias: Charly García, David Lebón, Oscar Moro y Pedro Aznar. Pero en esos años se convirtió en mucho más que una banda, en mucho más que rock. Entre lujurias y represión (Sudamericana) de Mariano del Mazo cuenta con detalle y sensibilidad su historia. 


"De pronto nuestros conciertos se volvieron espacios de resistencia. La gente se expresaba. Sobre todo, en Obras. Cuando cantaba “Canción de Alicia” era un momento fuerte. Una vez se iban a llevar una chica en cana. Le pedí al iluminador que apuntara adonde estaba la chica. Y en el micrófono le dije al cana: “Soltala. Somos cinco mil contra uno”. Charly García recuerda aquel 1980 y afirma: “El tema era cómo ser metafórico y a la vez directo”. Como dice Eduardo Berti, uno de los periodistas de rock más prestigiosos de aquellos años:
"Serú era la suma de cuatro individualidades y cada uno tenía una información, una postura y una forma de reaccionar diferente. También estaba el tema de la diferencia de edad. Aznar dijo ya en democracia que no llegaba a captar ciertas referencias políticas en las letras. No solo fue muy sincero, sino que expresó algo que le ocurrió a mucha gente. Aquellos conciertos eran un desahogo. Uno se sentía menos solo yendo a esos recitales". Lo que dijo, entre otras cosas, Aznar era que al principio no prestaba atención a las letras: “Me avivé de lo que decía ‘Alicia’ dos años más tarde”.
Las grabaciones en los estudios ION transcurrieron sin sobresaltos: el de Bicicleta era un material probado en decenas de conciertos en vivo. Conscientes de que tenían algo fuerte entre manos, advirtieron que mayormente eran canciones que disparaban ideas y sentimientos, piezas sueltas que, sin embargo, encajaban. Bicicleta no fue conceptual, pero reunió textos poderosos. En un momento el perfeccionismo de Charly pudo más y le dio una vuelta de tuerca al disco: cuando ya estaba todo listo para la mezcla, lo acechó una duda. Había escuchado las grabaciones hasta el hartazgo, pero algo molestaba leve y persistentemente como una piedra en el zapato. Una noche, después de un concierto en el teatro Ocean de Morón, se acercó a Gustavo Gauvry y le dijo: “¿Sabés, Gus? No me cierra cómo quedó ‘Alicia’. ¿Qué te parece si el domingo vamos to- dos a tu casa, hacemos un asado y la grabamos de nuevo?”.
Charly se permitía ese tipo de vacilaciones sobre la hora. Alguna vez dijo que estaba tomado por el “piazzollismo”, como una manera de reconocer su obsesión por llegar al sonido exacto. No aguantaba la sensación de que el tema estaba correctamente grabado pero carecía de algo que él tenía en la cabeza y que, extrañamente, no podía explicar de un modo cabal. Gauvry brindaba los primeros servicios profesionales con el estudio casero que había montado junto con David Lebón en su casa de Parque Leloir. El equipamiento era modesto. Apenas lo utilizaba Lebón para maquetar canciones.
El asado en Leloir fue familiar, de gaseosa, vino y pileta. Fueron Zoca, María y Regina, e hijos. Después del almuerzo, el anfitrión llevó a los cuatro músicos a la cabaña contigua al estudio. Al rato llegó Amílcar Gilabert. Moro grabó la batería y luego se fueron montando las diferentes capas instrumentales.
Por su realización, su mensaje críptico, los estudios académicos que motivó sobre la relación entre rock y dictadura, por su arquitectura sonora, “Canción de Alicia en el país” es un tema fundamental de la música popular argentina. Choca contra las declaraciones del propio autor. Charly dijo alternativamente, en diferentes épocas —no sin caer en contradicciones—, que era apenas una canción de amor y que jamás había terminado de leer la Alicia de Lewis Carroll. La maniobra es clásica en García, y tiene que ver con la desmarcación permanente. Nunca quiso verse a sí mismo como un artista social. Algunos años después cantaría, protegido en la conjugación en tercera persona: Él se cansó de hacer canciones de protesta...
La que quedó registrada en Bicicleta es una versión más rotunda y corrosiva —tanto lírica como musicalmente— que la compuesta luego de la separación de Sui Generis para la película de Eduardo Plá. La diferencia es abismal. La “nueva” abandona el folk pastoril que se escucha en la voz de Raúl Porchetto en los títulos del filme para volverse un rock con cambios de ritmo y una tensión dramática extraordinaria. Charly la había tocado ocasionalmente en los primeros meses de La Máquina de Hacer Pájaros, en el boliche La Bola Loca de la calle Maipú. La que grabó aquel domingo en lo de Gauvry es tal vez una de las mejores interpretaciones vocales de Charly, que corona —como una firma o un certificado— un filoso riff de guitarra de Lebón. Los cambios en la letra respecto de la versión de 1976 son medulares: aquel se puede considerar un bosquejo naif de la de Parque Leloir. Se trata de la primera parte de la canción, sin la determinante línea “el asesino te asesina”. La del filme de Plá se reduce a: Quién sabe, Alicia, este país / no estuvo hecho porque sí / Me voy a ir, voy a salir, / pero te quedas / ¿Dónde más vas a ir? / Es que aquí, sabes, / el trabalenguas traba lenguas / El adivino te adivina / y es mucho para ti / Se acabó ese juego que te hacía feliz. Charly diseñó una obra maestra alegórica que enlazó el “Dream is Over” declarado por John Lennon diez años atrás con las caricaturas de la revista Tía Vicenta de Landrú: las tortugas, las morsas y los brujos (Ya no hay morsas ni tortugas // Enciende los candiles que los brujos piensan en volver) correspondían al imaginario de las figuras del doctor Arturo Illia, el general Juan Carlos Onganía y el policía José López Rega. Si Tía Vicenta fue juzgada, en diferentes períodos, por juicios antagónicos, de “golpista”, “subversiva” y “gorila”, la canción de García también convoca a diferentes lecturas. Por empezar, pone en un mismo plano a un presidente civil de una honestidad irreductible, a un militar dictador y ultracatólico, y a un personaje siniestro de la última presidencia de Perón. Emergente del rock, Charly no es un músico con una conciencia política dogmática, ni un intelectual en términos académicos. Tal vez eso lo salvó de quedar atrapado en compartimentos ideológicos estancos. Es un extraordinario comentarista social intuitivo, y ese olfato le da aún más potencia al mensaje, porque la intencionalidad se vuelve difusa. Cada vez que García tuvo propósitos desembozadamente políticos, premeditados en el mensaje, compuso sus canciones más vulgares como “Botas locas” o “Juan Represión”, de la última etapa de Sui Generis. Siempre se ha deslizado con brillo y fluidez en el terreno de la alegoría. En “Canción de Alicia…” Charly no tiene un plan orgánico: en sintonía con la historia de Lewis Carroll, combina lo onírico con lo real. ¿Quién puede determinar exactamente a qué se refirió, por caso, cuando parafrasea el textual de Lennon? ¿De qué sueño acabado habla? Charly jamás respondería esas preguntas. El valor más preciado de una letra de rock son sus preguntas más que sus respuestas. Las conjeturas —¿habla del peronismo,de la inocencia, del terrorismo de Estado?— pueden conducir a conclusiones diletantes.
Con el llamado “Proceso de Reorganización Nacional” los militares proponían una suerte de nueva fundación de la Argentina. Y en “Canción de Alicia…”, tanto Onganía como Illia y López Rega eran parte del pasado, y de alguna manera adversarios de la Junta Militar: Onganía era considerado, por mentalidades mesiánicas como las de Videla y Massera, como un militar al menos ineficaz; Illia, un radical inofensivo surgido de la estructura de los partidos políticos recién disueltos; López Rega, un peronista inescrupuloso y esotérico. La frase Enciende los candiles / que los brujos piensan en volver / a nublarnos el camino habrá sonado como la más maravillosa de las músicas para el gobierno. Un joven argentino, un “rockero”, cuestiona un posible regreso del peronismo expulsado del poder el 24 de marzo de 1976.
¿Por qué les iba a molestar la canción? Ahora, ¿esa es la línea textual más importante del tema? No.
La dictadura nunca supo leer de un modo abarcador el rock, como a tantos otros fenómenos culturales. Y por otro lado, gran parte del rock—como gran parte de la sociedad—, apoyó en un inicio el golpe al gobierno de Isabel. Si se raspa la olla, el rock argentino fue y es un movimiento con una ideología movediza que refleja, al fin, el pensamiento zigzagueante de la clase media urbana. Los músicos con conciencia y coherencia política son excepcionales.
De principio a fin, la canción tiene un tono de fábula y ensoñación. Seguramente, esa apariencia de nursery rhyme inglesa —con la que Genesis jugó fonéticamente al titular Nursery Cryme el disco de 1971 cuya portada en parte inspiró a Charly (mujeres jugando al cróquet con cabezas decapitadas en lugar de pelotas)— funcionó como un distractor. El rey de espadas, un deporte tan lejano a la cultura argentina como el críquet (o cróquet), la palabra “candil” le dan a la canción un barniz medieval, anacrónico, exótico. Por dentro, retumban las frases que quedaron camufladas en el remolino semántico: El asesino te asesina y Un río de cabezas aplastadas por el mismo pie son estentóreas y no dan lugar a segundas lecturas.
El escritor y ensayista Abel Gilbert observó con claridad el contexto político en que apareció “Canción de Alicia...”. Cita a Mara Burkart cuando sostiene que la revista Humor inició “un cauteloso pero persistente proceso de politización tendiente a desafiar y ampliar los límites de lo permitido por el régimen” y pone como hitos los informes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el cierre de la Universidad de Luján —que fue criticado hasta por Jorge Luis Borges— y los primeros reclamos de apertura electoral, que suscitaron meses más tarde la respuesta del régimen con una frase de Galtieri, futuro presidente, que quedó tatuada en la sociedad: “Las urnas están bien guardadas”.
Ese es el contexto en el que se desplegó la fuerza condensada de Alicia —señala Gilbert—. El “¿qué dirá?” esa Alicia que, como se ha dicho, proviene de alétheia, la palabra que Heidegger exhumó de la Grecia presocrática con el sentido de “hacer evidente”. El quántum de visibilidad estaba sin embargo en juego. Debía primar la astucia. “No se pudo censurar porque decía nada y decía todo”, recordó Lebón.
“Canción de Alicia en el país” es el tema que más convocó a investigadores como Pablo Vila, Pablo Semán, Martín Rodríguez, Lisa Di Cione, Julián Delgado y muchos otros. Entre análisis que toman al rock en dictadura como un ámbito de resistencia o de refugio, cuesta llegar a acuerdos. No hay absolutos, mandan. Como dice Esteban Buch en su formidable libro Música, dictadura, resistencia, no se trata de reemplazar la leyenda blanca del rock resistente por la leyenda negra del rock colaboracionista.
Como fuere y como lo dijo Charly García, a partir de 1980 los recitales empezaron a ser un ámbito de resonancia política. Hay cambios sutiles pero vertiginosos. Entre 1979 y 1980 se abrió una hendija. Y no es lo mismo, tampoco, como se vio en el Obras compartido entre Jade y Serú Girán, “Dale gracias” y “¿No te sobra una moneda?”. “No te sobra…” era un clásico de los conciertos de Serú Girán de la época, un rock and roll que abordaba tópicos esenciales del rockero medio en su propio lunfardo: la evasión a través del alcohol y las drogas, la sensación de desamparo y los conflictos con la policía. Tengo un mambo que me caigo // Tengo la barriga llena de pastillas // Tengo un trip en la cuca / tengo un speed en las piernas // Tengo las venas mezclando sangre roja con alcohol conviven con el verso Tengo miedo de la ley / un palazo en la nuca / y que me trague la tierra. Esta canción condensa la causa por la que el poder no tomó el rock como un peligro real: el movimiento era observado como el desvío de una juventud perdida. Un tema menor, una tarea para la policía; no para el ejército. Lo peor que le pasaba al rock eran las razzias: con mayor o menor intensidad, ese método policíaco de detención masiva fue una constante en la historia del género, aún en democracia.
La posición civil era inobjetablemente diferente. Como ya había cantado Serú Girán en Obras, en junio del 80, el inconsciente colectivo era como un transformador que te consume lo mejor que tenés / Te tira para atrás, te pide más y más / y llega un punto en que no querés. El gesto de Charly de impedir que la policía detuviera a una chica del público en un recital tuvo hacia fin de año una remake más violenta —se podría decir, más punk— en el mismo estadio. Daniel Grinbank contrató a un trío llamado, para la incredulidad de muchos, The Police. Estaban deslumbrando la escena del rock de Gran Bretaña y firmaron con el mánager de Serú Girán para hacer tres conciertos: el primero en la discoteca New York City de Colegiales, otro en Mar del Plata y el tercero en Obras. Las capas estilísticas empezaban a confundirse, a mezclarse, a confluir. The Police era una banda de culto en la Argentina. En un momento del último concierto, una chica se acercó al escenario para tratar de abrazar a Andy Summers. Estaban tocando “Shadows in the rain” cuando un policía quiso alejar a la chica del guitarrista. Summers lanzó una patada que voló la gorra del agente.
No tan lejos del estadio Obras, unas semanas más tarde, en su cuarto de Villa Urquiza, un chico llamado Enrique Chalar escribía en un cuaderno las primeras líneas de una canción. Todavía no se había unido con Stuka para formar la columna vertebral de Los Violadores. Quien luego sería conocido como Pil Trafa cantaba en la banda rockabilly Don Gato y su Pandilla, y justamente pensando en ese ritmo escribió el estribillo de “Represión”. Se inspiró en un jingle de Mantecol que decía “Mantecol a la vuelta de tu casa, Mantecol a la vuelta de la esquina”. Cambió el nombre de la golosina por la palabra ‘represión’ y concibió el primer hit del punk argentino y una de las letras más directas y contestatarias de la época.
En City Bell, la banda punk que lideraba Federico Moura, Las Violetas, se fusionó a Marabunta, donde tocaban sus hermanos Julio y Marcelo Moura, y formaron Virus. El grupo proponía prácticamente ser la contracara del hippismo a través del baile, el erotismo, la ambigüedad sexual, el juego de palabras y la crítica social inteligente. Eran una manifestación flamante del linaje de La Plata. Aunque con una trayectoria diferente, que linkea con la contracultura comunitaria de La Cofradía de la Flor Solar de comienzos de los 70 y con otras armas musicales, Los Redonditos de Ricota también batallaban el under del amanecer de los 80 como una noticia fresca.
La revista Expreso Imaginario atravesó una crisis en la redacción que motorizó el cambio de paradigmas estéticos. Alberto Ohanian se había hecho cargo de la parte comercial de la publicación. Como buen empresario, siempre persiguió el rédito económico. Era el productor del operativo retorno de Almendra, y en medio de la presentación del disco El valle interior no dudó en hacer la portada del número de enero con la banda de Spinetta, Del Guercio, Molinari y Rodolfo García. Algo que no habría llamado la atención si el 8 de diciembre no hubieran asesinado a John Lennon. Hubo un debate periodístico acerca de quién me- recía la tapa: Lennon versus Almendra. Se impuso el criterio del empresario. La decisión editorial provocó un terremoto puertas adentro y la partida, un mes más tarde, del director, Pipo Lernoud. Roberto Pettinato se hizo cargo del timón: llegó con ínfulas del nuevo periodismo de Tom Wolfe y los cambios fueron notorios tanto en lo for- mal como en los contenidos. “No daba seguir hablando de la vida de los bichos canasto o prendiendo inciensos”, jus- tificó con acidez Pettinato. Charly estaba alerta: pronto el mientras miro las nuevas olas, yo ya soy parte del mar mutaría en me gustan estos raros peinados nuevos. Pero faltaba. Los tiempos todavía eran confusos. Y en ese fin de año Grinbank aportó más a la confusión: en plan de ganar mercados en el desarrollo de Serú Girán, había vendido una reunión de Sui Generis en Uruguay. García sintió que era un retroceso. Fue la primera vez que Charly quiso matar a Grinbank. No fue la última.

jueves, 14 de noviembre de 2019

Cosquín Rock 20 años: vuelve Charly García

La 20ª edición del clásico festival cordobés incluirá también a Molotov, Ratones Paranoicos, Duki, Ciro y Los Persas, Mon Laferte y Babasónicos, entre otros artistas. Se realizará el 8 y 9 de febrero en el Aeródromo de Santa María de Punilla.


El ícono máximo del rock argentino y figura clave en la historia del festival era esperado en la edición pasada, aunque finalmente estará lógicamente en la celebración de este aniversario redondo. Por primera vez no fue programado para el cierre, sino que estará en el anochecer del sábado 8. Ese lugar propiciará un entorno más familiar para su show, algo que no suele suceder pasada la medianoche. En sus últimos shows se pudo ver a un Charly con mucha vitalidad y acompañado por una banda muy sólida, por lo que se prevé una actuación seguramente con gran carga de emotividad. 

lunes, 4 de noviembre de 2019

Ruido de Magia. Charly García y Luis Alberto Spinetta: la historia del disco fallido

Después de tres años de trabajo, Sergio Marchi finalmente acaba de publicar Ruido de magia (Planeta), presentada como la biografía oficial de Luis Alberto Spinetta. Con la entera colaboración de su familia, el testimonio de sus dos hermanos, sus cuatro hijos y la madre de ellos, Patricia Salazar, el nuevo libro del biógrafo de Charly García y Pappo incluye abundantes fotos inéditas del archivo personal de Spinetta, y su autor ha confesado que –a pesar de conocer a fondo su historia— las sorpresas han sido constantes durante el trabajo de reconstruir vida y obra del autor del líder de Almendra, Pescado Rabioso e Invisible para las casi 700 páginas del flamante volumen. Radar anticipa el capítulo dedicado a su disco fallido con Charly García, que apenas dejó para la historia el tema con el que los candidatos del Frente de Todos comenzaron a celebrar su victoria el fin de semana pasado.

Por Sergio Marchi

“Ellos dos siempre fueron un abrazo”, dice con su gramática inusual Aníbal Barrios. “Yo sé que García lo admiraba con locura a Luis. Y Luis a él”, confirma. “Cuando Luis se encontraba con Charly, existía como una fascinación”, cuenta Patricia Zalazar. “Había una cuestión de respeto, de cariño, de potencialidad entre ambos. Se emocionaban mucho los dos”. Las cosas no demorarían en cambiar.

En el verano de 1984, Charly García alquiló una quinta en el Gran Buenos Aires, donde sucedió el hecho que llevaría a ambos a pensar en generar un proyecto conjunto. Podría ser algo de escala galáctica. Charly hizo algo insólito: se sentó al piano y se dejó dirigir, un mando que solo podía delegar en alguien que tuviera un ascendente sobre él. Y el único dentro del rock era Spinetta. A partir de una serie de acordes encadenados, que Charly tocaba y sobre los que Luis opinaba se fue modelando “Total interferencia” , la canción que cerraría el tercer disco de García como solista: Piano bar. Fito Páez, que tocaba en la banda de Charly, reparó en la ironía de que el primer tema que hacen juntos se llamara de esa forma. Sería él quien oficiaría de productor interino de la canción, casi en reemplazo de Luis que se encontraba batallando para finalizar Madre en años luz. El tema tiene el tango de los dos, la mejor pluma del García de aquel entonces, y la estructura y modulación spinetteana. “Es un tema spinettoide”, dijo Charly. Era un augurio inmejorable.
Charly era como un vendaval; en la cúspide de sus poderes, se puso a producir más discos de lo que en verdad se podía, entre ellos el primer álbum solista de Fabiana Cantilo, devota de Spinetta. A través de Fito, que era su novio entonces, Fabi pudo acceder a Luis y pedirle una canción para su disco. Luis le dio un inédito: “Ventiscas de marzo” . Cuando fue a mostrarle a Charly lo que había conseguido, este le dijo: “No, tiene demasiados acordes”. “¡Y yo me quería pegar un tiro!”, grita Fabiana. “Porque le tenía que decir que no a Spinetta. Que con lógica se ofendió”.
Fabiana, que vivía la aceleración de sus partículas tan intensamente como Charly, no se rindió y cuando volvió a compartir una mesa con Luis Alberto, le dijo que seguía queriendo hacer un tema suyo. “Está bien”, salió del paso Spinetta. “Hacete una versión de ‘El monstruo de la laguna’ en tiempo de reggae” . “No sé cómo hice para transmitírselo al otro”, se pregunta Cantilo. “Pero lo grabamos y Luis vino a tocar. Yo estaba muy loquita y en el medio de ese disco me internaron”. Eran tiempos donde parecía que Charly y Fabiana estaban jugando una carrera mortal, pero Cantilo sobrevivió y retornó a la grabación, lo que hizo que Charly exclamara: “¡Ah, si Fabiana no se muere, yo tampoco!”.

EL LEÑO VERDADERO
El guitarrista de aquel disco de Cantilo era Richard Coleman, a quien Charly conocía de la casa de Andrés Calamaro en Palermo, donde hizo los demos de Vida cruel, su segundo disco solista, que contaría con las presencias estelares de Spinetta y García en “Vi la raya” . “Con Andrés nos hacíamos pis encima”, recuerda Mario Breuer. “Luis llegó a Panda, y me tiró un par de conceptos hermosos. Es un tema que hicimos ahí mismo en tres o cuatro horas. La parte de la letra que habla del leño verdadero, es por un porro que estaba ahí armado”. A Andrés le pareció, no sin razón, que Luis y Charly habían pensado que ellos (Calamaro, Coleman, Christian Basso y Fernando Samalea) podían ser la banda de acompañamiento del proyecto conjunto.
Como los horarios en el estudio eran contiguos, Charly le pidió a Richard que se quedara después de terminar su sesión con Andrés, para grabar guitarras en el disco de Fabiana. “Me quedo y preparo mi set. Tenía un sonido bien armado, con buenos equipos y muchos efectos: básicamente era una paleta de colores con muchos sonidos para ofrecer”, cuenta Coleman. “Ahí me dice que vamos a hacer ‘El monstruo de la laguna’, que yo recordaba muy bien, porque siempre fui del lado más de Spinetta. Yo estaba de ese lado de la grieta”. Charly le escribe un cifrado en un cuaderno Gloria, con unos marcadores de fibra y lo pone a Richard a grabar tomas. En una de ellas, el guitarrista levanta la cabeza y del otro lado del control ve a Charly, Breuer y al mismísimo Spinetta. “¡Esto es muy loco!”, exclama y se tira a grabar otra toma. “Imaginate, estar tocando para Charly un tema de Spinetta al cual tengo ahí adelante”, recuerda Coleman. “Me mandé, hice unos ruidos, sonidos raros, pero ese era mi trabajo: colorear. Aquellos dos habían hecho un arreglo chino con la batería electrónica, una cosa muy compleja”. La toma funcionó y fue la definitiva: “Listo, pasá por Sadaic”, le dijo García por el talkback. “Yo estaba muy emocionado por estar con ellos dos”, confiesa Richard que luego fue a saludar a Spinetta. Conectaron lindo.
La noticia de Spinetta y García rondando los estudios fue un hilo de fuego en las comunicaciones del rock y no tardó en llegar a los cuarteles generales del sello Interdisc. Fue Bernardo Bergeret quien alertó a Pelo Aprile. Hubo un tanteo y una luz verde de inmediato. Se pusieron a trabajar en el departamento de Charly con una batería electrónica. “Los temas que tenían eran dos; uno era ‘Rezo por vos’ y el otro era ‘Hablando a tu corazón’ ”, precisa Pelo Aprile. Ya habían registrado un demo de “Una sola cosa” , que fue lo primero en trascender. Pese a que García se lo adueñó con una versión magistral que quedó plasmada en Parte de la religión , “Rezo por vos” es autoría de Spinetta. “Lo único que hizo Charly fue el riff, pero ese riff es lo que hoy identifica la canción”, afirma Pelo Aprile. “A mí, el tema me parecía raro pero hoy es un himno”. Luego, García cambiaría y mejoraría la letra inicial de la canción, ya que Spinetta no la tenía todavía totalmente cerrada. El entusiasmo los llevó a Canal 7 para presentarla en Cable a tierra, el programa de Pepe Eliaschev que tuvo el privilegio de ser la sede de la única actuación de ambos gigantes, acompañándose con una batería electrónica y una torre de teclados comandada por García. A Luis se lo ve más relajado, a Charly más nervioso, y a los dos como conteniéndose: entre ellos había una admiración y un respeto tan grandes que se tornó hasta contraproducente. Pasaron bien esa prueba.
El disco se iba a llamar Cómo conseguir chicas y estaba proyectada su grabación en Moebio con Mariano López como ingeniero de sonido. Pero hubo un chisporroteo de situaciones y sensaciones. Es casi de dominio público que mientras Charly cantaba con Luis en la televisión “Y prendí las cortinas/ y me encendí de amor”, las llamas devoraban el cortinado de la habitación de su casa mientras Zoca se bañaba. Se habían reconciliado la noche anterior tras una larga separación. Charly le pidió que lo esperara, y ella aprovechó para ducharse. Cuando salió del baño, el departamento estaba en llamas y ya era tarde para cualquier maniobra, hasta la inconsciencia de intentar buscar unos dólares que Charly había guardado en la habitación. Fueron los propios vecinos quienes no la dejaron regresar hasta que llegaron los bomberos y sofocaron el fuego.
“¡Charly! ¡Se incendia tu casa!”, le comunicó con urgencia Drutman, el abogado que trabajaba con Daniel Grinbank y Pelo Aprile y que por alguna razón estaba en el canal.
Luis Alberto y Mariano López ayudaron a Charly a cargar con rapidez sus equipos en la camioneta Volkswagen del Flaco, y partieron raudos hacia Coronel Díaz, acompañados por Pelo Aprile. Zoca estaba bien, un tanto sacudida por la experiencia ígnea, pero los dólares se habían hecho humo, y los bomberos ofrecieron ser revisados para que García se quedara tranquilo de que no se lo habían sustraído. El mito asegura que Luis Alberto le dijo a Charly “es por mi culpa, demasiada energía”, y que a continuación Charly le arrojó un cenicero por la cabeza, terminando así la vida del breve dúo.
Existe otra versión de la historia que afirma que Charly le echó la culpa a Luis, a lo mejor en broma: “¡Esto nos pasa por cantar canciones religiosas!”. Como sea, el combo Spinetta-García terminó por otras razones que no tienen que ver con ese lanzamiento de cenicero, pionero en su género.

PASAJEROS EN TRANCE
Cuando se disipó el humo del incendio, y Charly estuvo lo suficientemente recuperado, Spinetta y García accedieron a la insistencia de Pelo Aprile para comenzar a grabar lo que en principio iba a llamarse Cómo conseguir chicas. Alejandro Rozitchner tuvo primera fila en la breve existencia del dúo entre ambas potencias rockeras. Es más, un día fue anfitrión de ambos en su monoambiente de la calle “General Cangallo”. “El problema del disco es que Charly quería ser el productor y poner la voz de Luis bien adelante en la mezcla”, revela Alejandro. “Y Luis siempre prefirió que estuviera entremezclada con los instrumentos. Charly le decía: ‘Con esa voz increíble que tenés, es un pecado no mostrarla más, tiene que estar adelante’. Y a Luis no le interesaba eso. Esto se conversó en los ensayos que se hicieron en lo de Charly. Por ahí andaba Fabiana Cantilo, que estaba por sacar su disco y García nos mostró ‘Pasajera en trance’. No encontraron la manera de ceder algo cada uno para acomodarse al otro, por más que se respetaran. Luis siempre valoró muchísimo a Charly y es cierto es que Charly estaba imposible”.

Cuando pudieron coincidir en Moebio junto a Mariano López, Charly venía de un día muy largo que había durado unas treinta y seis horas como mínimo. La grabación arrancó con “Rezo por vos” que tuvo varias versiones, y una de ellas alcanzó los ocho minutos. Pero Charly comenzó a ponerse incómodo e intratable. En un momento le gritó a Mariano López: “¡Bajame esos auriculares!”. Mariano, hombre de pocas pulgas, cerró la sesión y se fue. A Luis la situación lo angustió. Charly hizo que Pelo llamara a Mario Breuer, que intentó enderezar ese naufragio inminente. Pero no había más horas en Moebio. Así, García forzó los acontecimientos para que sucediera lo que quería: ir a grabar a Panda con Breuer. Spinetta se dio cuenta de que las cosas iban mal, y llamó a Patricia que dejó a los chicos y se fue a Moebio.

Charly también sabía que el colapso de la situación era inminente, y reptó hacia la bañera de la casa de una amiga, para darse un baño de inmersión después de la ingesta de dos comprimidos de un ansiolítico de la época. Luis se quedó solo, cargando sus equipos y los de Charly en su camioneta una vez más. “¿Pero qué soy? ¿Un asistente?”, se preguntó en voz alta. Los componentes italianos de su temperamento estaban a punto de entrar en ebullición. “La relación entre Luis y Charly era muy cariñosa”, no duda en afirmar Mario Breuer. “Cuando Charly estaba un poco mal, la presencia de Luis le hacía bien. Si García no estaba bien, Luis se ponía incómodo, le daba como una congoja”.
Cuando García llegó a Panda, demasiado tarde, hubo una discusión entre él y Luis que le dijo claramente que en ese estado no daba para que él siguiera trabajando. “Vos estás bien porque la tenés a ella”, le recriminó Charly señalando a Patricia. Ella le ofreció a García ir a calmarse a Castelar. “OK”, asintió García. “Voy, pero con dos putas”. Cuando Patricia dijo que no, Charly le revoleó un paquete de galletitas por la cabeza. Spinetta se contuvo, tomó a su esposa del brazo y se retiró de Panda. Todo había terminado. Luego habría coletazos a través de la prensa; si bien intentaron ser elegantes, García comentó algo de que Spinetta era demasiado familiero y conservador. Otro periodista se lo citó a Luis Alberto, que no anduvo con medias tintas: “Es un pelotudo”, se le escapó. Con el correr de los años, refinarían sus argumentos.
“Nos quedamos con las ganas de hacer algo diferente”, reflexionó Spinetta veinte años después. “Bajamos más de un metro de la superficie para profundizar. Él no estaba muy bien como para hacer un disco con otra persona, quería como dirigirlo. O todo lo contrario, pero se quedaba solo. Y el material suyo que barajamos era más para un disco solista que para un trabajo en colaboración. Y eso que trabajamos en dos canciones y apenas llegamos a grabar una sola. Fue terrible, pero a mí siempre me ayudó tener abundante material para salir con otra cosa. El quiebre del proyecto con Charly me sirvió para salir desde otro lado, con algo distinto, relativamente airoso, y definitivamente con otro vigor”.

domingo, 3 de noviembre de 2019

Seru Giran remasteriza La Grasa De Las Capitales

La edición especial en vinilo de LA GRASA DE LAS CAPITALES, estará disponible en diciembre editada por Zarpa y 300 Producciones. Con audio reconstruido por Pedro Aznar y el ingeniero Ariel Lavigna a partir de cintas de época cuenta con la producción de reedición de Gustavo Gauvry y la coordinación del INAMU (Instituto Nacional de la Música). Gustavo Gauvry aclaró que no hay bonus tracks y que se re masterizará también el primer disco de Seru.



Con motivo de este trabajo Aznar, García y Lebón se juntaron a escuchar el material y registraron un video. Recordamos que Oscar Moro, el fundamental baterista de la banda falleció en el 2006.
Aquí el dialogo completo casi como una master class de como recuperar y reeditar responsablemente viejas glorias del vinilo:

Pedro: Hola a todos. Estamos en el  estudio vamos a hacer una escucha de la re masterización que estamos haciendo de la Grasa de las capitales celebrando los 40 años del lanzamiento en 1979 así que los muchachos vinieron gentilmente a escuchar y a dar su visto bueno.
David: Vinimos, Vinimos.
P: Vinieron que no es poco.
Charly: vinimos por el vinilo.
D: Muy bien el vinilo llamó. Perdón, quiero contar también que el trabajo que se tomó Pedro, nos enteramos un poquitito después aunque no lo creas, pero yo personalmente me quedo re tranquilo porque yo lo conozco a este muchacho. Y en ese momento tipo tres de la mañana yo me imaginé “estará enroscado en los botones” así que yo te agradezco personalmente que lo hagas vos este laburo porque no confiaría en otra persona.
P: Bueno muchas gracias, venga un abracito (se abrazan)
D: (A Charly) ¿y vos que pensás negro de todo esto? ¿Que viva Seru Giran?
Ch: ¡Que viva mas bien! Es que nunca murió…
D: Es verdad, nunca nos separamos.
Ch: ¡Nació muerto!
[Risas]
P: ¿Bueno escuchamos muchachos? Primero el CD de “La grasa de las capitales” que se lanzó para los años 2000 a 2010 creo, es una copia del máster. Transfirieron la cinta original de una manera un poco desatinada, tiene un montón de errores y de problemas. Bueno van a notar un poquito de eso, después vamos a escuchar el vinilo, después con el ingeniero Ariel Lavigna, que más tarde se va a incorporar a la charla, decidimos usar el vinilo como referencia. Porque el vinilo original fue hecho  en 1979 y el ingeniero de grabación, que fue Amilcar Gilabert, fue responsable no solamente de la grabación y la mezcla del disco sino, además, de asegurarse que lo que se llama el corte del acetato, o sea la madre con los que después se duplican los vinilos, que eso estuviera realmente bien hecho así que el vinilo es una buena referencia.
Ch: Perdón, ¿Viste el master, que antes no se podía ir a  la sala?, bueno, me dejaron pasar, y tire lo que me dieron, estaba fumando un faso y lo tiré y ¡explotó todo!
P: ¿Estabas con el cigarrillo? Eso es material medio inflamable.
Ch: ¡¿Medio inflamable?! ¿Sabes qué?
D: ¡Se prendió fuego todo!
[Risas]
P: Bueno, y por último vamos a escuchar la versión de la remasterización que hicimos a partir de las cintas que recuperó el INAMU que gentilmente nos contactaron, estuvieron súper gentiles.
Ch: ¿INAMU?
D: Fuimos juntos ese día, tu y yo.
P: y a partir de las cintas “casi” originales, porque en realidad, estas cintas que el INAMU recuperó son cintas que son copias de seguridad, siempre se hacía una copia, un backup, una copia de seguridad de las cintas masters originales. Las cintas masters lamentablemente se han perdido pero las copias de seguridad son muy buenas estaban en muy buena calidad así que realmente nos quedamos muy satisfechos con eso, porque estaban muy bien. Lo que hicimos fue transferir esas cintas a un sistema digital en súper alta resolución y empezar a trabajar sobre eso y, como decía, usamos el vinilo original como referencia para primero empatar el sonido a como sonaba el vinilo y después tratar de superarlo con herramientas más modernas, así que vamos a escuchar primero el CD, que es lo que a mi menos gusta, después el vinilo original y después la remasterización.
D: Y después le mandamos el manual de todo lo que dijo él (Pedro).
P: Es así de mimoso siempre. Bueno a ver qué os parece.
D: ¡Pues coño ponlo!
P: Esto es el vinilo, escuchen, noten que hay una caída en la afinación al principio, como que la cinta fue transferida y alguien se tropezó con el carrete y lo frenó o algo. La fritura lleva un sintetizador, esto es el CD, la afinación está mas alta, la cinta para el CD las copiaron a velocidad mas baja, gran error en la transferencia al CD.
Ch: ¡No se inunda mas! ¿No tenés casette? (y hace que llora de la emoción escuchando el remaster)
D: Infernal
P: Apareció de nuevo la música.
D: ¿Pero cómo hacíamos para hacer todo junto y ninguno se atrasaba?
P: Ensayábamos, ensayábamos.
Ch: Ensayábamos y mucho.
D: Y el decía que “no cómo hacemos un grupo yo no sé todo”, ¡y tocaba este pibe!
Ch: Na, él dijo “somos un grupo en el momento indicadísimo”.
P: Vamos a incorporar a la Charla al ingeniero Ariel Lavigna corresponsable de la remasterización.
D: Besito al abuelo.
P: Contá vos también un cacho lo estamos haciendo, el proceso de restauración.
A: Bueno sobre todo todo el proceso tuvo que ver con respetar la esencia de la música original, por supuesto acá el maestro…
Ch: Algo imposible.
A: ¿Imposible?
Risas
A: A mí lo que mas me llama la atención de todo esto es que la mayoría de la gente no escuchó como escucharon ustedes la grabación.
Ch: estábamos tocando no teníamos tiempo.
[Risas]
D: ¡Gracias por traerme señor! ¡Te amo!
Ch: No, si estas, llegaste en el momento justo, Seru Giran fue una bomba atómica.
D: Por favor García.
Ch: ¿Si?
D: Deje hablar al profesor.
A: La verdad es una bomba atómica. Cuando empezamos con Pedro y me dijo de empezar a trabajar sobre esto me emocionó mucho empezar a escuchar las cintas y escucharlos realmente como no los había escuchado yo nunca.
D: Acabás de dejarme a mí y dejaste a mi disco tirado para hacer esto. Está bien no pasa nada.
P: No seas celoso.
[Risas]
A: Y bueno desde el lado técnico también es un desafío muy lindo, muy interesante.
Ch: Esta bien eso, "es".
A: Siempre es.
P: Bueno vamos con otro cacho, vamos a escuchar un poquito de Perro Andaluz, de nuevo en la misma ruta CD lanzado en los 2000, en vinilo y remaster 2019. Está mal copiada la cinta. El vinilo que esta mas noble el sonido. Y la remasterización.
Ch: ¡La voz!
D: ¡Que bueno que sonábamos!
P: Cero ruido, cero soplido, nada, es mas dulce. Lo levante, estaba caído.
Ch: ¡Led Zepelin!
P: ¿Te gustó?
Ch: ¿A mí? ¡Me re gustó!
P: Tengo otra.
Ch: Podríamos poner atrás como ponían los Beatles, explicar, peperina por ejemplo.
P: “Este disco ha sido hecho en estados alterados”.
Ch: Alterados, la niña que ven...
P: “Se recomienda precauciones en su escucha”.
Bueno tenemos la última para escuchar, todavía con Ariel seguimos trabajando, es un trabajo…
D: Duro.
P: Durísimo. Porque implica, como hablábamos antes, también restauración de la cinta, las cintas con el paso del tiempo tienen alguna cierta degradación se va perdiendo un poquito el óxido que tiene el sonido entonces hay bachecitos que los estamos restaurando a mano uno por uno. Montones de ruiditos, cosas, distorsiones.
Ch: Pero había antes distorsiones y ruiditos.
P: Algunos deseables y otros que no.
D: O laburamos como laburamos grabando juntos, yo lo conozco el quía. Hasta que no saque el ultimo, ¡para el viento!, o sea el mono (mira al cielo) para que estamos grabando, 5 minutos…
P: Bueno está es la “Canción de Hollywood”. 
D: ¡Que linda!
P: Tema que nos dio hasta ahora el máximo trabajo por cómo estaba hecha la mezcla. Buscando que la mezcla fuera excitante hubo cosas que estaban un poco exageradas, entonces tratando de respetar, como decía Ariel, la esencia de la música y la esencia del audio de aquel momento, que en el audio no está, no intentamos ir a un audio moderno torpemente, sino que conservamos el espíritu de los 70 pero mejorado.
D: Perfecto
P: En esta canción había algunas cosas que estaban un poco exageradas de más, valga la redundancia, tratamos eso de equipararlo un poquito y había un excesivo uso en aquella época que se usaba, ¿se acuerdan un "Oral exited"? que era un aparato que sintetizaba armónicos le agregaba brillo a las voces.
Ch: Si, yo lo puse.
P: Y bueno estaba usado en los platillos en la batería…
D: En todos lados querido, aparato nuevo, estaba en todos lados.
P: Y terminaba sonando todo. Después al sumar todas esas fuentes sonoras que tenían eso puesto, el audio se ponía vidrioso y la canción era la que tenía mayor problema como sonido vidrioso.
Ch: Es que estaba viendo a Hollywood desde una casa de una cheta y le dije "correte", y “es el fin…”
P: ¿Lo escribiste en la casa de una Chetoslovaka?, mira vos.
Ch: No, Chetoslovaca, no.
D: Era una vaca.
P: Bueno ahí vamos nuevamente, hacemos la misma ruta, la ruta del tentempié.
Ch: Es una canción patriótica…
P: Esto es el CD la voz esta como muy comprimida las eses están todas sopladas y todo vidrioso, y eso que suena comprimido es porque cuando transfirieron originalmente al CD las cintas no decodificaron el Dolby que era un sistema de supresión de ruido.
Ch: Estaba Billy Bond volviéndolo loco al ingeniero.
P: Lo que hacía era comprimir el audio por bandas, por bandas de sonido, los graves, los medio-graves, los medios y los agudos. Y después lo que se hacía para bajar el soplido de la cinta se decodificaba eso al reproducirla y se hacía una expansión, se hacia los inverso. Se expandía el sonido entonces el soplido quedaba escondido. Cuando transfirieron al CD, no se dieron cuenta, o no repararon en que lo que tenían que hacer era decodificar el sistema de supresión de ruido Dolby. Entonces copiaron la cinta tal cual era, sin decodificarla entonces suena todo sin armónicos, sin vida.
D: Aparte en esa época no hablaban así los tipos como está el quía contándonos.
P: ¿Ven? Está como abajo de una frazada y el sonido se apaga por momentos por esa compresión del Dolby, suena rota. En el vinilo no está ese problema de la compresión porque el Dolby si lo decodificaron cuando se cortó el vinilo, pero igual las “ese”s siguen siendo vidriosas, pero esta mas "sinte".
Ch: ¡Que temazo! Y así termina...
D: Muy bien, muy bien, te apreto la mano fuerte hdp! (A Ariel)
P: Esperamos que les haya gustado.
D: ¿Ya está?
P: Seguiremos laburando con Ariel y dentro de un mes aproximadamente ya va a estar listo.
D: ¿Lo podemos escuchar los tres juntos como un master?
P: Hasta ahora hicimos eso. ¡Que vicioso!
D: Porfis, es que yo no me drogo, entonces tengo que escucharlo bien. Cualquier cosa de excusa me viene bien.
Ch: Pone los fideos…
P: Creo que es hora de cortar, ¡adiós!


Hernán para cinema Verit'e

jueves, 24 de octubre de 2019

Charly Garcia celebró los 68 con su pareja, hijo y amigos. Me siento pendejo y juguetón, dijo.


Como cada año Charly García celebró su cumpleaños con un recital solo para los íntimos. El músico tocó para unos pocos en Calima Eventos de Puerto Madero a la espera de las cero horas para que efectivamente llegue el día del aniversario de su nacimiento.


Para la ocasión lo vistió Nicolás Cuño de Key Biscayne, amigo y responsable de asesorar la imagen del músico hace años, y en un video que publicó en sus redes, el asesor le consultó al músico cómo se sentía con la llegada de sus 68 años, a lo que Charly le respondió: “Me siento pendejo y juguetón, y recopilando cosas”.
El martes por la noche al salir de su histórico departamento en Coronel Díaz lo esperaban los fans y la prensa. La llegada del artista fue acorde a una estrella de rock, arribó al salón en una limusina totalmente grafiteada por el artista Alfredo Segatori con su estilo y sello de Say No More en la luneta trasera. Con ese estallido en colores fluo sin formas llegó al encuentro de algunos de sus grandes amigos de la vida, como Pedro Aznar, Juanse, el Zorrito Von Quintiero y Palito Ortega. Todo esto mientras la patria futbolera  seguía la semifinal de la Copa Libertadores entre River y Boca, que los 32 invitados mas sus acompañantes no tuvieron inconvenientes en ignorar.
El homenajeado, vestido de negro y con una cruz pesada pendiendo de su cuello, apenas llegó se unió a los músicos de su banda, Rosario Ortega, el baterista Toño Silva, el guitarrista Kiuge Hayashida y el Zorrito Von Quintiero en teclados para regalar su música. El arranque fue con “De mi” y enseguida unos temas de Random y sonó “Yendo de la cama al living”, “Puedes ser un gran campeón...", canta García, alzando su puño izquierdo. “...Jugar en la Selección...”, continúa, mientras en la pantalla gigante, ubicada a sus espaldas, Diego Maradona repite una vez más su memorable gol a los ingleses, en México 86. El show se dividió en dos tramos, el primero fue breve pero el segundo duró casi hasta el fin de fiesta.
Clásicos de Seru Giran como “Peperina” y “No llores por mí Argentina” (con Pedro Aznar en bajo), fueron de los mas celebrados por los presentes. Los invitados aportaron fragmentos del recital en sus cuentas de Instagram, entre ellos Leo Sbaraglia, Leticia Brédice y Graciela Borges y el organizador del Cosquín Rock, José Palazzo.

Set List Cumple 68 en Calima


01-De mí
02-la máquina de ser feliz
03-La rivalidad
04-Yendo de la cama al living
05-Asesiname
06-Cerca de la revolución
07-Total interferencia

-Intermedio-

08-Satisfaction (con Juanse)
09-La sal no sala
10-No llores por mí Argentina (Con Pedro Aznar)
11-Perro Andaluz (Con Pedro Aznar)
12-Peperina (Con Pedro Aznar y Juanse)
13-Popotitos (con Leticia Bredicce)
14-Brown Sugar
15-Seminare
16-No se va a llamar mi amor
17-Fanky
18-Pecado Mortal

viernes, 20 de septiembre de 2019

Charly García y Caetano Veloso juntos.


El cruce de los grandes de la música latinoamericana se dio en el living de la casa del exjugador de la Selección Nacional Juan Pablo Sorín.


18/09/2019-Charly y Sorín se conocen desde hace un tiempo ya que Juampi  y su mujer son fanáticos del músico y este verano pasado compartieron vacaciones en Punta del Este y cada vez que Charly toca él va a verlo a sus recitales. Esta semana volvieron a mostrar la buena relación que mantienen con una cena a la cual sumaron a Caetano Veloso  (también amigo del ex futbolista), a los tres hijos de este, y a Wos y Louta, dos jóvenes artistas de la música urbana argentina. “Habíamos compartido con Sorín un partido de River contra Nacional y quedamos con buena onda. Un día antes nos mandó un mensaje con la invitación”, reveló Charly.
Cuando Sorín supo que Caetano haría un show en Buenos Aires comenzó a organizar el encuentro en su casa. Además de los mencionados estuvieron presentes Sol Cáceres, esposa de Sorín, el futbolista Fabricio Coloccini, Emmanuel Horvilleur, Mercedes Iñigo, pareja de Charly y Guido Ader, el fotógrafo. Por supuesto la música fue el tema principal del que se charlo pero también hubo espacio para historias de fútbol y temas relacionados con la política entre ellos la situación de Lula en Brasil.
“Somos así. Armamos encuentros locos. Música, fuego y pasión”, dijo Sorín visiblemente feliz por la posibilidad de reunir a los músicos en su casa mientras que su mujer comentó que “fue algo único”. La noche continuó avanzando al igual que la comida y la bebida. Una vez finalizada la cena, Charly García dio un pequeño show con su teclado donde interpretó “Total interferencia” y cantaron a dúo con Caetano un tema que popularizó su coterránea Rita Lee en los 70’s, “Bat macumba”. En un momento Betta, hija de la pareja anfitriona, propuso “Yellow Submarine” de The Beatles desatándose un gran coro que se armó con la canción. De la banda de Liverpool siguieron con “Help!” y “Rain”. Una vez finalizado el encuentro, Caetano Veloso agradeció al ex futbolista y a su familia por haberlos recibido a él y a sus hijos Moreno, Zeca y Tom en su hogar. “Linda noche pasamos en Buenos Aires con gente que queremos tanto”, escribió en sus redes sociales el artista. Y por su parte Charly hizo lo mismo al destacar que “Fue un encuentro hermoso”, y agradeció a Sorín por generarlo.


Hernán para Cinema Verité

viernes, 9 de agosto de 2019

Charly García en el Luna. El pacto implícito entre el público y el artista se renueva


Charly García volvió a presentarse este miércoles en el Luna Park después de siete años. Fue una hora y media de show compacto, casi sin interrupciones y con viejos compañeros como invitados: Nito Mestre (abrió el show con “Instituciones”) y Pedro Aznar.  Pero... ¿Qué es lo que vemos cuando vemos a Charly?
Desde el show que dio en la Basílica de Luján a modo de regreso luego de su internación, hace ya 10 años, las presentaciones de Charly García trabajan sobre el mismo resorte: hay que aprender a decodificar la disonancia entre lo que vemos y lo que sentimos.
En tiempos de hipercinismo y escasa compasión parece una tarea difícil pero García (de 67 años vividos como todos ya sabemos) y su repertorio lo hacen posible.
Pasados los tres o cuatro primeros temas del show que empezó exactamente a las 21 horas hay una idea más o menos concreta de lo que venimos a ver. Pueden variar los grados de fanatismo, pero la realidad es que los seis mil espectadores del Luna Park tenemos en claro que en los recitales de Charly hay un pacto implícito entre el público y el artista.
La idea es más o menos así: hay que hacer algunas concesiones pero la recompensa viene en forma de canciones maravillosas.
Por ejemplo: un asistente le cuelga la guitarra con un cuidado extremo a Charly (que pasa todo el show sentado en un sillón, práctica habitual desde su operación en la cadera, en 2015). Es una escena que quizás no desearíamos ver, pareciera que ese cuerpo es demasiado frágil, que es mucho el esfuerzo que hace para presentarse en público.
Y sin embargo, ese mismo señor y esa misma guitarra arrancan con los acordes de "Cerca de la Revolución" y pone las cosas en su lugar. Hay un García que se las arregla bastante bien para tocar durante 90 minutos y, según dijo su manager José Palazzo, cada tanto llama para que le arreglen un concierto (viene de tocar ante 12 mil personas en Santiago de Chile).
Nadie vino esta noche al Luna Park para interpretar el concepto de “La Torre de Tesla” ni para medir la calidad técnica de la interpretación. El de esta noche es un show que apela directamente a lo emotivo: cada canción es una novia, un amigo, un momento, un tiempo de soledad. “Cuando estés mal, cuando estés sola. Cuando ya estés cansada de llorar. No te olvides de mi, porque sé que te puedo estimular”, canta Charly con la ayuda de Rosario Ortega. 
El show fluye, sobre el fondo del escenario la banda estable de García (tres músicos chilenos que se ocupan de bajo, batería y guitarra) parece diseñada para tocar y acompañarlo hasta el infinito.
Hace algunos jueguitos con el piano que le responde el Zorrito Von Quintiero, desde el otro extremo del escenario. Reparte elogios para sus invitados Nito Mestre (que reaparece para “El Día que apagaron la luz”) y Pedro Aznar ("No llores por mí Argentina") y habla únicamente con Rosario Ortega, que se le acerca a cada rato.
En esos intercambios, a partir de los 45 minutos del show, uno adivina un Charly que se quiere ir y a la hija de Palito reordenando la lista de temas. Son pocos segundos, pero suficientes como para enfriar al estadio, como cuando interviene el VAR en un partido de fútbol. Otra parte del pacto es entender que esto puede terminarse en cualquier momento.
No habría manera de conformar a todos con la lista de canciones en un show de 90 minutos, más cuando suenan varios de su último disco.
Al final, ya con las luces prendidas y quizás con García volviendo a su casa, la gente canta a capela “Inconsciente colectivo” y “Seminare”. Piden una más, pero no les dan. Igual no hay reproches ni reclamos: cada uno cumplió con la parte que le tocaba cumplir.

Por Diego Geddes

Lista de temas y resumen Charly, Luna Park, 07-08-2019

Comienzo 21 hs.

01- Instituciones (con Nito Mestre ).
02- De mí.
03- La máquina de ser feliz.
04- Rivalidad.
05- Yendo de la cama al living ( Imágenes del gol de Maradona a los ingleses en el 86 ).
06- In the city.
07- Cerca de la revolución.
08- King Kong.
09- Lluvia.
10- Parte de la religión.
11- Otro.
12- Canción de 2 x 3 ("Mirá, están todos en ácido" dijo y amagó con irse).
13- El aguante. (Amagó para irse otra vez , "No hay más presupuesto" dijo y le corrieron el telón parcialmente)
14- Rezo por vos.
15- Demoliendo.
16- Pecado mortal ( Con un "Chau",el telón es corrido rápidente y abierto nuevamente en un par de minutos).
17- No llores por mí, Argentina (con Pedro Aznar) ( Presentado por Charly  así: "No es un invitado porque siempre estuvo acá").
18- El día que apagaron (Con Nito Mestre).
19- Im not in love.
20- Asesíname (Charly se confundió y empieza a cantar el día, el telepromter va para atrás pero al tema lo empieza a cantar Rosario y retoma su curso).
21- Ojos de videotape.
22- Total interferencia ( ¿Van a correr el telón de nuevo? dice sobre el final y es el segundo tema que termina con el telón corrido rápidente y se escucha en off a Charly despidiendose, "Muchas gracias, viva la música. Gracias chicos, chicas").

22:30 hs. Fin